Norberto Muravnik: “En Mendoza no se ha incentivado la plantación de olivares”
Asegura que, en la provincia, el patrimonio se perdió a manos de los desarrolladores.
Norberto Muravnik: “En Mendoza no se ha incentivado la plantación de olivares”
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La empresa nació como una olivícola en 1920 y llevó el nombre de Muravnik hasta 1995 cuando, con la incorporación de un socio, pasó a llamarse Pasrai. Hoy se dedica a la elaboración de aceite de oliva, de pasas y tomates deshidratados, y de productos de cosmética y al turismo.
Norberto Muravnik, uno de los dueños, plantea la necesidad de que se incentive el cultivo de olivos y que bajen las tasas de financiamiento para poder ampliar la capacidad productiva.
- Fueron uno de los pioneros en desarrollar el turismo en una olivícola. ¿Cómo surgió esa decisión?
- Como olivícolas fuimos pioneros. Lo organizó mi hijo, que hizo un posgrado en agroturismo. Le hicimos caso en muchas cosas que él decía y que a nosotros, con nuestra mentalidad, nos parecían raras. Pero hay que hacer caso a la juventud, a las ideas nuevas y fue un éxito. Estamos muy contentos con las tres actividades: la elaboración de aceites, la producción de pasas y tomates deshidratados, y el desarrollo de productos de la línea spa: aceites, cremas, jabones, hechos con aceite de oliva.
También sumamos la línea de aceites saborizados.
Tenemos una atención muy diferente a la de las bodegas, porque nosotros no cobramos entrada, tenemos personal capacitado, bilingüe, y hacemos una degustación muy completa, con todos los productos que tenemos. La propaganda de boca en boca no falla. Viene gente de distintas partes del mundo que dice: ‘Si estás en Mendoza no dejes de ir a Pasrai’. Y no es que sea agrandado, es la verdad.
- Nosotros no estamos en ningún supermercado. Sí tenemos el mercado online, la página web, y nuestros clientes son las mismas personas que pasaron por el establecimiento como turistas y nos siguen comprando a través del tiempo.
José Gutiérrez / Los Andes
- ¿Y exportan?
- Somos exportadores pero ahí depende de la política macroeconómica del país. No siempre es sencillo exportar porque el mercado mundial del aceite de oliva lo maneja España, que es el principal productor del mundo y la exportación está subsidiada. O sea, tienen un premio, digamos, por exportar. Mientras que acá está castigado. Tenemos que pagar impuestos para poder vender en el exterior. Sí exportamos muchas pasas.
Nuestro principal mercado es Brasil.
- La fábrica está en Maipú, donde los olivos están desapareciendo. ¿Cómo han logrado mantenerse ustedes?
- Volvemos a la política. A diferencia de otras provincias, como San Juan, donde han incentivado la plantación de olivares, acá no ha habido ningún tipo de incentivo y los olivares grandes se han ido transformando en barrios privados, en desarrollos inmobiliarios. Lo mismo en Europa: se conservan olivares de más de 500 años. Pero nuestros gobernantes no le han prestado atención al tema. Nosotros tenemos productores que mantienen los olivares, pero en muchos casos es por una cuestión de tradición, porque los plantó el abuelo o el bisabuelo. Vamos a ver qué pasa cuando desaparezca esa generación. Si se pierde la tradición o no. Por ahora, producción no nos falta.
- ¿Utilizan un sistema de elaboración del aceite de oliva tradicional?
- Tenemos dos sistemas: el tradicional, con molino de piedra y prensa hidráulica, y el moderno también. Trabajamos con ambos en simultáneo.
- Con el sistema tradicional obtener una calidad premium es mucho más difícil. Hay que tener mucho más cuidado, pero es como el dulce hecho en casa: se conservan más los aromas y los sabores. El moderno es más industrial pero trabaja con la tercera o cuarta parte de personal. Hacemos un corte con los dos. Acabamos de participar en un concurso internacional, Cuyoliva, en el que hemos obtenido una gran medalla de oro.
José Gutiérrez / Los Andes
- ¿Qué características distintivas tiene el aceite que elaboran ustedes?
- La característica no se la da uno sino el fruto. Hay distintas variedades de aceitunas y cada variedad aporta un aroma, un sabor y un color distinto. El que sea premium depende de la pasión, el amor o el cariño que uno ponga cuando lo esté haciendo. O sea, que el tanque esté impecable como si fuera la primera vez que se usa; que se muela la aceituna recién llegada de la cosecha; una suma de detalles que hace que se obtenga un aceite de primera calidad.
- ¿Tienen algún proyecto en mente?
- En lo que hacemos podemos crecer. El tema es que se pueda, porque hasta ahora todo lo que hacemos es con espalda propia. Si nos modernizamos, si agregamos capacidad de vasijas o sumamos inteligencia artificial y no contamos con banco ni con nada, es más lerdo el camino. En gran parte del mundo la tasa de interés que cobran a un emprendedor o a un industrial no llega al 1% anual. Estuve hace poco en un país donde la gente pedía un préstamo y le daban al 0,5% anual. Nosotros estamos a años luz de poder contar con ese tipo de apoyo.
En 1920, Marcos Muravnik (abuelo de Norberto) llegó a Mendoza desde Ucrania, escapando de la primera guerra mundial. En suelo mendocino comenzó a elaborar aceite de oliva extra virgen y frutas deshidratadas, tradición que continuaron las generaciones siguientes. En 1995, cuando se incorpora a la firma Horacio Ilardo, la firma deja de tener el nombre de la familia y surge Pasrai, una combinación de las tres primeras letras de pasas de uva, en castellano y en inglés.