22 de junio de 2026 - 00:20

Bien argentinos todo el año

Ojalá aprendamos que el amor por la Patria no debería depender de un resultado deportivo, sino del orgullo de pertenecer a esta tierra todos los días del calendario.

La llegada del Mundial 2026 ha vuelto a sumergir a Argentina en un estado de efervescencia que parece no conocer límites. Como un ritual sagrado que se renueva cada cuatro años, las calles, los comercios y los hogares se han transformado para acompañar a “La Scaloneta” en su nueva aventura mundialista. Esta vez, el fervor no es sólo un sentimiento abstracto, sino que se manifiesta con una fuerza económica y social que redefine nuestra cotidianeidad.

Uno de los termómetros más claros de este fenómeno es el consumo tecnológico. Las principales cadenas de electrodomésticos han desplegado una batería de promociones, centradas especialmente en los Smart TV de 55 pulgadas, el tamaño predilecto para no perderse ningún detalle de las jugadas.

Las estadísticas son contundentes: tras el Hot Sale de mayo, las ventas de estos equipos crecieron un 70% y se proyecta cerrar el año con un incremento del 30% en comparación con el periodo anterior. El deseo de ver a la Selección con la mejor definición posible ha impulsado una renovación de pantallas en el país.

Pero el fanatismo no se queda encerrado en el living de casa; sale a la calle y se viste. Estamos asistiendo a lo que los analistas llaman el “nacionalismo aesthetic”. Los símbolos patrios, como la bandera argentina y el Sol de Mayo, han dejado los actos escolares para convertirse en una tendencia de moda urbana que inunda las vidrieras.

Buzos, remeras y gorras con temática patriótica son la elección de las nuevas generaciones, que encuentran en estos diseños una forma de expresión cultural e identidad colectiva vinculada al éxito de la Selección. La “argentinidad” está de moda y los colores patrios son el uniforme oficial de una juventud que busca pertenencia.

Esta fiebre mundialista se traslada también al ámbito de los servicios y las promociones insólitas. Las empresas han entendido que, para conectar con el público, deben jugar el mismo partido. Por ejemplo, la aplicación PedidosYa ha lanzado descuentos exprés por cada gol convertido en el certamen, convirtiendo cada grito sagrado en un beneficio económico para los usuarios.

En el terreno de las finanzas digitales, Mercado Pago ha capitalizado el interés por los tradicionales "prodes" ofreciendo una versión digital con premios de hasta 50.000 dólares, permitiendo a los amigos competir entre sí mientras sueñan con una recompensa mayor.

Incluso el turismo y las actividades recreativas se han subido a la ola de promesas. El parque de nieve Los Puquios, en un gesto de confianza ciega hacia el equipo de Scaloni, anunció que iba a otorgar acceso gratuito a sus instalaciones el pasado miércoles 17 de junio, luego de que la Selección lograra su primera victoria en Kansas contra Argelia. Los visitantes pudieron disfrutar de un pase que habitualmente cuesta 50.000 pesos de forma totalmente gratuita, evidenciando cómo el triunfo deportivo se derrama en beneficios concretos.

Los frentes de los comercios embanderados y la búsqueda constante de un nuevo "hit" musical que iguale el éxito de “Muchachos” y “Para la Selección” completan una atmósfera donde el país parece latir a un solo ritmo.

Sin embargo, detrás de este despliegue de banderas, camisetas y televisores de última generación, algo nos invita a la introspección. Es admirable ver cómo nos unimos bajo una misma identidad cuando rueda la pelota, pero resulta paradójico el contraste con nuestras fechas patrias.

Hace apenas unas semanas, el 25 de mayo, la imagen era muy distinta. Mientras hoy las banderas cuelgan de cada balcón por el Mundial, en el aniversario de nuestra Revolución las escarapelas se podían contar con los dedos. El entusiasmo que hoy nos desborda parece entrar en hibernación cuando se trata de conmemorar los hitos que fundaron nuestra Nación.

Sería un signo de verdadera madurez cívica que los argentinos fuéramos igual de patriotas y tuviéramos las mismas muestras de amor por nuestro país durante todo el año. Si el mundo nos admira por nuestra pasión y nuestra capacidad de entrega cuando juega la Selección, ¿por qué no extender esa energía a nuestra construcción como sociedad día tras día?

El "nacionalismo aesthetic" y el fervor comercial son bienvenidos, pero no deberían ser las únicas formas de habitar nuestra identidad. Ojalá aprendamos que ser argentinos es un compromiso de tiempo completo, y que el amor por la Patria no debería depender de un resultado deportivo, sino del orgullo de pertenecer a esta tierra todos los días del calendario.

* El autor es periodista. Editor de Sociedad - Policiales de Los Andes. [email protected]

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