El acuerdo fiscal alcanzado en Estados Unidos eleva considerablemente los impuestos a los ricos, sin fecha de expiración. Extiende créditos fiscales para los pobres y la clase media. Suministra más prestaciones para el desempleo. Un aspecto pasado por alto en su mayoría es que extiende un crédito de energía alternativa, lo cual ha contribuido a crear un auge de energía limpia.
Y casi no incluye recorte alguno al gasto. Para el presidente Barack Obama y sus aliados democráticos en el Congreso, el trato fiscal alcanzado está lleno de pequeñas victorias que prolongan sus mayores objetivos de política. Por encima de todo, marca otro paso hacia el objetivo de Obama de orientar la política federal más hacia la clase media y los pobres, a expensas de los ricos.
Sin embargo, este trato, que el Senado y la Cámara de Representantes han aprobado, representa también un considerable riesgo para el presidente. A lo largo de las negociaciones de los últimos dos meses, Obama impulsó un acuerdo mayor, mismo que habría cancelado otros plazos del presupuesto en el horizonte, empezando con uno en el tope de endeudamiento.
Él y sus asesores vieron el denominado "precipicio fiscal", con sus billones de dólares en aumentos fiscales programados que los republicanos aborrecían, como una palanca para empezar de cero en un segundo mandato y evitar más luchas partidistas impulsadas por plazos. "Quiero ver si podemos, ustedes saben, cuando menos en el futuro previsible, suministrarle certeza a los negocios y al pueblo estadounidense", dijo Obama, en una de las primeras conferencias de prensa posteriores a la elección.
Pero, cuando los republicanos de la Cámara baja dejaron en claro que se oponían a un gran trato, Obama decidió que aceptaría el acuerdo más pequeño, capitalizaría una serie de victorias y esperaría para pelear otro día. La alternativa -debatida dentro de la Casa Blanca- habría sido saltar por el precipicio con la esperanza de obligar a los republicanos a que llegaran a un trato mayor.
Sin ese mayor acuerdo, Obama podrá encontrar soluciones a plazos del presupuesto en el futuro, sin la influencia que tenía con la perspectiva de automáticos aumentos de impuestos. "Esta es una gran victoria en las segundas mejores condiciones", reconoció un funcionario de la administración. Como parte del trato de la semana pasada, Obama sí cedió en varios puntos. Aceptó mucho menos en ingresos fiscales en general de lo que el gobierno habría recibido en la ausencia de cualquier trato. Permitió que expirara una reducción al impuesto de nómina, que se aplicaba a la mayoría de los hogares. Además, cedió en aspectos del impuesto estatal acerca del nivel al que empezaría la tasa marginal máxima del impuesto sobre la renta, pasándolo a U$S 450.000 para parejas, respecto de U$S 250.000.
De cualquier forma, usando la desigualdad como vara de medición, ganó buena parte de lo que quería. Al mantenerse firme en una tasa máxima de 39,6% -por arriba de 35%-, aseguró un sustancial aumento de impuestos para los más ricos. Por otra parte, las bolsas del mundo reaccionaron positivamente ante el acuerdo.
En promedio, el 0,1% superior de los contribuyentes -cuyos ingresos empiezan en U$S 2,7 millones y suben mucho más- pagará U$S 444.000 más en impuestos en 2013 que de no aplicarse la medida. Los aumentos tienen su origen tanto en el trato fiscal como en los nuevos impuestos en la ley de cuidado de salud. En efecto, este trato conserva la parte del "conservador compasivo" de la agenda fiscal del presidente George W. Bush -reduciendo los impuestos federales sobre la renta a los trabajadores pobres, a veces a cero-, al tiempo que limita las partes que más ayudaban a los ricos.
Incluso uno de los pilares de las reducciones de impuestos de Bush, R. Glenn Hubbard, decano de la Facultad de Negocios de Columbia, no celebró la consagración de la mayoría de ellos. Dijo en una entrevista que el trato amplificaría las distorsiones del código fiscal sobre la economía.
Más allá del código del impuesto sobre la renta, el trato prolongó prestaciones del desempleo para 2 millones de desocupados a largo plazo, que de lo contrario las habrían perdido de inmediato. Además extendió por un año un crédito fiscal de energía que ha reducido costos de energía alternativa e incrementado el uso. El interrogante que pende sobre el trato para los demócratas es saber si tendrán que jugar a la defensiva con respecto al presupuesto durante el resto de la presidencia de Obama.
Cuando los republicanos dieron marcha atrás respecto de un trato mayor el mes pasado, Obama enfrentó una alternativa. Podría haber trabajado con miras a un trato menor, como hizo, o insistía en que el tope de endeudamiento tenía que formar parte de cualquier paquete.
La Casa Blanca siguió el camino que siguió porque temía que una postura endurecida sobre el tope de endeudamiento resultaría en ningún entendimiento: los impuestos habrían subido para casi todos; habrían empezado recortes automáticos al gasto; las prestaciones de desempleo habrían terminado para muchos; y los mercados podrían haber reaccionado mal. En el caos que pudo haber seguido, creían los funcionarios, habría sido improbable un gran acuerdo.
En cualquier caso, los demócratas -preocupados de que serían responsabilizados por las complicaciones de la economía, como el partido al frente de la Casa Blanca- pudieran haber enfrentado dificultades para obtener un trato tan bueno como el de esta semana. Habiendo ganado esta ronda, los demócratas aún tienen compromisos para ofrecerles a los republicanos en la siguiente, como los cambios al Seguro Social.
Sin embargo, algunos de los aliados de Obama se preguntan si él debería haber corrido el riesgo de un enfrentamiento ahora. Un atolladero la próxima vez no traerá una sola amenaza de mayores impuestos, y los republicanos pudieran mantenerse más firmes, exigiendo recortes que deshagan los recientes progresos de Obama. "Ahora temo que nos estemos dirigiendo a una crisis que puede empequeñecer lo que acabamos de padecer", dijo Robert Greenstein, presidente del centro sobre Presupuesto y Prioridades Estratégicas. "Realmente no sabremos cómo ver el trato de la mejor forma, y cuán bien le ha ido a la Casa Blanca, hasta que se termine el límite de endeudamiento".
La espera por una respuesta más amplia no durará mucho tiempo: el gobierno federal de EEUU va a un ritmo que requerirá de un límite mayor de deuda para marzo.
