En los últimos meses, la mayoría de las consultas que recibo de empresas tienen un denominador común: la caída del consumo. El problema ya no es solamente vender menos. El verdadero desafío es cómo sostener una estructura laboral pensada para otra realidad económica. En especial en el comercio, donde la demanda cambia permanentemente.
No todos los días se vende igual. No todas las semanas tienen el mismo movimiento. Hay momentos de muy poca actividad y otros en los que los empleados no alcanzan para atender la demanda. Basta pensar en las promociones bancarias, el Día de la Madre, las fiestas de fin de año, el inicio de clases o determinadas campañas comerciales.
Sin embargo, muchas empresas siguen organizando la jornada de trabajo exactamente igual durante todo el año. ¿El resultado? Trabajadores con tiempos ociosos cuando hay pocos clientes y una necesidad de horas extra cuando el negocio realmente necesita producir más.
Esa forma de organización tenía cierta lógica hace muchos años. Hoy, con un mercado mucho más dinámico y una economía cambiante, probablemente sea uno de los principales factores de pérdida de competitividad.
La Ley 27.802, de Modernización Laboral, incorporó herramientas que permiten revisar esa realidad. He trabajado en numerosas capacitaciones desde noviembre de 2025, cuando esta ley era un anteproyecto: Aden, Consejo de Ciencias Económicas, FEM, CEM.
Una de las herramientas es el banco de horas. Creo que no se tiene conciencia de la utilidad práctica de esta nueva herramienta. El banco de horas permite distribuir la jornada de otra manera. La idea no es que el trabajador trabaje más horas. La idea es que las horas se utilicen cuando realmente hacen falta.
Consejos de resolución de conflictos empresariales de Patricia Gabriela Castorino
Gentileza
En una empresa comercial puede haber semanas con escasa actividad y otras con una demanda extraordinaria. Si esa realidad puede organizarse jurídicamente, la empresa reduce el costo de horas extras innecesarias y mejora su productividad.
Pero hay un aspecto que considero fundamental. El banco de horas no puede implementarse por decisión unilateral del empleador. Requiere acuerdos y una correcta aplicación de la normativa vigente. No alcanza con modificar un cronograma de trabajo. Es necesario analizar el convenio colectivo aplicable, la actividad de la empresa, los límites de la jornada y las condiciones particulares de cada organización. En definitiva, no existe una receta única. Cada empresa necesita su propio diseño.
Lo mismo ocurre con otro tema que hoy genera muchas consultas. Todavía existen empresas con trabajadores deficientemente registrados. En algunos casos la antigüedad no coincide con la real. En otros existen diferencias en la remuneración registrada o situaciones que, con el paso del tiempo, terminan generando contingencias importantes. Y las empresas se ven expuestas a las inspecciones de la autoridad de control
Muchas veces esas irregularidades no fueron producto de una decisión deliberada, sino consecuencia de años de cambios normativos, distintos criterios administrativos o asesoramientos que quedaron desactualizados.
La modernización laboral también ofrece herramientas para revisar esas situaciones y avanzar hacia una registración correcta dentro del marco legal vigente.
No se trata de buscar atajos. Se trata de disminuir riesgos futuros. Regularizar una relación laboral correctamente registrada beneficia al trabajador, pero también le da previsibilidad a la empresa frente a inspecciones, reclamos administrativos o futuros juicios.
En mi opinión, ese es uno de los aspectos más valiosos de la reforma. No porque reduzca derechos, sino porque intenta reemplazar el conflicto por la organización.
Muchas veces creemos que el problema laboral está en el costo del trabajador. Y no siempre es así. Con frecuencia el verdadero problema está en cómo se organiza el trabajo, otra vez estrategia.
Una empresa que planifica mejor sus jornadas, que distribuye adecuadamente sus recursos humanos y que revisa a tiempo sus contingencias laborales suele obtener mejores resultados que otra que únicamente intenta reducir costos.
Por supuesto, ninguna herramienta legal produce resultados por sí sola. La ley abre posibilidades. Después, hace falta gestión, conocimiento de la actividad, negociación con los trabajadores y una implementación técnicamente correcta.
La legislación laboral cambió. La realidad económica también cambió. Quizá haya llegado el momento de que muchas empresas dejen de preguntarse únicamente cuánto cuesta un trabajador y empiecen a preguntarse si la forma en que están organizando el trabajo sigue siendo la adecuada para competir en el contexto actual. Porque, en definitiva, la verdadera modernización laboral no empieza con una ley; empieza cuando una empresa decide revisar, con criterio y dentro del marco legal, cómo puede trabajar mejor.