El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner tiene un serio problema de cálculo. Toma decisiones para evitar que sucedan ciertas cosas y estas cosas terminan pasando a raíz de las decisiones que el gobierno tomó para evitarlas. Es la paradoja de profecía autocumplida.
Congelaron el precio del dólar para evitar la inflación y los índices reales subieron más del 20% en los últimos 3 años. Pusieron un cepo al dólar para no vender a particulares y se aceleró la salida de capitales, ya sea por pérdida de depósitos, salida vía bonos o consumos.
Aumentaron muy fuerte la emisión monetaria para incentivar la economía pero ésta se estancó y aumentó la presión inflacionaria. Más pesos alimentaron la cotización del dólar paralelo, los aumentos de precio y la menor actividad económica.
Es tanta la desconfianza que se ha ganado el gobierno, que viene desde las mentiras del Indec hasta las expropiaciones, que cuando anuncia alguna medida le sale todo al contrario de lo que esperaban y, por supuesto, inventan alguna conspiración para justificar el fracaso.
A principios de febrero se anunció un congelamiento de los precios de los supermercados y luego se amplió a las casas de electrodomésticos. Aunque no hay convenio firmado ni resolución que lo avale, los funcionarios amenazan a los que incumplen.
Pero como los argentinos ya sabemos lo que pasa cuando hay congelamientos, y los riesgos de desabastecimiento, la gente se lanzó a comprar más de lo que necesitaba aprovechando los precios congelados y para anticiparse a un posible desabastecimiento. Lo que consiguieron fue recalentar la demanda y que falten productos. Además, en todos primaba el temor por el día 61, es decir, el día después de cuando terminara el congelamiento.
Si los supermercados guardan mercadería o suben precios, los acusan de acaparadores o especuladores y son condenados. Pero a los consumidores que incurren en la misma conducta no les dicen nada.
La realidad es que con alta inflación y con medidas restrictivas sólo reina el "sálvese quien pueda" y a los funcionarios les agarra una mezcla de bronca con desorientación y salen a tomar nuevas medidas, influidos por esa dualidad de sentimientos.
Nuevas medidas
Ante el avance del dólar paralelo, el fracaso del congelamiento, las altas expectativas inflacionarias y la presión de los gremios por aumentos mayores a los pautados por el gobierno, los funcionarios saben que deben tomar medidas, dado que estamos en un año electoral.
Para esto puede recurrir a dos caminos alternativos. Uno de ellos es cambiar algunas cosas para cambiar las expectativas y otro camino es profundizar lo actual.
En el primero de los casos, se especula con que podría decidirse un desdoblamiento del mercado cambiario, aunque nadie se anima a asegurar que el gobierno decida bajar el gasto y los niveles de emisión monetaria. Con medidas parciales, parches, pero sin cambios en la raíz del problema, no conseguirán nada.
La segunda alternativa es profundizar más la intervención. Mientras Moreno quiere expropiar los supermercados, en el Ministerio de Economía piensan en intervenirlos para analizar sus costos y la misma suerte correrían las empresas nacionales e internacionales que se dedican a la producción de alimentos, bebidas, así como artículos de tocador y limpieza.
Este camino sería el de una "chavización" más ortodoxa y nos eximen de comentarios los resultados obtenidos en Venezuela, donde reina el caos y la ausencia de inversiones.
Veremos qué camino deciden desandar y con qué profundidad. Además, debemos saber si son medidas para llegar a las elecciones o pensadas sobre lo estructural.