Precedidos por el 13 de setiembre, una multitud de cientos de miles, el jueves 8 de noviembre de 2012 en el Obelisco, Olivos, distintos puntos de la Capital Federal, provincia de Buenos Aires, principales ciudades de provincias y numerosas capitales extranjeras le exigieron al gobierno K: basta de corrupción, Justicia independiente, seguridad, libertad de expresión, terminar con las falsedades del Indec, Jury de Enjuiciamiento a Oyarbide y demás jueces indignos, no a la reforma constitucional ni a la reelección presidencial, respeto a las instituciones y a la división de poderes. Principios básicos y elementales del sistema republicano y democrático que es obvio este gobierno no respeta.
La marea humana en la avenida 9 de Julio era impactante y más aún porque lo fue en paz, con respeto y sin vandalismo alguno, salvo un par de hechos aislados por autores de sospechoso origen. Desde el retorno de Perón al país en 1973 no se había producido un hecho histórico similar ni de esa magnitud.
El viernes 9 Cristina no se dio por enterada. Con mayor soberbia que la de costumbre dijo que el día anterior se había producido un gran acontecimiento, el Congreso del Partido Comunista Chino, sin dudas para denostar y ningunear a la manifestación argentina.
Y el lunes 12 se refirió a ese sector "sin liderazgo" que debía organizarse para tratar de imponer su modelo porque ella no podía hacerse cargo del que pretendían los manifestantes.
Que había que profundizar su propio modelo -como si fuera made in K y no uno de los tantos sistemas de la economía ultraconocidos que privilegia el gasto público, el consumo y la inflación- y que el pueblo debía rechazar al que se quería imponer el 8N, cuyo objetivo era retornar al neoliberalismo de los 90, que había sumido al país en la ruina de la que Él y Ella habían logrado salir en mayo de 2003.
Un nuevo relato falso y épico aplaudido por el séquito habitual. Una Presidente desencajada y en barricada, visiblemente molesta y muy asustada -aunque disimulando su temor, que no puede dejar traslucir en su insoportable soberbia- respondía a la movilización integrada en un 90% por clase media y el resto por clase alta y baja. Ningún cambio ni rastros de acceder a reclamo alguno.
La gran falsedad
Los afiches y pancartas "hablaron" en silencio por las multitudes en todos los puntos de concertación. Ni Ella ni sus subordinados cumpliendo expresas instrucciones, podían reconocer que las peticiones de la multitud fueron coherentes, coincidentes y muy claras.
En ninguna se mencionó y menos, se exigió sustituir al modelo K, aunque tan lleno de defectos y errores, ni retornar al neoliberalismo de Menem, ni se le requirió a CK que se hiciera cargo del movimiento ¡esto jamás!
Nunca se pretendió imponer un nuevo modelo, de modo que la Señora nueva y reiteradamente faltó a la verdad.
Solo se expresó el hartazgo de la gente con la forma de gobernar de la Presidente, de sus avasallamientos y violaciones constitucionales y legales de todo tipo, de la corrupción estructurada en el gobierno, de la fortuna personal K que nadie se explica ni es explicable (de $7 millones en 2003 a $89 millones en 2011) y un juez incondicional se apresuró a legitimar, sobreseyendo una denuncia penal que hubiese sido sano para el país que se investigara.
Al inventar mediante un relato mendaz su falsa interpretación se fija tres objetivos: a) crear más odio y divisiones de las que ya ha originado; b) darle letra a sus voceros para el libreto contestatario que repiten robóticamente; c) eludir las respuestas a las verdaderas exigencias.
La Presidente no quiere terminar con la corrupción porque no castiga ni prescinde de sus funcionarios corruptos; quiere una Justicia adicta que le garantice subordinación e impunidad; la seguridad no existe en su plan de gobierno porque es una mera "sensación" aunque produzca muertos, heridos, robos violentos y terror en la población; necesita medios oficialistas y eliminar los independientes para gobernar sin críticas; continuar elaborando arbitrariamente los números falsos del Indec para disimular sus enormes y muy graves distorsiones de la realidad y defraudar a los acreedores con bonos ajustados por inflación o crecimiento; y permitir la reforma constitucional para su reelección complaciendo su propio deseo y el de Diana Conti, para lograr una "Cristina eterna" sin instituciones y sin división de poderes.
