Varios pronósticos sobre el verano político comenzaron a cumplirse. Luego de un comienzo de año prácticamente sin tregua en lo que se refiere a la “rosca” que conduce a los acuerdos, el oficialismo libertario logró la sanción inicial de la reforma laboral y de un proyecto de trascendencia con abordaje muy difícil en tiempos recientes, como la baja en la edad de imputabilidad por delitos. Notable por tratarse de sesiones extraordinarias.
Ya habíamos indicado que bajo el sol de enero se fueron tejiendo tramas que condujeron a los votos que necesitaba el Gobierno para obtener la aprobación de sus temas relevantes con la holgura que finalmente consiguió esta semana. Claro, con un margen de resignación importante en distintos componentes de la llamada modernización laboral, de manera de obtener una postura crítica pero más atenuada del gremialismo peronista, fundamentalmente, y siempre en un marco de consenso con el empresariado que le permitiera a éste confirmar que el derrotero tantas veces anhelado se encontraba en marcha.
Por las características del proyecto en tratamiento, muchos sostuvieron que la negociación fue al estilo de la que precedió a la Ley Bases fundacional de las reformas mileístas. Sin embargo, en este caso el logro fue sin las idas y vueltas de aquella vez, con más experiencia y seguridad política y con la confianza de un significativo respaldo en las bancas surgido de la nueva conformación parlamentaria.
Además, justo es señalarlo, la prédica itinerante del ministro Santilli con muchos gobernadores y la experiencia de Patricia Bullrich para que ninguno de los involucrados priorizara el sol del verano, permitieron llegar a la fecha elegida para el debate con la mayor parte de la victoria legislativa abrochada.
Se puede decir que Bullrich aprendió del traspié sufrido en diciembre, cuando pretendió, en nombre de la Presidencia de la Nación (¿o suyo?) que el Senado sancionara la reforma prácticamente de un vistazo. Aprendió, siempre se aprende, a pesar de tener sobre la espalda una extensa trayectoria.
Ahora la sensación de triunfo parece consolidada en el oficialismo a pesar de faltar la revisión de la llamada modernización laboral en la Cámara de Diputados, donde el número de miembros y la mayor variedad de opciones partidarias suele complicar un poco los cálculos.
De todos modos, el apoyo de los gobernadores a través de sus representantes en las bancas, que se advirtió recientemente en la Cámara alta, se repetirá sin grandes variaciones en Diputados, cámara en la cual, a su vez, el oficialismo logró un triunfo tan contundente como el de la reforma laboral al tratar la situación penal de los menores que delinquen.
Lo que vendrá
Cuando esta promocionada reforma laboral sea ley seguramente se iniciará un proceso de acomodamiento que no será rápido, ni de resultados mágicos. Mientras tanto, en el oficialismo nacional podrán seguir saboreando una victoria en una batalla sobre el tema que encararon sin éxito gobiernos anteriores, incluso cuando Bullrich era parte de uno de ellos.
Sí corre con una ventaja el actual gobierno en comparación con los intentos fallidos de las gestiones de Alfonsín y De la Rúa: es el apoyo de la gente a un modelo exigente, pero que pretende ponerle punto final al desorden de décadas. Claro, este año esa ciudadanía también desea ver en sus bolsillos algo que retribuya tanto esfuerzo por el ajuste aceptado con el voto.
Y en lo político, el mundo libertario también cuenta en estas batallas con la ventaja que supone tener como principal expresión opositora a un peronismo disminuido como pocas veces antes. Están los que se animan a vaticinar un futuro más opaco para la octogenaria fuerza. No sería esa la consecuencia, pero sí una necesaria revisión de estilos y objetivos.
Los resultados surgidos de las bancas tanto el miércoles como el jueves dan cuenta de una realidad muy distinta para el justicialismo. Haber perdido la hegemonía en el Senado por primera vez en esta etapa democrática habla con claridad del desencuentro que existe entre el microclima del peronismo bonaerense, fundamentalmente, y el de los gobernadores que conducen varias provincias con el rótulo del PJ. El cuadro se repite en la Cámara de Diputados, donde la numerosa bancada ya no le alcanza como antes al peronismo para hacerse sentir.
Un peronismo que se acostumbre a perder las votaciones más trascendentes no forma parte del esquema que siempre utilizó ese espacio aun cuando fue oposición en estos 42 años.
La diferencia de votos a favor del oficialismo tanto en el Senado, con la ley laboral, como en Diputados, con la baja de la edad de imputabilidad, pone de manifiesto el logro de una mayoría por parte del oficialismo que difícilmente se altere en lo inmediato.
Sin embargo, se vio en el pleno de Diputados del jueves un detalle no menor: el justicialismo se dividió a la hora de expresarse sobre el respaldo al acuerdo recientemente sellado entre el Mercosur y la Unión Europea, que respaldó con firmeza el gobierno argentino. Y también hubo apoyo del massismo al proyecto sobre la penalización de menores, ya que el Frente Renovador argumentó que la baja de la edad de imputabilidad fue una iniciativa que siempre avaló ese espacio. Tal vez el reconocimiento de algunos de que el PJ está donde está por el rechazo lógico de la población a su decadencia en todo sentido.
Claramente este es el año que necesitan Milei y los suyos para hacer funcionar los cambios previstos, de modo de trasladar al 2027 electoral el empuje que les da la credibilidad que hasta ahora poseen.
* El autor es periodista. [email protected]