14 de septiembre de 2025 - 00:15

El cazafantasmas

A esta altura es imposible para el gobernador retrotraer el pacto con La Libertad Avanza (LLA), pero no evitar que los cuestionamientos a la gestión nacional compliquen aquí los planes. Es por ello que el atajo no sólo es provincializar la campaña, sino también asumir un rol protagónico capaz -incluso- de eclipsar a Luis Petri, o al menos reducir su visibilidad.

El descalabro político producido por el resultado de las elecciones en provincia de Buenos Aires supone un nuevo escenario y la reconfiguración de todo aquello que se preveía de aquí hasta el 26 de octubre, la cita electoral nacional.

El triunfo del kirchnerismo y su ritual celebratorio tras la contundente victoria de Axel Kicillof, que incluyó hasta un mensaje grabado de Cristina Kirchner desde su domicilio donde cumple su condena por corrupción, desató una ola de reproches en el oficialismo libertario y sus aliados, así como una inusitada luz de esperanza en la oposición.

Un repentino "principio de revelación" (como le gusta decir al presidente) parece haberse apoderado de la sociedad para dejar al descubierto defectos y errores del mandatario e inaugurar una catarata de reproches a la gestión que agudizan la crisis y la incertidumbre.

En Mendoza, el PJ entiende que este cambio de expectativas, de clima social, le da una chance que ni sus propios dirigentes habían imaginado, más entusiasmados en estos meses en desarmar la interna que en alumbrar un proyecto alternativo que ponga a la Provincia en el centro. Si los vientos rotan, los peronistas pretenden aprovechar su impulso y salir a navegar bajo el slogan de campaña ya definido: "Poner un límite", en la misma dirección de los discursos triunfales del PJ bonaerense.

En la vereda de enfrente, Alfredo Cornejo se debate ahora en un doble conflicto: sostener la ilusión del rumbo macroeconómico que propone Javier Milei, y que pesó significativamente a la hora de hacer alianza, aún a pesar de los reproches que se multiplican sobre sus políticas. Pero a la vez, impedir que el tibio reverdecer kirchnerista, pueda incidir en su territorio. Una posibilidad lejana pero que hasta el día de la elección y en un contexto de contínuos traspiés mileístas, puede convertirse en realidad.

El fantasma libertario

En la apariencia de un abrupto cambio de etapa, fin de “luna de miel”, o si quiere, el agotamiento de las perspectivas que el ajuste nacional se encargó de diluir, las críticas al presidente se multiplican a cada paso. Corrupción, torpeza, insensibilidad, son algunas de las acusaciones más frecuentes que pese a la promesa de “autocrítica” predominan ante el redoble de la apuesta a la motosierra y la ratificación del rumbo.

Pero a esta altura es imposible para el gobernador retrotraer el pacto con La Libertad Avanza (LLA), pero no evitar que los cuestionamientos a la gestión nacional compliquen aquí los planes.

Es por ello que el atajo no sólo es provincializar la campaña, sino también asumir un rol protagónico capaz -incluso- de eclipsar a Luis Petri, o al menos reducir su visibilidad.

La idea es arriesgada porque supone "esconder" a los socios, en particular a un ministro de la Nación. Pero tal vez necesaria si justamente lo que faltó hasta el momento ha sido acción política, conocimiento del territorio y oportunidad de movimiento. Todo lo que en Cornejo abunda.

Está claro que eso no implica dar la espalda ni romper, sí recuperar injerencia en las decisiones que los ahora cuestionados Karina Milei y Eduardo “Lule” Menem tomaron en su breve embriaguez violeta.

El equilibrio seguirá siendo esencial para sostener el acuerdo radical-libertario con vida, respaldando al nuevo ministro de Interior, Lisandro Catalán, pero también permitiendo recomendaciones sobre la disposición de fondos nacionales para las provincias y la "permeabilidad" para recuperar aliados o hacer nuevos acuerdos con otros gobernadores. Tarea ardua pero imprescindible en medio del desconcierto que exhibe el Ejecutivo nacional y que se sintetiza en la simultaneidad de la convocatoria a los mandatarios y el veto a la ley que garantiza un reparto equitativo y previsible de los Aportes del Tesoro Nacional (ATN) para las provincias…

Como expresa el consultor Carlos Fara, hoy el Gobierno nacional es “la mancha venenosa”, y pese a que casi nadie se le quiere acercar, un estoico Cornejo puso -una vez más, ahora en la semana más difícil- la otra mejilla. Pura contención.

Queda claro que una degradación aún mayor de Milei complica las chances electorales, pero también la oportunidad de un cambio real de modelo que siente las bases para el crecimiento.

Contener el fantasma libertario es, a esta altura, clave para la subsistencia del paciente esquema que Cornejo planeó desde el inicio de su segundo mandato y la asunción de Milei. Al menos así será hasta las elecciones.

El fantasma kirchnerista

Como contrapartida, Cornejo también parece tener una impensada oportunidad narrativa con el triunfo peronista de hace una semana.

El gobernador conoce como pocos a su electorado y sabe de su aversión al modelo kirchnerista, pero también a la posibilidad de un resurgimiento nacional o provincial de sus políticas.

Rápidamente, tras confirmarse los resultados del domingo pasado, advirtió que "al kirchnerismo no hay que darlo por muerto...", como si acaso pretendiera evitar el relajamiento los propios (incluso aquellos que le reprochan la alianza con Milei) pero especialmente del resto de los mendocinos si tal vez creían que la era K ya es parte de la historia.

La confluencia local del peronismo más clásico, el de los intendentes, con La Cámpora de la senadora nacional Anabel Fernández Sagasti para compartir una misma boleta en las listas nacionales, provinciales y municipales, le da al gobernador el suficiente plafond para especular (y así transmitir) que la principal opción a su propuesta no es más que una vuelta inmediata al pasado reciente.

Confrontar con el kirchnerismo e incluso polarizar con él siempre ha resultado una buena opción para el mandatario, que además de llevar agua para su propio molino le ha servido para obturar a las eventuales terceras fuerzas, que presas de esa disyuntiva, nunca pudieron consolidarse como tales.

Entrenado en el cuerpo a cuerpo con los K, es una disputa que hasta le resulta cómoda y en la que ha demostrado suficiente capacidad ganadora.

Al revés de lo que imagina con el flamante fantasma libertario al que Cornejo debe neutralizar, con el espectro kirchnerista sólo debe hacerlo explícito y agitarlo ante la opinión pública. La experiencia social se encarga del resto.

Todo el mundo quiere éxtasis

En todo caso, ya sea para encapsular o para exhibir, el instinto político de Cornejo deberá primero capturar esos fenómenos fantasmagóricos y asegurarse que puedan jugar el juego que a él más le conviene. De lo contrario, si no los atrapa y logra condicionarlos en la inminente campaña, es probable que las ánimas de los extremos busquen su propio derrotero y hasta conspiren o compliquen el próximo turno electoral. Muchas veces el éxtasis, la adrenalina del cazador no está puesta en la presa, indistinta o casual, sino en la misma cacería.

* El autor es periodista y profesor universitario.

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