El pedido a Milei, la prudencia peronista y el jefe de gabinete de Cornejo

El Gobernador espera una respuesta favorable al reclamo para que se eliminen las retenciones a la vitivinicultura. Aunque apoya la mayoría de los cambios que fija el DNU presidencial, dice que hay unos pocos “invotables” y por eso pide fraccionar la norma. No tiene apuro para terminar de definir los gabinetes ministeriales y ha asignado a Natalio Mema una función que excede al Ministerio de Gobierno y le da más poder.

El pedido a Milei, la prudencia peronista y el jefe de gabinete de Cornejo
Ilustración: Gabriel Fernández

Fue durante el apretón de manos que cruzaron como saludo de despedida, al término de la reunión, cuando Alfredo Cornejo planteó a Javier Milei su mayor disidencia con las medidas anunciadas en las últimas dos semanas: las reinstauradas retenciones a las exportaciones vitivinícolas.

“Por favor, veamos lo de las retenciones al vino”, avanzó el gobernador mendocino. “Quedate tranquilo, lo vamos a solucionar”, respondió el Presidente. El pedido, más extenso y fundamentado, lo repitió al ministro del Interior, Guillermo Francos, y el ministro de Economía, Luis Caputo. Por ahora, no ha habido respuesta.

Los entre 60 y 70 millones de dólares que representarían esas retenciones para las sedientas cajas nacionales suenan a una gota en el desierto.

Cornejo entiende que son precisamente las retenciones y el impuesto a las Ganancias, que se trató largamente en la reunión con los gobernadores, los desafíos más complejos para Milei en lo que viene. Aun más que el DNU que desregula la economía.

Hay en el oficialismo mendocino una sensación que tiene mucho que ver con la improvisación que dicen impera en el Gobierno nacional: no hay un interlocutor que haga el seguimiento de los temas, que negocie. Y, un poco con sorna, recuerdan el cargo que esta semana le dieron a Omar de Marchi en la Jefatura de Gabinete, que podría tener que ver con esa función. “¿Te acordás quién fue el secretario de Relaciones Parlamentarias de Alberto? Nadie sabía que existía”.

El análisis que hizo Cornejo con sus ministros y legisladores nacionales sobre el DNU dio ampliamente favorable. “Estamos de acuerdo con la mayoría de las medidas”, dice uno de los funcionarios que estuvo en la reunión de gabinete. Es más, en esto de emparentar el proceso de reformas que pretende Milei con el de Mendoza, aseguran que acá ya se hizo mucho de lo que postulan ahora en la Nación.

En la intimidad, el Gobernador fue más explícito: “Hay muy pocas cosas invotables”. Y casi no tiene pruritos sobre la forma elegida para hacer esos cambios. A diferencia de la postura del peronismo y del nuevo presidente radical, Martín Lousteau.

Desde Mendoza y la liga de gobernadores de la UCR y el Pro se impulsa el fraccionamiento del DNU para poder descartar esos artículos “invotables” a los que se refiere Cornejo y avanzar con el resto positivamente. Pero el Gobierno nacional se niega a desmembrarlo: es todo o nada.

“Así es difícil establecer un vínculo negociador”, lamentan acá.

Un legislador nacional enumera una larga lista de reformas positivas incluidas en el DNU, después de haber dedicado todo un día a una “primera lectura” del decreto, con cruce de datos incluido con las leyes involucradas. “No entiendo cómo a los 5 minutos algunos salieron a protestar a la calle, como si pudieran haber sabido de qué trata”, se sorprendió.

En el peronismo mendocino adoptaron una postura más mesurada que la de dirigentes nacionales ligados al kirchnerismo. Los intendentes emitieron un comunicado conjunto en el que cuestionan más la forma que el fondo del DNU. “Los cambios que dispone son parte del contrato entre Milei y sus votantes, nosotros no podemos meternos ahí”, es el argumento.

Hay una razón detrás de esa decisión de no meterse tanto: en Mendoza, la última encuesta a la que accedió el PJ da al Presidente 69% de imagen positiva. Los números mandan. “Nosotros no podemos ponernos como abanderados de la oposición. Lo que debemos hacer es una reflexión y autocrítica profundas para entender lo que pasó, por qué perdimos”, dice un dirigente con peso interno.

El manual de la supervivencia política les recomienda no enfrentarse más a una sociedad que los ubicó tercero y lejos en sus preferencias en las elecciones provinciales de 2023.

Esa prudencia también les recomienda a los intendentes estar “espalda con espalda” con la Provincia porque es la única ventanilla a la que pueden ir a pedir algo. La de la Nación, saben, cerró hasta nuevo aviso. “Compartimos las incertidumbres del Alfredo”, acota un ex funcionario sobre el escenario nacional actual.

En en esa línea, avalan la actitud expectante del Gobernador, concentrado en este inicio de su segundo gobierno en la agenda nacional.

Cornejo está convencido de que por ahora no es momento de salir a hacer anuncios ante la magnitud de lo que se está debatiendo nacionalmente. Por eso, ha pospuesto cualquier intento de ocupar la agenda local.

