El instigador que no aparece, el nuevo enemigo invisible y una guerra sin final

Las redes sociales ayudaron a instalar el pánico social como nunca antes y eso diferencia este presente del 2001. Pese a todo, el intento de saqueo al supermercado no se propagó y ayuda al argumento oficial de que no hay un conflicto social. Pero la pobreza estructural se acumula en ese rincón lasherino desde hace décadas y los señalados son “los pibes de las bandas” que delinquen. El cisma radical en el departamento atraviesa toda lo sucedido en una semana caliente.

El instigador que no aparece, el nuevo enemigo invisible y una guerra sin final
Ilustración: Gabriel Fernández.

La Mendoza de los contrastes se empecina en desnudar los relatos de la política. Una y otra vez. Cada vez más rápido. La sombra de los saqueos volvió a mostrar la realidad profunda. A sólo 10 kilómetros de la Casa de Gobierno. Y muy lejos de la provincia glamorosa que hace un mes era noticia por su inclusión en la Guía Michelín.

La forma en que se dieron las escaramuzas desde el sábado pasado hasta el miércoles incluso. La incitación previa por las redes sociales. Las sospechas de vínculos con la política. El peso de las bandas delictivas barriales. Todo eso no puede ocultar que hay en la zona donde se dieron un detonante: la pobreza. Que en el Gran Mendoza promedia 40% pero que allí se eleva sensiblemente.

¿Es esa pobreza acicateada por la devaluación pos electoral la razón de lo que ocurrió? El Gobierno niega que se haya tratado de un conflicto social. Su postura se respalda en que no crecieron los pedidos ni la entrega de bolsones de comida en la provincia y que en esa zona puntual, el Barrio Santa Teresita, tampoco hubo reclamos. También, sobre todo, en que en esa suerte de rebelión del martes no existió planteo alguno en ese sentido. Sólo anarquía y deseo de pelear.

La mirada oficial, e incluso de referentes de movimientos sociales, se posa en “los pibes de las bandas” como ejecutores del intento de saqueo del sábado y de los choques con la Policía posteriores. Pero esos “pibes” son la expresión más acabada de la pobreza estructural que se acumula capa sobre capa, desde hace décadas, en ese rincón lasherino siempre incluido en las zonas rojas de la seguridad.

Un ex funcionario peronista, que transita hace décadas el distrito de El Plumerillo, aun a riesgo de reconocerse parte del problema, admite que si no estuvieran dadas las condiciones socioeconómicas para el reclamo, nada hubiese pasado. Hubo atrasos nacionales en el envío de bolsones de comida y también, dice, “cero” política social municipal y provincial.

El Santa Teresita es un barrio altamente politizado. Supo estar controlado por el peronismo. Pero, en los últimos años, pasó a ser un territorio con predominio radical. El manejo de la caja manda. Y allí, como en todo el departamento, el cisma de la cúpula partidaria, con la partida de Daniel Orozco a La Unión Mendocina, dividió las aguas en las bases.

Por eso, hay referentes pesados que quedaron dentro de la UCR, particularmente vinculados al Oso Tello y el cornejismo, y otros que siguen trabajando para el intendente.

A uno y otro lado de la grieta lasherina hablan de intencionalidad política. Aunque nadie puede precisar de quién porque las pruebas no aparecen. Indefectiblemente, buscan ensuciar a sus rivales de turno. Entre los detenidos, que hasta el sábado permanecían sin declarar, hay muchos con antecedentes policiales. Pero ninguno tiene relación con los referentes políticos y sociales de esa zona.

Sólo hay algo que está claro: Raúl Castells no tuvo nada que ver, pese a haberse inculpado. No tiene estructura en Mendoza, menos para viralizar mensajes y saquear. Su declaración pareció destinada a levantarse el precio y “aparecer”. Nada le hubiese gustado más que ser detenido ese día.

Dirigentes de movimientos sociales ligados a la oposición, que se han adentrado en esas calles en los últimos días preguntando cómo se originó todo, se han encontrado con más dudas que certezas. Nadie apunta a los punteros políticos, de ninguno de los bandos. La respuesta de los vecinos, tan asustados como los de afuera, es la misma: “Son los pibes de las bandas”. O sea, los que se dedican al delito. Sea venta de droga o robos.

Un dirigente de la izquierda describe una “fragmentación social total” en la que los atacantes no respetaron ni a los tan pobres como ellos: “En 2001 no atacaban ferias populares y ahora pasó en El Algarrobal”. De allí el término que se usó con más frecuencia en los últimos días para describir a los autores: lumpen. Una consecuencia de la decadencia económica y social sin fin.

“Lo de Las Heras no es por la crisis económica. Es anomia y pérdida de poder”, analiza un oficialista que estudia los cambios sociales.

