Si algo hay que reconocerle al libertarismo gobernante es haber aprendido a sortear hábilmente dificultades en el plano político con el objetivo de no demorar la aprobación de un proyecto de trascendencia para sus objetivos.
El escándalo fue mayúsculo por el contenido del impresentable artículo 44 de la media sanción del Senado sobre la reducción de haberes ante licencias por enfermedad. Y fueron los denominados socios políticos los que pusieron los límites en este caso. Entre ellos, Alfredo Cornejo.
Si algo hay que reconocerle al libertarismo gobernante es haber aprendido a sortear hábilmente dificultades en el plano político con el objetivo de no demorar la aprobación de un proyecto de trascendencia para sus objetivos.
Seguramente la presencia en las filas oficialistas de varios dirigentes con cierta trayectoria previa en otros espacios partidarios contribuyó a dichos logros, beneficiándose, por otra parte, de la torpe intervención de una oposición justicialista que, sin rumbo ni conducción, parece no comprender que la voluntad popular la colocó en octubre pasado en un lugar que la obliga a replantear un estilo con el que subsistió durante décadas.
Es seguramente por ello que reluce la mayor habilidad política que demuestra el oficialismo al haber logrado incrementar notablemente el número de legisladores, dejando atrás una muy penosa minoría inicial. El nuevo atributo salió a relucir, especialmente, cuando tuvo que reconocer que el escandaloso artículo 44 de la media sanción del Senado había surgido de vaya a saber qué tipo de picardía.
El escándalo fue mayúsculo por el contenido de dicha cláusula, sobre la reducción de haberes ante licencias por enfermedad. Y fueron los denominados socios políticos los que pusieron los límites en este caso. Entre ellos, Alfredo Cornejo, que sin estridencia ni afán de protagonismo aclaró que esa cláusula “no estaba dentro de los objetivos del Consejo de Mayo, de la reforma laboral”.
Aclaración terminante: el gobernador mendocino estuvo en representación de sus pares dentro de dicho consejo, estratégico para dar forma a los principales objetivos de gestión libertaria. Las modificaciones al régimen laboral constituyeron uno de los pilares. Resta saber, por lo tanto, quién montó la picardía. Diría el sentir popular que el diablo metió la cola, aunque en este caso sin alcanzar a estropear.
Es que tanto Cornejo como los gobernadores Frigerio, de Entre Ríos, y Zdero, de Chaco, prácticamente integran la estructura política oficialista desde el momento en que formaron parte en sus provincias de alianzas con La Libertad Avanza en las elecciones últimas. En el caso de Mendoza, son los votos garantizados de Lisandro Nieri y Pamela Verasay a la hora de acompañar en nombre de la UCR de nuestra provincia las principales iniciativas del gobierno nacional.
Precisamente, en su participación en el debate, desde su banca Nieri dijo reconocer que las reformas estructurales en marcha no sólo son necesarias para la Argentina, sino que debieron plantearse bastante antes. Y también criticó al peronismo por haberse valido de mayorías parlamentarias durante 4 décadas de democracia sin haber introducido cambios en una legislación laboral “que es vetusta a todas luces”, ya que “no les sirve a los trabajadores”. Una voz que, vale reiterarlo, sintoniza siempre a la perfección con el pensamiento del gobernador mendocino.
Ahora, todo conduce a la aprobación definitiva que deberá realizar el Senado, que horas después de la larga y tensa sesión de Diputados (terminó en la madrugada del viernes) logró el dictamen de comisiones para llevar al recinto la redacción final el viernes próximo, cerrando el ciclo de sesiones extraordinarias con una segura victoria en un campo muy sensible para el peronismo.
Y como también se espera la sanción final de la reforma en el régimen de imputabilidad de menores y en el aval del Congreso para el acuerdo Mercosur-Unión Europea, seguramente se darán las condiciones para que días después, el domingo 1 de marzo, el presidente Milei inaugure las sesiones ordinarias sacando pecho por haber conseguido uno de los más fructíferos periodos de sesiones extraordinarias de la historia reciente. Ganas no le van a faltar para decirlo. Esta vez tendrá muchos más aplaudidores desde las bancas y vaya a saber qué presencia opositora crítica.
Ha sido, vale reiterarlo, un comienzo de año muy significativo para el gobierno nacional. Es muy probable que con el viento a favor que en lo político dejó la aprobación de la llamada modernización laboral el mileísmo busque encarar en el Congreso otras reformas ambiciosas que forman parte de su plan de gobierno y con las que logrará transformar a este 2026 no electoral en una suerte de plataforma para las elecciones del año próximo.
Pero también se debe mirar a la sociedad en su conjunto. Mientras el Gobierno va logrando instalar las bases de una pretendida transformación, la mayor parte de la población espera que alguna bonanza se refleje este año en el bolsillo, entendiendo que el esfuerzo por el necesario ajuste merece en algún momento una recompensa. El panorama recesivo actual mantiene en alerta a la mayoría de los sectores de la economía.
Que una amplia mayoría haya votado por primera vez a un dirigente que prometió un ajuste como paso necesario para salir del estancamiento que la mala política generó, tal vez no signifique que el crédito popular tenga una renovación automática cuando los resultados del día a día de la gente tardan en llegar.
Como ya se ha dicho, el oficialismo encuentra terreno propicio para sus políticas gracias a las torpezas de una oposición justicialista muy desconcertada, que, como se vio en el recinto de Diputados, apela a lo hostil y grotesco por no saber digerir una derrota en las bancas como producto del lugar en el que lo colocó la ciudadanía con su voto.
El desorden de la principal oposición también quedó claramente en evidencia con el nuevo desmarque de varios gobernadores peronistas que terminaron enviando a sus legisladores la orden de apoyo a la nueva ley laboral. Y no avalando el paro de la CGT, como en el caso de tucumano Osvaldo Jaldo.
Mientras tanto, el oficialismo aprende de sus errores y logra objetivos.
* El autor es periodista. [email protected]