Transcurren los días y el conflicto institucional que genera la incómoda situación del jefe de Gabinete no encuentra salida. El presidente Milei continúa apostando a la continuidad de Adorni hasta que la justicia decida, mientras en el Congreso, especialmente en el Senado, sigue el tira y afloja sobre el momento de la interpelación que corresponde hacer.
El nombramiento de un nuevo vocero presidencial, el viernes, parece quitarle al todavía jefe de Gabinete el tutelaje sobre la anterior función que cumplía. En adelante la misión le corresponderá al economista y hasta ahora diputado nacional por La Pampa Adrián Ravier.
Aseguran que con esta designación el gobierno busca quitarle a Adorni la influencia que siempre mantuvo sobre la vocería aun siendo jefe de Gabinete. Si es así, podría tratarse de una gradual retirada.
Mientras tanto, en nuestra provincia tiene mucha repercusión el conflicto judicial en torno al caso del exsubsecretario Marcelo D’Agostino. Un problema en las estructuras de la Justicia mendocina que sorprende y molesta a más de uno en el radicalismo, por ser la fuerza política que desde 1983 a la fecha más influyó en el cuidado de la calidad del servicio de dicho poder.
Por otra parte, fue la eficiencia judicial una de las metas que priorizó el gobernador Cornejo desde su primera gestión y, justamente, el ahora enjuiciado D’Agostino gozó de su confianza durante más de diez años ejerciendo la función que sirve de nexo entre el Poder Judicial y el Ejecutivo.
Lo electoral
Por el momento la principal inquietud del gobernador Cornejo en lo electoral pasaría por tener voz y voto en quién pueda ser el próximo candidato para sucederlo por parte del oficialismo. Nada nuevo. En general, las encuestas que se conocen siguen demostrando favoritismo por dos políticos que no pertenecen a su estructura, como el intendente Suárez y el diputado nacional Petri.
Hay, sí, un porcentaje de la opinión ciudadana a favor de quien pueda postular Alfredo Cornejo, entre ministros o intendentes, pero, al menos por ahora, los nombres que son lanzados no se acercan al favoritismo que reúnen Petri y Suárez.
Además, hay quienes consideran que otro asunto que puede incidir en provincias que, como Mendoza, mantienen un anclaje fuerte con la Nación, es la definición que haga el mileísmo de la fórmula presidencial para el año próximo.
La apuesta es a la reelección, pero la experiencia de frialdad y ruptura con la actual vicepresidenta lleva a pensar en un dirigente que no difiera con las ideas presidenciales y que cumpla la elemental tarea de apoyo en el Congreso.
Lógicamente, no pasan inadvertidos en el núcleo duro libertario los posicionamientos de ciertos nombres de hoy allegados pero que son de otra procedencia política, como el caso de la senadora Bullrich. Sin embargo, ésta, luego de mucho criticar y exigir definiciones a Manuel Adorni, optó por limar asperezas y abocarse a buscar que el intento de ejecución política del jefe de Gabinete en el Senado sea reconsiderado en el tiempo.
El macrismo, a su vez, continúa su estrategia de reacomodamiento en el tablero político sin dejar, en absoluto, de apoyar las reformas del mileísmo, pero insistiendo con el desplazamiento del jefe de ministros, como ya señalamos en esta misma columna el domingo anterior.
Se observa que la función de Pro en el año electoral que se acerca mucho dependerá de lo que busque hacer el oficialismo con la proyectada reforma política, que tiene como uno de sus ejes la eliminación de las PASO. O, como posible alternativa para asegurar respaldos, dejar de lado su obligatoriedad.
Mientras tanto la renovación y reequipamiento de cada estructura “amarilla” en el país continúa en medio de la recorrida federal de Macri para anunciar el “próximo paso”. En nuestra provincia dicen que el partido, presidido por el reelecto Gabriel Pradines, ya está reorganizado y se apresta a arrancar nuevamente para tener participación destacada en el tablero político de la provincia.
Mientras tanto, el justicialismo comienza a mover las fichas para definir su estrategia nacional pensando en las próximas elecciones. Es imperioso para su dirigencia determinar qué papel desempeñará en el escenario.
No caben dudas de que, como ocurre frecuentemente, será gravitante lo que se decida en la provincia de Buenos Aires, con más razón cuando se encuentra gobernada por el dirigente que aparece como el mejor posicionado de cara a las presidenciales.
Hay una disputa en el seno del kirchnerismo que se mantiene. El camporismo pretende imponerle condiciones al gobernador Kicillof. Cristina Kirchner puede tener la opinión definitoria aun desde su encierro. La expresidenta, como lo indican las encuestas, mantiene un nivel de adhesión que de alguna manera demuestra que mantiene detrás suyo al llamado núcleo duro del peronismo K.
Por ello muy pocos consideran que se pueda desentender del rumbo hacia las presidenciales y porque, por otra parte, más de una vez ha demostrado que la nostalgia moviliza sus sentimientos. Especialmente por lo que significó para ella Axel Kicillof como cuadro político emergente y a cargo del área de Economía.
Y por el llamado peronismo del interior parece querer consolidarse el exgobernador sanjuanino Sergio Uñac. Del crecimiento que tenga ese sector surgirá la posibilidad de competir con el eje fuerte y tradicional bonaerense, o bien la alternativa de crecer lo suficiente como espacio con el propósito de compartir el poder interno y llegar a las elecciones formando parte del armado del PJ.
La tarea no será fácil para el que surja como principal candidato. El peronismo no puede zafar fácilmente del tutelaje o caudillismo que rige en varias provincias, situación que mucho lo afectó en las elecciones legislativas del año pasado.
* El autor es periodista. [email protected]