El futuro: ¿solución o problema?

Las ciencias, y en particular las ciencias sociales y humanidades, no serán un auxiliar de las decisiones futuras si carecen de un nuevo enfoque multidisciplinario, abierto, creativo y audaz para el futuro.

El futuro: ¿solución o problema?
La ciencia fue indispensable investigando el virus, redujo de 10 a 1 el tiempo requerido para producir vacunas, cambiando procesos y métodos preestablecidos.

En la sociedad del conocimiento las ciencias enfrentan una encrucijada: o actualizan radicalmente instituciones y políticas científicas y tecnológicas, o serán anclas del pasado.

La vida del mundo alcanzó un punto de inflexión con el Covid-19. Comprender la extensión, intensidad y dirección de estos cambios no es posible sin revisar todas las ideas previas, lo que afecta gobiernos, empresas y personas, y también a las ciencias tanto básicas, aplicadas, como sociales y humanidades. Estas últimas poco habituadas a cambiar sus métodos y teorías.

La ciencia fue indispensable investigando el virus -impulsada por las gigantes farmacéuticas con grandes subsidios estatales-, redujo de 10 a 1 el tiempo requerido para producir vacunas, cambiando procesos y métodos preestablecidos, solapando regulaciones y acelerando la convergencia de ciencia, computación e ingeniería.

La sociedad del conocimiento organiza y realiza todo alrededor de la información. Pero, ¿cómo producimos conocimiento basado en información? Son componentes indispensables la información, métodos, y las técnicas de combinarlos y extraer nueva información. Por último el científico -que no es inocuo-, pleno de ideas preconcebidas, supuestos, prejuicios, modelos mentales y en algún caso sabiduría.

No todo conocimiento vale o importa de igual manera. Algunos son más necesarios, útiles, valiosos que otros. Acá aparece otro componente esencial: el contexto, dónde y en qué circunstancias se precisa ese conocimiento, que puede ser determinante para la decisión.

Una investigación en curso iniciada unos años atrás, con la revolución del conocimiento hoy puede devenir irrelevante o adquirir importancia estratégica. La evaluación no puede ignorar lo que pasa en el mundo.

En éste cobran importancia los cambios en la investigación científica que proponen EEUU y China en su disputa por el predominio mundial. Ésta, bajo la autoridad centralizada del partido comunista y su líder, estableció planes en 17 áreas estratégicas en una muy acotada libertad de investigación. EEUU debate una profunda reformulación de su complejo sistema de investigación científica.

Revisemos rápidamente los más importantes cambios que se proponen en EEUU como la propuesta bipartidista de la creación de la Fundación Nacional de Ciencias para el Futuro que articule “el enfoque de solución de problemas” con el liderazgo en I&D+I. La conocida Fundación Nacional de Ciencias establecida en 1950 para “promover: el progreso de la ciencia, la salud, la prosperidad y el bienestar nacionales; asegurar la defensa nacional; financiando irrestrictamente la investigación básica”.

Los beneficios de sus resultado serían para la industria y otros usuarios potenciales e indirectamente para la sociedad.

Actualmente la NSF apoya iniciativas específicas muy interesantes, como la denominada Comunidades inteligentes y conectadas, que vincula investigadores con partes interesadas de la sociedad para identificar y definir los desafíos que enfrentan.

El programa de Aceleración de la Investigación Internacional mediante la colaboración redes a redes, preparará la nueva generación de investigadores para la colaboración internacional multiequipos.

Otro programa financia proyectos de investigación que promueven la comprensión científica básica de los sistemas socioambientales integrados y las complejas interacciones (dinámicas, procesos y retroalimentaciones) dentro y entre los aspectos ambientales (biológicos, físicos y químicos) y humanos (socioeconómicos, sociales, políticos o conductuales de dicho sistema).

Una agencia de gran importancia para EEUU es la Agencia de Investigaciones Avanzadas del Departamento de Defensa (DARPA), que, por su finalidad, se concentra en financiar pocas instituciones acreditadas de investigación, pero dejando marginado un 90% de la capacidad instalada de investigación.

Modelada en aquella, la creación de ARPA-H equipara la importancia de la investigación en materia de salud, como equivalente a la defensa.

Basten estos pocos ejemplos para entender que los modelos de ayer no están diseñados para entender los desafíos actuales. Las ciencias y en particular las ciencias sociales y las humanidades no serán un auxiliar de las decisiones si carecen de un nuevo enfoque multidisciplinario, abierto, creativo y audaz para el futuro, atendiendo a las consecuencias sean o no intencionales de todo un nuevo desarrollo.

Sería útil realizar el seguimiento iniciativas y transformaciones globales para replicar aquellos diseños que pudieran servir a nuestro desarrollo científico y técnico. En materia de ciencias sociales y humanidades sumar perspectivas centrada en ética, derechos humanos, uso responsable de tecnologías. Hacer de la ética tecnológica un curso obligatoria de la educación terciaria no sería poco.

La peligrosa brecha de infraestructuras, servicios y sistemas productivos entre países amenaza a los menos desarrollados. A la inseguridad sobre el control efectivo de ésta y futuras pandemias en la sociedad global, se suma el impacto sobre clima, ambiente y biodiversidad para un cuadro de futuros poco alentadores.

A diferencia de la investigación aplicada, la básica no está necesariamente ligada a un producto o país en particular y siendo abierta se combina en formas impensadas por sus descubridores y se aplica a muy diversos campos.

Su difusión es mayor y su relevancia para nuevos descubrimiento perdura más tiempo que el conocimiento aplicado. Lo que hace su acceso fundamental para los países subdesarrollados, que carecen de recursos suficientes para costosas y extensas investigaciones, necesarias para la innovación que impulse el desarrollo de sus sistemas productivos.

Esto debería orientar el desarrollo de una infraestructura de investigación que pueda sostenerse mediante la participación y el liderazgo de la comunidad y que permita avances imposibles con la existente.

Asimismo una política científica debería considerar varías áreas relacionadas de la producción de conocimiento: con el poder; la disrupción digital, la obsolescencia de sistemas convencionales de pensamiento.

*El autor es Licenciado en Ciencias Políticas. Doctor en Historia. Dirige el Centro Latinoamericano de Globalización y Prospectiva.

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