Recordar puede ser placentero o doloroso, según la vida y sus circunstancias, pero ¿cómo recordar el horror? ¿Cómo interpelar a la memoria sobre la muerte, el dolor y el sufrimiento?
El subdirector de Los Andes, Antonio Di Benedetto, quedó detenido en el Liceo Militar y trasladado a la cárcel. Al poco tiempo fue llevado en avión a Buenos Aires junto con otros detenidos y alojado finalmente en la Unidad Penal 9 de La Plata, donde sufrió agresiones físicas y psicológicas. Entre otras, haber soportado tres simulaciones de fusilamiento.
Recordar puede ser placentero o doloroso, según la vida y sus circunstancias, pero ¿cómo recordar el horror? ¿Cómo interpelar a la memoria sobre la muerte, el dolor y el sufrimiento?
Hace cincuenta años comenzaba la dictadura militar y cívica más sangrienta y despiadada que haya existido en el país, armada con el pretexto de derrocar a la entonces presidenta justicialista, María Estela Martínez de Perón, aduciendo “vacío de poder”.
Se creyó inicialmente que era otro golpe militar más, a los que estaba acostumbrada la Argentina, pero pronto se descubrió que había un plan perverso para destruir toda oposición.
Ese plan incluía medidas como el secuestro de personas y silencio militar sobre el destino de cada una de ellas; detenciones sin ningún cargo; torturas físicas y psicológicas; creación de centros clandestinos de detención; vuelos de la muerte de detenidos que eran drogados antes de ser arrojados al Río de la Plata o al mar; severa censura para denunciar hechos vinculados a los procedimientos mencionados. y el cierre de las escuelas Superior de Periodismo y de Antropología Social.
En el caso de Mendoza, las acciones represivas se dieron en los ámbitos periodísticos y universitarios, afectando tanto al cuerpo docente como el estudiantil. Tan es así que todavía hoy se sigue considerando como desaparecidos a varios alumnos de Periodismo. Además, se cerraron las escuelas Superior de Periodismo y de Antropología Social.
Hay un episodio casi desconocido pero que en perspectiva lo vincula al comienzo de la dictadura. En noviembre de 1975 la Policía de Mendoza detuvo al periodista de Los Andes Jorge Bonardell, de la sección Artes y Espectáculos, sin mencionar hechos que justificaran la detención.
El silencio policial fue la barrera que enfrentó el subdirector del diario, Antonio Di Benedetto, en sus gestiones para la liberación de Bonardell.
El 23 de marzo fue un día de grandes expectativas, enmarcadas por una generalizada incertidumbre acerca de lo que podía acontecer. Frente a ese panorama, Di Benedetto dispuso que se retirara a su domicilio todo el personal femenino de la Redacción.
Tres hechos marcan el 24 de marzo, en lo periodístico y personal.
Ese día son detenidos tres periodistas de Los Andes: Rafael Morán (a cargo de Policiales), Pedro Tránsito Lucero (Cables) y Norma Sibilla (Gremiales). Este episodio lo viví directamente, porque como jefe de Noticias estaba a cargo de la Redacción, que funcionaba en el quinto piso. Irrumpió entonces un grupo de militares con uniforme de guerra, que preguntó por la presencia de Norma, quien se hallaba en su escritorio. Le comunicaron entonces que se la llevarían detenida y no sirvieron de nada los tímidos reproches o los porqués de esa extrema medida.
El otro suceso está relacionado con el arresto de Di Benedetto, ocurrida en la mañana y que impactó en todos los sectores del diario. Los militares se apersonaron en su despacho de la planta baja y comenzaron largos cabildeos, ya que el periodista y escritor se negaba salir por la avenida San Martín rodeado por militares. Se llegó a una solución consensuada y así pude ver salir del diario a Di Benedetto acompañado por un oficial militar, el miembro del Directorio Juan Carlos Schiappa de Azevedo y el abogado de la empresa Osvaldo Lima.
El subdirector de Los Andes quedó detenido en el Liceo Militar y trasladado a la cárcel. Al poco tiempo fue llevado en avión a Buenos Aires junto con otros detenidos y alojado finalmente en la Unidad Penal 9 de La Plata, donde sufrió agresiones físicas y psicológicas. Entre otras, haber soportado tres simulaciones de fusilamiento.
“A pesar de haber pedido explicaciones sobre lo que me hicieron –dijo Di Benedetto ya en el exilio– nadie me ha respondido. Así que la pregunta sigue vigente: ¿por qué?”
* El autor es escritor. Exdirector de diario Los Andes.