Cómo leer la peligrosa obsesión de menores por los celulares
Entender cómo las redes sociales "hipnotizan" a los menores de edad ha despertado la preocupación de países enteros (como Australia) y de grupos de padres que pelean para que recién a los 16 los chicos tengan acceso a ese universo que atrapa. Que atrapa demasiado a los niños.
Están entre las imágenes más bellas de mi infancia. En la casa de mi abuela, en el fondo, bajo un techo de madera y caña, sobresalían bibliotecas repletas de Anteojitos, Billiken, Selecciones, diarios apilados (mucho Los Andes, claro) y cientos de historietas (las apaisadas Patoruzito, Condorito y superhéroes varios).
Imágenes de la historia del ganador del Oscar 1980, o cómo se vivió ese mundial maradoniano en las diferentes provincias, o los misterios que custodian las pirámides… En la otra punta de ese espacio maravilloso, libros de aventuras, literatura que era capaz de hipnotizarte. Ellos eran clase media al límite, no sobraba la plata para vacaciones ni para restaurantes. Para nada. Pero sí disfrutaban de la lectura, y llevaban esa feliz costumbre a hijos y nietos. Leer era una forma silenciosa de ser feliz, encontrar puertas a mundos insospechados y después trasladar esos conocimientos a dibujos trazados con lápices puntiagudos.
A la escuela había que llevar recortes de diario, para completar tareas sobre Ortografía, Historia o incluso Derechos civiles. En definitiva, disfrutábamos de tanta página blanco y negro, que se rebalsaba de color en nuestras mentes.
El problema es hoy: la invasión de las redes sociales al cerebro de los menores
Cuarenta años después, quedó a la luz el problema actual que late en casi todos los hogares y colegios. Es como que las familias del mundo nos acostumbramos, casi sin darnos cuenta, a que los menores pasen horas frente a los celulares, frente a las redes sociales. Y en este contexto, muchos se desentienden del efecto negativo de esta adicción creciente.
Quizá los padres no supimos notar a tiempo lo importante que era leer, charlar, y no que toda la familia (los adultos también) estén nadando en universos individuales, audiovisuales, vacuos, y con el cuello forzado hacia las mini pantallas. Siempre hacia abajo.
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Jonathan Haidt, autor de un libro clave sobre los menores y la tecnología.
"No he conocido a ningún miembro de la generación Z que esté en negación y diga: 'No, nos encantan los teléfonos, los teléfonos son buenos para nosotros'", dijo el especialista Jonathan Haidt en BBC.com. "Todos (los menores) ven lo que está pasando, pero se sienten atrapados". Esto sostuvo el autor del libro "La generación ansiosa"; ahí el psicólogo social marca los problemas de tener tanto pibe sumergiendo la cabeza en ese rectángulo brillante que entra en una mano. Estudió que el aumento de la ansiedad, depresión y problemas de salud mental en la juventud desde 2010 se debe a una "gran reestructuración de la infancia" causada principalmente por el auge de teléfonos inteligentes y redes.
Un problema hoy tan a la vista, que las autoridades de Australia se han hecho cargo y han intentado cortar, con ley, esta acción de las empresas techs que han sabido tejer claves algorítmicas para generar dependencia en su público (que incluye menores, claro). En el país de Oceanía han prohibido el uso de móviles en las escuelas para menores de 16. Y es una tendencia que crece en otros países como Chile, España, Puerto Rico...
Una tendencia que queda clara en Mendoza: escuelas donde los chicos no pueden usar celular
“El libro ‘La generación ansiosa’ hace un interesante análisis de cómo los padres sacamos a los chicos de las veredas, por miedo, y los encerramos en un cuarto con una ventana más abierta a un mundo peligroso: el celular. El autor propone nada de móviles hasta los 13 o 14 años, nada de redes hasta los 16. Nosotros propusimos llevar esto al colegio de nuestros hijos, San Nicolás de Luján de Cuyo, bajo el nombre de Pacto Parental. Ese sitio se dio a conocer muy fuerte y hoy cuenta con miles de visitas”, comenta el comunicador social Nacho Castro, un impulsor del proyecto mendocino, y por el cual fue entrevistado por medios como Infobae o Telefé. Nacho explica al detalle: “Hasta los 13 el cerebro, la corteza prefrontal de un chico, no está preparado para la inyección de dopamina que generan las redes en los celulares. Incluso, hasta los 16, las redes sociales generan problemas en la formación de los chicos”. No fue fácil. Hubo llantos en las presentaciones, hubo discusiones con los padres (que se pusieron de acuerdo) y se enfrentaron a la tarea de llevar este mensaje a los chicos: “Le tuve que decir a mi hijo que el que se había equivocado era yo, al darle tan pronto el celular. Que me disculpara”, dijo Nacho en voz baja.
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Nacho Castro, empresario mendocino que se puso a investigar y a trabajar con otros padres sobre la influencia del móvil en los más chicos.
“El 95% de docentes cree que el celular afecta la salud mental. Los chicos reciben 237 notificaciones por día, incluso en clase. 1 de cada 3 adolescentes ve pornografía en la escuela. El 35% de los alumnos usa el celular para copiarse. Los menores pasan de 4 a 6 horas diarias frente a pantallas. El 65% tiene smartphone antes de los 9”, es parte de la documentación que los padres y el colegio, en conjunto, emitieron para la prohibición.
El planteo de este grupo de padres es claro. Volver a establecer qué es lo prioritario. La importancia de la lectura a fondo, de entender los mundos, de ser parte de conversaciones, y no de que los chicos repten en redes que poco enseñan y mucho conflictúan. Aprender a luchar contra esos algoritmos que quieren atrapar y no dar lugar a la libertad de saber lo importante que es aprender. Leyendo. Mirando. Charlando.
Con la pantalla más tiempo en el bolsillo, y los ojos bien levantados. En línea directa, no hacia el piso; en línea directa al horizonte.
* Leonardo Rearte es secretario de Redacción de Los Andes. [email protected]