“De los males que sufrimos
En esta nota de opinión, el Director General de Escuelas durante la primera gestión gubernamental de Alfredo Cornejo, Jaime Correas, le contesta a otra opinión publicada pocos días atrás también en diario Los Andes por el ex gobernador de Mendoza, Arturo Lafalla. La cuestión central en debate se refiere a las distintas interpretaciones sobre la institucionalidad mendocina.
“De los males que sufrimos
hablan mucho los puebleros,
pero hacen como los teros
para esconder sus niditos:
en un lao pegan los gritos
y en otro tienen los güevos.”
El gaucho Martín Fierro, José Hernández.
Una vez más el ex gobernador Arturo Lafalla nos ha entregado a los mendocinos en una nota reciente en Los Andes su amarga visión del presente. Recurriendo a un cuento para niños de Hans Christian Andersen nos invita a pensar, sin nombrarlo, en la tontería del gobernador Cornejo y en un grupo de malvados laderos que se aprovechan de ella para hacerle ver irrealidades. Y remata con aseveraciones de dudosa seriedad como “lo dicen todos los analistas económicos, esto es, a los mendocinos nos fue peor que al resto de los argentinos”. Dejemos a los economistas refrendarnos la veracidad de esa sentencia que, por su generalidad y enormidad, se contesta por sí misma. De allí pasa, a través del rescate de algunos testimonios recientes, a la presunta decadencia institucional de la provincia.
Es curioso que un admirador de los cuentos de hadas omita con tanta liviandad su protagonismo en la gran novela provincial y hable de Mendoza como si fuera el astronauta de un viaje de Julio Verne. Para no caer en el lugar común de recordar su papel en la desaparición de los bancos provinciales, entregados a Raúl Moneta cuando eran ya jirones, después de diez años de su grupo político en el poder al mando de las entidades, con la responsabilidad que ello debería conllevar, sería bueno recordar al menos un par de situaciones que lo tuvieron en el centro de las decisiones y de las opiniones (o su ausencia) sobre ellas.
En 1988, siendo Lafalla vicegobernador y “cogobernador”, según la definición de su gobernador, la provincia de Mendoza perdió 0,5 puntos de coparticipación en referencia a la ley que estaba vigente desde 1973. Sólo cedieron coparticipación federal entonces Provincia de Buenos Aires (los famosos más de cinco puntos que entregó como gobernador Cafiero, seguro quizás de que iba a ser presidente y de algún modo lo compensaría, y que dieron origen al controvertido fondo de reparación), Corrientes también 0,5, Córdoba 0,05 y Santa Fe 0,05. El economista Alfredo Aciar lo sintetizó en las páginas de Los Andes en agosto de 2022: “La quita de fondos coparticipados acotó la disponibilidad de recursos para ser destinados a la inversión pública en infraestructura económica (muy lejos quedó el recuerdo de la Mendoza que hacía un dique cada 5 años). En tanto que, la promoción industrial, provocó una relocalización de empresas mendocinas hacia las vecinas promovidas. Esta última medida, está siendo compensada con los fondos para hacer Portezuelo del Viento (unos 1,000 MM de US$) que aún no podemos ejecutar. En cambio, la quita de recursos coparticipados duerme el sueño de los justos y, a la fecha, equivale al valor de 10 Portezuelos del Viento”. Es decir que aquella quita a Mendoza, de la que ni Lafalla ni quienes están espantados por cómo es Mendoza hoy dijeron una palabra, condenó para siempre el futuro provincial recortándole recursos que antes tenía. Allí no hubo reyes desnudos, pero sí, siguiendo a Andersen, hubo patitos feos. Sería bueno evaluar cuál es la responsabilidad histórica de quienes, habiendo debido pelear por esto, no hicieron nada, ni siquiera levantar su voz.
Hay otra situación que me toca personalmente por la alusión a esos sastres pérfidos que supuestamente engañan al rey. Cuando la UNCuyo tuvo el problema de los colegios con dificultades de financiamiento durante la gobernación de Arturo Lafalla, él impulsó una ley para subsidiar a la Casa de Estudios. Con esa gracia real, en un hecho inédito en el país por el cual un gobierno provincial pagaba cuentas de un organismo nacional, la Provincia se hizo cargo de los salarios del Departamento de Aplicación Docente (DAD). Durante la primera gestión de Alfredo Cornejo me tocó como Director General de Escuelas terminar con ese acuerdo incomprensible. Según los cálculos de los contadores de DGE equivalía en dinero de 2019 a $348 millones anuales. Multiplicando por los casi 19 años de vigencia del acuerdo, que tras Lafalla dejaron seguir cuatro gobernadores de distinto signo, llevaba la suma a más de $6.600 millones. Era el equivalente al atraso de infraestructura escolar de toda la provincia, en cuanto a edificios y reparaciones. Es decir, para salvar a su compañero de militancia partidaria el rector Francisco Martín de tener a los mendocinos en la calle reclamando por los colegios universitarios, Lafalla le entregó a la Nación esa cifra enorme de fondos provinciales. A partir de estos antecedentes habría que temblar cuando se dedica a criticar, sin una sola cifra, el destino económico de la provincia. Cuando le tocó defenderlos, los resultados fueron ruinosos.
