9 de agosto de 2026 - 00:25

Axel en Flor

Flor Destéfanis se muestra ilusionada con la candidatura presidencial de Kicillof y es una de sus principales impulsoras en Mendoza, con todo lo que ello significa, pues tomar postura implica meter los pies en el barro de la interna nacional.

Periodista y profesor universitario

El recientemente asumido protagonismo de Flor Destéfanis y su decisión de pelear por una candidatura a la Gobernación que se materializó en un acto público con la presentación de su libro titulado “Un sueño del interior del interior, la Vendimia del poder”, abrió el debate sobre el armado del peronismo de cara al 2027.

A contracara de lo que sucede en el oficialismo, donde sobreabundan postulantes, en el Partido Justicialista (PJ) a excepción de la intendenta de Santa Rosa nadie ha querido todavía asomar la cabeza.

Si bien muchos podrán alegar que aún no es tiempo, también es cierto que el proceso de reconfiguración partidaria no ha terminado, que las internas siguen exhibiendo diferencias y que algunos otros dirigentes esperan tener más claro el panorama antes de salir a escena.

Mientras eso sucede, la ex reina nacional de la Vendimia 2010 y abogada de profesión, entiende que, si correr de atrás se trata, es imprescindible comenzar a tomar impulso desde ahora con el paraguas nacional de Axel Kicillof como escudo.

Audacia contra la modorra

Destéfanis incursionó en la política de la mano de Carlos Ciurca, fue funcionaria provincial de Celso Jaque y posteriormente volvió a su departamento primero como concejal y luego como aspirante a la intendencia que ganó en 2019, también amadrinada por Anabel Fernández Sagasti.

Desde allí, y como una figura joven con proyección, presidió el partido entre 2022 y 2024. En el medio, en 2023, obtuvo la reelección como jefa comunal cuyo mandato culmina el año próximo.

Una carrera acelerada que busca dar el salto a la Gobernación en una decisión a la que muchos de sus propios compañeros definen como “audaz”. No porque no vean en ella condiciones de liderazgo, sino porque entienden que de alguna forma hay quienes esperan desde hace tiempo (ansían, o no tanto) esa representación, algo que a la santarrosina parece no importarle. Y es en este momento en que todas las miradas apuntan a San Rafael, tierra del actual mandamás partidario y ex intendente Emir Félix (o su hermano Omar) y al Maipú de Matías Stevanato.

Por lo pronto, Destéfanis está dispuesta a ocupar el lugar que aquellos que deberían asumir esa mochila, o no dan señales claras, o no parecen estar de verdad interesados en cargarla al hombro. La sucesión de una década sin triunfos en Mendoza parece ser el principal obstáculo para transformar el deseo en tentación, y ella, en desafío.

Kicillofismo al palo

Con su libro bajo el brazo, Destéfanis salió a convocar voluntades, recorrer la provincia, convocar dirigentes y militantes, tarea esencial de todo candidato que se precie, y con ello, generar un gran revuelo en el peronismo que en la orfandad de conducción y dividido entre dejar el pasado atrás o reivindicarlo, debate casi hasta la exasperación. O la parálisis.

Se muestra ilusionada con la candidatura presidencial de Kicillof y es una de sus principales impulsoras en Mendoza, con todo lo que ello significa, pues tomar postura implica meter los pies en el barro de la interna nacional, en especial en la disputa entre el gobernador de la Provincia de Buenos Aires y el diputado nacional Máximo Kirchner.

El hijo de la expresidenta, actualmente detenida por corrupción en la obra pública en lo que se conoce como la causa Vialidad, pretende otra defensa política de Cristina y entiende las evasivas de Kicillof como una manera de sostener sus chances de enfrentar a Javier Milei que, en busca de su reelección, debe ampliar su electorado: incluso con aquellos decepcionados del kirchnerismo y en especial de su última versión, la de Alberto Fernández.

Una discusión de matices o de estrategia que sin embargo puede condicionar el armado opositor y que seguramente tendrá impacto en el resto del país, incluso en Mendoza. Aunque aquí los desafíos sean mucho más trascendentes que esta controversia, fundamentalmente: consensuar un proyecto provincial creíble, algo de lo que carece seriamente, independientemente de las consideraciones nacionales.

En esa línea, y con la intermediación de Martín Aveiro, Destéfanis consiguió para su lanzamiento la presencia de dos históricos barones del conurbano y espadas políticas del gobernador: Gabriel Katopodis (actual ministro bonaerense) y Jorge Ferraresi quien pretende ser el sucesor de Kicillof. Una especie de avanzada que incluye la apertura del local partidario “Mendoza con Axel” y la promesa de una próxima visita ya en clave netamente proselitista.

Sin embargo, no son los únicos que detrás de la candidatura del ex ministro de Economía de CFK pretenden apuntalar al menos la posibilidad de empezar a debatir cuál será la oferta electoral del peronismo para 2027 en Mendoza. Allí se anotan la pata sindical de la CGT y la CTA y otros intendentes locales, tales como Emir Andraos (Tunuyán) y Edgardo González (Lavalle) quienes -a su vez- intentan ser un nexo con el resto de sus pares peronistas: Jaque (Malargüe), Fernando Ubieta (La Paz), así como los mencionados Félix y Stevanato.

La esperanza del recambio

En busca de su destino y con el impulso aún reciente del resonante triunfo en la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo) -donde en una semana asumirán las nuevas autoridades- el peronismo de Mendoza parece desperezarse y forzar una discusión que desde la dirigencia más experimentada se pretende atemperar. Ya sea por juventud, o como ella misma define, como representante “de otra generación política”, Destéfanis planta bandera y aunque no sea en esta ocasión, pretende dejar sentadas sus aspiraciones. Una declaración de su ímpetu de poder, pero también todo un mensaje para -tal vez- despabilar a un partido que, por temor a otra derrota, o por mera especulación, no da más indicios.

* El autor es periodista y profesor universitario.

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