30 de mayo de 2026 - 00:10

A propósito de los Premios Konex en Humanidades: Un mendocino entre Mann y Cesare Beccaria

Otro mendocino que recibirá este año el premio Konex de Humanidades es el doctor Edgardo Alberto Donna, siendo el cuarto proveniente de esta provincia, junto a Gabriela Ávalos, Alejandro Pérez Hualde y María Fernanda Beigel. El jurado estuvo presidido por Aída Kemelmajer de Carlucci.

    Hace más de veinte años, en un departamento de Recoleta donde los libros ocupaban cada pared, pasillo y rincón, un hombre hablaba a su familia sobre Thomas Mann durante la cena del martes. No era una clase ni una conferencia: era la cena del martes. Lo que describía, con precisión casi filológica, era una escena de La muerte en Venecia: el momento en que el gran escritor Gustav von Aschenbach entra a una peluquería y se deja teñir las canas. Nadie alrededor de esa mesa lo miraba con extrañeza. Era así: vivir cerca de Edgardo Alberto Donna significaba que la cena podía terminar en Mann, en Kafka, en Cesare Beccaria (1738-1794), o en los tres a la vez.

    El 8 de septiembre de este año, ese mendocino recibirá el Premio Konex (Derecho Penal y Procesal 2026), en una ceremonia en la Facultad de Derecho de la UBA. Es el reconocimiento más importante que otorga la Fundación Konex a las humanidades argentinas. Donna integrará el quinteto de la disciplina junto a Mary Beloff, Alberto Binder, Daniel Pastor y Marcelo Sancinetti. Entre los galardonados surgirá el Konex de Platino por disciplina y el Konex de Brillante, el máximo galardón de la década. No es casualidad que esta edición cuente con otros mendocinos (Gabriela Ábalos en Derecho Constitucional, Alejandro Pérez Hualde en Derecho Administrativo, María Fernanda Beigel en Sociología) y que el jurado haya sido presidido por Aída Kemelmajer de Carlucci (Konex de Brillante en 2016). Mendoza sabe formar juristas.

    El camino desde Mendoza

    Edgardo Donna nació y estudió Derecho en Mendoza antes de que Buenos Aires lo reclamara. Dos becas alemanas (la Fundación Alexander von Humboldt y el DAAD) lo llevaron a las universidades de Erlangen-Nürnberg y de Colonia. En Alemania, a comienzos de los años ochenta, aprendió la dogmática penal que transformaría el derecho argentino. No era solo rigor académico lo que traía: era también Thomas Mann, Wagner, y una relación con la cultura alemana que nunca abandonaría. Años más tarde llamaría Isolde (el nombre de la heroína wagneriana) a su perra, que acaba de morir.

    De regreso en Argentina, el presidente Raúl Alfonsín lo designó juez de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional de la Capital Federal en junio de 1984, en los primeros meses de la democracia recuperada. Integró la Sala VI junto a Raúl Zaffaroni (quien sería luego ministro de la Corte Suprema) y Carlos Elbert. Ejerció el cargo hasta 2005.

    Pero su legado más duradero es académico. Dirige desde hace décadas la Carrera de Especialización en Derecho Penal de la UBA y fue profesor en las universidades de Belgrano, Lomas de Zamora y en la Universidad de Mendoza. Su obra escrita abarca cincuenta años: desde los primeros libros publicados por Editorial Astrea en 1978 hasta su tratado de derecho penal en catorce volúmenes (Parte General y Parte Especial) editado por Rubinzal-Culzoni, citado en tribunales y facultades desde México hasta la Patagonia. Pocos juristas argentinos pueden reclamar simultáneamente una obra de esa escala, dos décadas en la magistratura y medio siglo en el aula.

    No es casual que hoy, a los ochenta y un años, trabaje sobre Hegel en alemán, porque las traducciones le parecen insuficientes. Para Donna, el Estado que castiga necesita una fundamentación filosófica, y esa fundamentación pasa por Hegel. No es un hobby de vejez: es la pregunta que lo ha ocupado toda la vida.

    Lo que los manuales no dicen

    Donna construyó su obra con el mismo principio que guía a los grandes escritores: la precisión no es un adorno sino la sustancia misma del pensamiento. Un código penal mal escrito no es un problema estético: es una injusticia. Un tipo penal ambiguo no es una imprecisión técnica: es una puerta abierta a la arbitrariedad. Por eso sus libros se leen como los grandes libros: con la sensación de que cada palabra fue elegida y ninguna sobra.

    En julio de 2020 releí La muerte en Venecia. Era tarde, los chicos dormían, y llegué a la escena de la peluquería. La imagen de aquella cena de 2004 (yo vivía entonces en casa de mi tío recién llegado a Buenos Aires) se me apareció con una nitidez inesperada. Le escribí esa noche, agradeciéndole. Me contestó: "A veces siento que hablo sobre esas cosas y me miran con extrañeza. Gracias pues." Dieciséis años habían pasado entre las dos orillas de esa conversación.

    Hoy, mientras trabaja sobre Hegel y Kant en el alemán original, el reconocimiento lo encuentra donde siempre estuvo: entre los libros, en diálogo con los alemanes.

    Aschenbach es el gran escritor que ya ha dicho todo y que, sin embargo, resiste el paso del tiempo entre grandeza y fragilidad. Edgardo Donna, a sus 81 años, sigue escribiendo, traduciendo y enseñando. La diferencia es que él no necesita teñirse las canas. Le alcanza con los libros.

    * El autor es doctor en Economía y profesor universitario. Reside en Miami (Estados Unidos).

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