Yendo a la preocupación institucional de Lafalla y otros ilustres mendocinos me remitiré a un artículo que escribí a fines de 2024 (https://www.mendozapost.com/opinion/evidencias-de-por-que-gildo-insfran-nunca-gobernaria-mendoza/) para reflexionar sobre esta nueva corriente que quiere ver a Mendoza como la peor provincia del país. De hecho, los alienta la peregrina y falsa idea de que en todo el resto se vive mejor. Allí sinteticé algunos datos para quienes ponen los ojos en blanco espantados con el presente institucional: “lo que llama la atención es que en 41 años de gestiones de esos dos signos políticos (peronismo y radicalismo), muchas veces con frentes donde también se sumaron otros partidos, en el caso de los fiscales de Estado 26 años han ocupado el cargo los propuestos por el PJ y sólo 15 por la UCR. Con respecto al Asesor de Gobierno, 31 años han sido funcionarios propuestos por el PJ y apenas 10 por la UCR. Otro tanto se da con el Procurador de la Corte, el jefe de los fiscales, 29 años el PJ y 12 la UCR. En cuanto al Tribunal de Cuentas los números son altamente significativos porque desde 1992 hasta estos días, al asumir un nuevo miembro propuesto por la actual gestión, Gustavo Riera, el peronismo ha tenido mayoría en ese organismo clave integrado por un presidente y cuatro vocales”. Conclusión, el presunto desequilibrio y falta de control institucional que hoy observa Lafalla, según sus dichos apoyado por tres conspicuos radicales, no lo espantaba cuando la balanza se inclinaba hacia su lado. Doble vara se llama. Para recurrir a metáforas literarias: “paja en el ojo ajeno”.
Pero hay que estar tranquilos porque lo que contiene a todo gobernante local es la tan vituperada institucionalidad mendocina. Vale la pena recordar, para no confundirnos, la sabia sentencia del padre de uno de los aludidos por Lafalla, nuestro maestro Dardo Pérez Guilhou, máximo teórico de la singularidad institucional de la provincia: “El mendocino por naturaleza, ha sido y es, fundamentalmente, un empírico que confía en su prudencia para resolver toda clase de problemas. Por cierto que este empirismo no constituye un puro oportunismo inmoral. Por el contrario, sujeta su conducta a grandes principios guiadores, pero siempre rehúye a lo exageradamente ideológico o reglamentarista. Su pragmatismo le enseña que, con pocas normas fundamentales, que respondan a buenos principios, nunca demasiado revolucionarios, puede desarrollar seguro su accionar, y, en los casos poco claros, la buena y circunstancial conveniencia lo guiará para deslindar lo complicado”.
De hecho, el propio Alfredo Cornejo, que tanto los preocupa a los sommeliers de institucionalidad, debió dejar pasar un período para convertirse en el primer gobernador que los mendocinos votaron dos veces. Alguna razón debe haber para su reelección, ¿o los ciudadanos también son perversos sastres engañadores? ¿Por qué a ninguno de los preocupados por el institucionalismo, con Lafalla a la cabeza, los inquietó que desde 1992 hasta 2024, nada menos que el Tribunal de Cuentas tuviera mayoría de miembros propuestos por el peronismo? ¿Por qué no los alarmó cuando se instrumentó el Item Aula que la Suprema Corte tardara tres años para fallar 7 a 0 a favor de su evidente constitucionalidad dilatando injustificadamente la decisión en un tema crucial para la educación? ¿En esos casos no temblaba la institucionalidad? Quizás no, porque en vez de Andersen y su rey desnudo lo que imperó fue el Martín Fierro. Lafalla, como el tero, pega los gritos en otro lado para esconder los niditos donde él y los suyos escondieron los huevos.
* El autor es escritor y periodista. Ex Director General de Escuelas de la Provincia de Mendoza.