26 de octubre de 2012 - 22:49

Esa obstinación de considerarse infalible

A dos años del fallecimiento de Néstor Kirchner son cada vez más notorias las diferencias en las maneras de conducción política entre él y su esposa, particularmente dentro del PJ.

La fuerte embestida del Gobierno nacional para evitar que la Justicia le ponga límites a sus deseos traducidos muchas veces en arbitrariedades, ha desatado ya en forma abierta un conflicto de lucha institucional que produce desequilibrios en el funcionamiento de los poderes.

Esto no parece ser producto de una casualidad ni el efecto de una acción política circunstancial. Es claramente un proyecto de poder, que requiere prescindir de controles republicanos para alcanzar sus fines.

Esa metodología, explicada en términos más amplios y precisos, e identificada como contenido conceptual del populismo que profesa la presidenta Cristina Fernández, fue expuesta en forma brillante por José Nun, quien fuera secretario de Cultura de Néstor Kirchner y también de su viuda al comenzar su primer período de gestión.

Lo hizo en el reciente coloquio empresario de IDEA y también la semana que pasó en un programa televisivo. En ambos casos, las palabras del intelectual tuvieron un tono de advertencia: "Ese camino lleva a la destrucción de las instituciones".

A por todo

Con la excusa de estar protagonizando una gesta épica para "democratizar la palabra", cuando en realidad el objetivo es acallar las voces críticas, el oficialismo dio nuevos pasos en aquella dirección. Ahora logró imponer en el Senado la aprobación de un polémico pliego de conjueces para juzgados de primera instancia del fuero civil y comercial.

Son 17 abogados, en su mayoría vinculados al kirchnerismo, que eventualmente reemplazarán a jueces de ese fuero, que es donde se dirime la demanda judicial planteada por el grupo Clarín sobre la constitucionalidad o no de dos artículos de la Ley de Medios.

Se viene también la reglamentación del mecanismo del "per saltum" para que esa causa pueda obviar las instancias inferiores y pasar directamente a la Corte Suprema de Justicia. La Constitución establece que el procedimiento sólo podrá usarse en casos de "gravedad institucional" y es allí donde se va a centrar en las próximas semanas el foco de la discusión.

Una fuente muy próxima a los jueces de la Corte afirma que "en el Tribunal no hay mayoría que considere que este pleito entre el Gobierno y Clarín tenga gravedad institucional". En consecuencia, lo más previsible es que la Corte rechace hacerse cargo de la causa antes del tiempo y de las instancias normales establecidas.

No sólo para esos jueces de la Corte la cuestión de los dos artículos de la Ley de Medios no es lo más importante que sucede en el país. En las últimas horas han trascendido algunos adelantos de una encuesta nacional encargada por el Gobierno, en la que no sólo se confirmaría la caída de alrededor de 30 puntos en la imagen de Cristina, sino que se expresaría una creciente preocupación de los consultados por la inflación y el futuro de la economía, con vinculación directa al nivel de empleo.

De confirmarse esos datos, obviamente la encuesta pasaría a ser inexistente para la Casa Rosada, como lo son los problemas de las economías regionales que han perdido competitividad, el déficit en la estructura energética o las cuentas públicas provinciales, entre otras serias dificultades.

Tampoco para el Gobierno deberían tener relevancia pública los gruesos errores cometidos por sus propios funcionarios, y de los cuales el embargo y retención de la Fragata Libertad en Ghana es sólo una muestra.

La ausencia

Exactamente a dos años de la muerte de Néstor Kirchner, amigos y adversarios del ex presidente parecen extrañarlo por igual. Aquella expresión "Esto con Néstor no pasaba", usada en algunos casos con ironía y en otros con auténtica nostalgia, que comenzó a circular apenas terminaron los funerales, mantiene una comprensible vigencia.

Más allá de las cuestiones afectivas, salvo algunas excepciones como son los sectores que han crecido en influencia sobre su viuda, todos recuerdan su determinación política para producir transformaciones pero también añoran su capacidad negociadora.

En forma especial en el peronismo silencioso que acompaña con transitoria disciplina al Gobierno, se lamentan por la ausencia de quien era su nexo con la Presidenta.

"Con él por lo menos conversábamos y teníamos la posibilidad de expresar de manera constructiva una idea diferente sobre algunas cosas", dice resignado un intendente del poderoso conurbano bonaerense. Ahora la política interna se limita a recibir órdenes, como las reciben ministros, gobernadores, legisladores y militantes.

Encerrada en sus laberintos populistas, donde el líder establece una relación directa con el pueblo, Cristina se obstina en sostener a funcionarios sospechados de corrupción o ineficientes por el solo hecho de no admitir que, como cualquier ser humano, también ella es falible.

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