Hay, en cualquier caso, una alarma que debió haber sonado en el municipio, la primera red de contención que tiene el Estado. ¿Por qué no sonó? La explicación seguramente tiene que ver con el vacío de la gestión que se profundiza en la comuna desde hace más de un año, cuando empezó la guerra interna por la sucesión que terminó con Orozco fuera de Cambia Mendoza y sus rivales, leales a Alfredo Cornejo, fuera del gabinete.

Ya se sabe que cuando la Policía evitó que ingresara al supermercado. el grupo atacó una carnicería vecina. Y aquí es donde parecen unirse el 2001 y el presente político caliente de Las Heras. Esa carnicería es de una sociedad que tiene varios locales en ese departamento y uno de sus dueños es Roberto Lucas, el dirigente del PJ sindicado como el fogonero de los saqueos de hace 22 años.

Lucas continúa ligado a la política, ahora como operador de Orozco. Fue el nexo que acercó peronistas al esquema del intendente. Y lo siguió en el salto a La Unión Mendocina (LUM).

El día anterior al saqueo, se vio al operador en una foto junto a su jefe político y Omar de Marchi, celebrando que el Movimiento de Unión Popular se unía a la coalición. Ese movimiento social venía trabajando con Roberto Righi, el intendente peronista de Lavalle que dos días después blanqueó su pase a LUM. En esa imagen publicada también aparece Carlos Montero, director de Desarrollo Social de Las Heras. Nadie parecía percatarse en el municipio de lo que se estaba gestando en su territorio.

El inesperado protagonismo de Lucas lo intentan usar unos y otros en beneficio propio. En Cambia Mendoza aprovechan su pasado para sospechar de su presente. En LUM, buscan transformarlo en una víctima de la lucha política. Ninguno tiene pruebas.

Como si no bastara todo lo ocurrido, el miércoles a la madrugada, se incendió un galpón municipal donde se guardaban vehículos, neumáticos e incluso había un archivo que nadie sabe bien qué contenía. Extrañamente, ese fuego, en vez de calentar, pareció apaciguar los ánimos lasherinos.

Enredados

Aquellos días calientes de diciembre de 2001 son el antecedente que todos miran una y otra vez tratando de identificar señales para entender lo sucedido ahora. Pero, más allá de la coincidencia en el sitio donde comenzaron aquella vez, en algunos personajes y en la pobreza estructural de los protagonistas, las diferencias son muchas. La sociedad es otra.

Las redes sociales y Whatsapp modificaron la forma en que nos comunicamos. La viralización de mensajes llamando a armar grupos para saquear que empezó el jueves fue preparando el terreno esta vez. Por eso, cuando ocurrió el sábado en Las Heras el intento de ingresar al Átomo, casi que nadie se sorprendió. Pero, a diferencia de 2001, esta vez no se propagó a los otros departamentos y alimentó la versión oficial: no hay conflicto social.

Lo que sí sorprendió fue la ola de mensajes del martes a la mañana alertando sobre nuevos saqueos, principalmente en la calle General Paz y alrededores. Los saqueos nunca ocurrieron, pero los mensajes cumplieron su cometido y generaron un clima de pánico social que llevó a cerrar comercios en el Centro y en varios puntos del Gran Mendoza. Todos tenían un amigo de un amigo de un amigo que supuestamente había sido víctima.

El Gobierno se puso en alerta y por primera vez desde el saqueo no consumado Suárez se pronunció. Un tuit y un video. Fue casi a las 2 de la tarde de ese martes. Prometió aplicar todo el peso de la ley a los instigadores. La acción pareció escasa. Tanto que dio lugar a que la oposición marcara la cancha. Desde un comité de crisis, como pidió Omar Parisi, a traer gendarmes, como propuso De Marchi.

El planteo del PJ no fue escuchado, pero no cayó mal. En cambio, el enojo con el ex aliado fue mayúsculo. Pero la bronca se venía acumulando desde el sábado tanto con él y como con Orozco. El intendente, que tuitea muy poco, ese día del saqueo lo hizo cinco veces en menos de tres horas.

“Nosotros atacamos por donde nos atacaron, que fueron las redes sociales y Whatsapp. El video de Suárez se viralizó y los mensajes falsos se terminaron”. El argumento de un funcionario apunta a la nueva realidad que enfrentan: el enemigo es invisible. Y ya no tienen efecto las demostraciones de fuerza como antes, dice.

Pero hay una parte de la historia que sigue en blanco: quién inició la semana anterior las cadenas convocando a saquear y quién propaló los mensajes sobre los falsos saqueos. Él o los culpables tienen por estas horas la certeza de que es muy fácil infundir el pánico sin ser descubiertos.

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