Sabemos que el ya viejo fenómeno de la polarización política consiguió en los últimos tiempos un combustible ideal: los algoritmos de las redes sociales. El algoritmo es un mecanismo tecnológico que prioriza y ordena en las cuentas de cada usuario los contenidos a los cuales tiene acceso, gracias a los gustos y comportamientos que ha detectado.
O sea, el algoritmo provee contenidos a favor de Javier Milei si la persona ha mostrado interés en el presidente. Del mismo modo, si el usuario prefiere a Cristina Kirchner, en su feed aparecerá la expresidenta con mucha frecuencia.
Claro que este no es un fenómeno exclusivo de la política. Basta con mirar muchos posteos que muestran accidentes aéreos para que los feeds comiencen a llenarse de aviones, o de gatos y perros, o de películas de Bruce Willis, etcétera.
Lo importante es que la red social le devuelve a cada cual mucho más de lo que antes había demostrado que quería consumir y esa ventana es el ingreso a un mundo sin reglas de ningún tipo, donde todo aparece mezclado: lo real y lo irreal; lo nuevo y lo viejo; los videos verdaderos y las imágenes creadas por IA para escrachar a alguien.
Las redes, bajo esta configuración, son el vehículo ideal para las fake news. Y esas noticias falsas sí pueden generar un fenómeno político, por su potencial capacidad para modelar conductas ciudadanas y hasta incidir en el sentido del voto.
Quizás todo lo dicho hasta aquí no sea novedad para nadie, pero sí lo es que la propia ciudadanía ha empezado a tomar conciencia de ello. Según una encuesta muy fresca de RZ Consultora, realizada durante este mes a nivel nacional, una amplia mayoría de la población -61,7%- considera que es "muy frecuente" la circulación de noticias falsas. Se suma un 31,5% para el cual las fakes son "bastante frecuentes".
O sea, para el 93%, las noticias falsas son parte de su cotidianeidad; y es mínimo, en contraste, el porcentaje que cree que son poco o nada frecuentes: menos de 7%.
Además, la mayoría de los consultados -la muestra fue de 2.000 casos- aseguró que alguna acción ejecuta después de encontrarse con una noticia falsa. El 45% "busca información en otros medios", el 28% "verifica la fuente o el autor" y el 17% "googlea" para saber si es verdad o no lo que le están contando. Solamente el 6% las deja pasar y "no hace nada".
La reacción mayoritaria ante las fakes es un dato saludable: de ninguna manera estamos frente a una batalla ganada por la desinformación en el amplio mundo de la virtualidad.
Se combina esto con otro dato relevante. Cuatro de cada seis argentinos, según el sondeo, tienen más confianza en los medios tradicionales que en otros formatos a la hora de informarse. En Cuyo, nos encontramos con una proporción un poco menor: solo 27% prefiere los medios tradicionales a los digitales.
En este marco, la televisión todavía se impone al resto de las plataformas y los portales de noticias -los más adecuados para chequear contenidos dudosos o falsos- dan pelea, aunque sin ser para nada preponderantes.
Por otro lado, las redes sociales y las plataformas de streaming son prácticamente hegemónicas entre el público más joven: dice la encuesta de RZ que acaparan el 73% de las audiencias entre los 16 y los 24 años. Ese predominio va decayendo conforme las personas crecen, pero la gente las prefiere para informarse hasta los 44 años (54%), según el sondeo.
Este no es un dato menor y explica la expansión de los medios tradicionales hacia las redes sociales y el streaming. Se trata de una estrategia de supervivencia y modernización, pero estas incursiones también pueden resultar un buen remedio contra la peste de las fake news, porque, según razona Rubén Zavi en las conclusiones de su sondeo, los medios tradicionales siguen teniendo a su favor el atributo de la "credibilidad".
"El desafío ya no es informar más, sino construir confianza en un contexto donde la sociedad duda de todo", dice Zavi en las conclusiones. Y agrega: "En este contexto, el periodismo ya no compite solo por la atención, sino por la validación. La verificación de datos, la transparencia en las fuentes y la claridad en la construcción de la noticia se vuelven elementos clave para sostener su rol".
Pero está quedando claro también que los medios ya no son vacas sagradas, ni mucho menos. Un escándalo como el de la red internacional que conspiraba contra el gobierno de Milei por medio de artículos falsos, los cuales obtuvieron espacio en más de 20 medios digitales del país que los tomaron como reales, entre ellos algunos de Mendoza, no colabora con la credibilidad de los medios tradicionales, en una guerra por el dominio de la información que se vuelve cada día más dura.
* El autor es periodista. [email protected]