Esto, ayudado por el voto de los "niños imberbes" -como llamaba Perón a los montoneros hoy gobernantes- de 16, que en su gran mayoría imagina pertenecen a La Cámpora, y le permitirán éxito electoral en 2013, para lo cual recibió el voto favorable de la oposición que acompañó la ley, oposición que siempre actúa con una ingenuidad cómplice propia del mundo de Disney.
El nuevo enemigo
Ya no es el campo al que tiene que derrotar. Clarín es el enemigo eterno al que con el per saltum y el 7D procura invadir en una nueva Normandía y así lo derrotará definitivamente. Al sindicalismo y movimiento obrero ya los dividió, debilitando su poder de presión como es costumbre. La oposición no existe, carece de líderes y "apichonada" no tiene "poder de fuego".
En sus ensoñaciones palaciegas la Presidente advierte que se ha quedado sin enemigos, lo que para la ideología K es terrible y peligroso. Por ello busca denodadamente neutralizar y sepultar los legítimos reclamos del 13S y 8N, sabiendo que han logrado reducir la adhesión del pueblo a su persona al 30% y con ello, sus esperanzas de perpetuarse en el poder.
A todo esto debe agregarse una economía en incipiente recesión, déficit fiscal causante de más inflación, aislamiento internacional y como frutilla del postre, el embargo de nuestra Fragata Libertad en un puerto africano, que dada la inexistencia de profesionalismo en el Canciller, seguramente se alargará en el tiempo, aumentando proporcionalmente nuestra vergüenza y desazón nacional.
Entonces ha encontrado nuevos enemigos que disipen las nubes negras que se avecinan. ¡Aleluya, ya están, los movimientos de clase media que atemorizan y provocan cólera a la Presidente! Ella y todas sus huestes incondicionales y obsecuentes, deben dedicarse a atacarlos.
Pero no ha advertido que el contenido del 8N fue en gran medida, su propia base de sustentación: la clase media que en parte le suministró el triunfo en las elecciones de 2011 con el 54% de los votos y el 70% de su imagen positiva. Esta estrategia suicida asombra. Si tuviera equipos de asesores y consultores de alto nivel le habrían aconsejado que no enfrentara a la clase media.
La ideología K no internaliza el reconocimiento de errores ni admite la rectificación de vías políticas, económicas, jurídicas y sociales equivocadas. No es necesario que la Señora reconozca por cadena nacional ni ningún otro medio sus yerros.
Por supuesto que si así lo hubiera hecho en actitudes de profunda humildad, el humor nacional le hubiese resultado favorable y electoralmente beneficioso. El arrepentimiento es propio de los grandes y de los justos. ¡Pero esto es imposible en la soberbia y la megalomanía!
Entonces hubiera sido conveniente proceder con hechos y no con palabras desde el atril. Solicitar renuncias a los corruptos y personajes impresentables como Boudou y Moreno. Llamar al diálogo a la oposición. Reconciliarse con los "enemigos". Requerir las mejores opiniones de expertos que los hay y muchos en la Argentina, para encontrar las mejores estrategias y políticas de Estado.
Convocar a los más ilustrados internacionalistas para resolver el grave tema de la Fragata. Restituir la independencia del Poder Judicial y del Legislativo. Restituir la estadística verdadera en el Indec. Discutir de la misma manera los grandes problemas que afectan al país, especialmente el de la inseguridad, salud, educación, droga y drogadicción. Y así seguir con los temas que nos afectan gravemente.
¡Pero esto es una utopía que sabemos inalcanzable! Será el próximo gobierno en 2015 el que deberá afrontar las soluciones de los desquicios que quedarán en el país luego de la gestión K y CK. Pero en el intertanto, ¿llegaremos vivos?
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