Crisis de botellas: nada que pensar

La falta de botellas de vidrio le pone tope al crecimiento del vino.
La falta de botellas de vidrio le pone tope al crecimiento del vino.

El tener que importar botellas más caras reduciría los márgenes de rentabilidad de las bodegas o hasta las podría dejar fuera de algunos mercados, sobre todo en los segmentos de precios más bajos, donde cada centavo cuenta.

No es novedad que los sectores que trabajan con envases de vidrio vienen sufriendo faltantes desde el inicio de la pandemia. Tampoco es un secreto que son sólo dos las fábricas de botellas que abastecen el mercado argentino: Verallia y Cattorini y que una de ellas (la ex Rayén Curá), sufrió un incendio que comprometió seriamente sus operaciones.

Ante este escenario, es importante que el Gobierno nacional escuche los reclamos del sector y responda a la solicitud del Estado provincial, que pidió la eliminación temporal del 10% de arancel de importación, del 3% de la “tasa estadística”, para que las bodegas puedan importar insumos a un valor más bajo.

Son varios los argumentos que maneja el sector vitivinícola para insistir en el reclamo. Por un lado, se trata de importaciones que “no mueven la aguja” en la balanza comercial y no representan un riesgo para el firme objetivo de la Nación de evitar la fuga de divisas.

Por otra parte, la falta de botellas puede provocar serias caídas en los volúmenes de producción de las bodegas, generando desajustes en el mercado interno y afectando de forma directa a un sector que genera miles de puestos de trabajo y moviliza con fuerza la economía de varias provincias.

A eso se suma el factor “competitividad”. Las bodegas que venden sus vinos en el exterior vienen perdiendo margen de negociación desde hace un largo tiempo, debido al progresivo atraso del dólar, la brecha cambiaria (compran con la cotización más alta y venden con las más baja) y la incesante inflación, que este año ha avanzado a un ritmo promedio del 4,26% mensual.

El tener que importar botellas más caras reduciría los márgenes de rentabilidad de las bodegas o hasta las podría dejar fuera de algunos mercados, sobre todo en los segmentos de precios más bajos, donde cada centavo cuenta.

Por todo esto, es que en este caso no hay “nada que pensar”. El Gobierno nacional debería otorgar los beneficios impositivos de manera transitoria, al menos hasta que se normalice el ritmo de fabricación de botellas de vidrio en el mercado interno. En los últimos años ha habido cientos de cruces entre vitivinícolas y funcionarios nacionales que, a la larga, han concluido con algunos beneficios para la economía regional, pero ahora no hay tiempo para discutir.

La respuesta debe ser rápida.

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