Para cuando el contexto lo permita, ya se trabaja en un paquete de leyes de seguridad. La ministra Mercedes Rus y su jefe de gabinete, Hugo Sánchez, son los encargados de redactarlas. Por ahora, la idea de avanzar con todas las propuestas de la plataforma en un término de seis meses parece haber quedado en suspenso.

También se ha dado un lapso mayor al esperado para conformar su equipo de gobierno. “No tengo apuro. Voy a tomarme el tiempo que sea necesario”, soltó casi al inicio de la reunión de gabinete del jueves pasado, antes de pasar al tema que los había convocado: el DNU de Milei. Buscó así bajar expectativas hacia afuera sobre la demorada designación de los gabinetes ministeriales, pero sobre todo fue un mensaje hacia adentro.

La indefinición ha empezado a preocupar a los ministros. Nunca lo dirán ni siquiera bajo el paraguas del off the récord. Pero sí es motivo de comentarios internos, que trascienden.

Hasta ahora, han sido confirmadas oficialmente sólo las primeras líneas de tres de los siete ministerios: Educación, Gobierno y Salud. Pero queda en veremos aún todo el resto de la estructura de esas áreas, esenciales para el funcionamiento cotidiano.

El discurso oficial insiste en que “el Gobierno está funcionando a pleno” porque en aquellos puestos que no hay funcionarios nuevos confirmados siguen estando los que venían trabajando en la gestión de Rodolfo Suárez. Ese formalismo, más legal que político, cubre por ahora el vacío.

Está claro que varios de los que siguen pero tienen los días contados no sienten el mayor de los compromisos en este momento. No hay motivación. Pero, además, hay en esta época tareas cotidianas y a la vez sensibles, típicas de todos los veranos, que el Estado no puede postergar y que necesitan más que de una firma.

Para la semana que se inicia, Cornejo se ha puesto la meta de terminar de definir los staff de Energía, de Hacienda y de Seguridad, que ya trascendió parcialmente.

Producción continuará con el equipo que venía trabajando a pedido del ministro, Rodolfo Vargas Arizu. Según cuentan, quiere terminar de hacer pie en la función y necesita el apoyo de un grupo experimentado.

Vargas Arizu es el que genera más interrogantes puertas adentro. En el oficialismo miran y miden con detenimiento sus acciones y palabras. Las opiniones, por ahora, parecen divididas. Algunos alaban su predisposición, otros le dan el beneficio de la duda, pero también ya hay críticos.

El ministro es un novato en el manejo de la cosa pública y, además, deberá desprenderse del discurso que ha tenido como empresario de los rubros vitivinícola y olivícola. Su nuevo trabajo le exige ponerse por encima. Pero justo le tocó debutar con una decisión nacional que afecta directamente a la vitivinicultura, las retenciones a las exportaciones.

¿Por qué demora tanto Cornejo en la definición de los gabinetes? Porque tiene la última palabra en cada designación. Es un gobierno a su imagen y semejanza. Y sólo puede involucrarse cuando está en Mendoza. Las negociaciones y reuniones con el nuevo oficialismo nacional le han exigido pasar en Buenos Aires más tiempo incluso que cuando era senador.

En el Gobierno enfatizan que el objetivo es integrar en los gabinetes ministeriales a todos los aliados de Cambia Mendoza. Hoy la UCR tiene más preponderancia que nunca, con sus socios muy debilitados por divisiones. Pero quiere contenerlos a todos en un escenario que muestra a la oposición en un proceso de dispersión.

Tal vez el mejor ejemplo de esa “integración” sea el último ministerio develado: Gobierno, Infraestructura y Desarrollo Territorial. Allí, bajo el mando de Natalio Mema, confluyen diversos sectores radicales (como Francisco Mondotte, que responde a Ernesto Sanz). También Libres del Sur, que pasó de tener la Subsecretaría de Desarrollo Social con Suárez a una dirección ahora (Desarrollo Comunitario) y tal vez pueda sumar otra.

El otro aliado contenido en esa primera línea es José María Videla Sáenz, ex legislador provincial de militancia variopinta y designado subsecretario de Relaciones Institucionales. La razón principal de su inclusión no son los votos que pueda aportar, sino que tiene un sello nacional, el Partido Renovador Federal, que siempre es necesario para proyectos electorales.

La sorpresa fue el nombramiento como jefe de Gabinete de Santiago Suárez, sobrino del ex gobernador y uno de sus colaboradores más estrechos. Hasta hace dos semanas, fue el encargado de hacer el seguimiento de la gestión provincial y esa experiencia, creen, le va a servir para monitorear el avance de las áreas tan disímiles contenidas en Gobierno.

Sobre todo porque Mema necesitará un auxilio en la gestión diaria del ministerio para poder cumplir con una función no explicitada hasta ahora pero asignada por Cornejo: es en los hechos el jefe de gabinete del Gobierno. El ministro es señalado internamente como el líder del cornejismo sub 40, un grupo generacional que es al Gobernador lo que fue la Coordinadora para Raúl Alfonsín o La Cámpora para Cristina Kirchner. Este respaldo, y su ascenso meteórico, lo transforman en un jugador a tener en cuenta para el futuro próximo.

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