Nicolino, el niño que se atrevió a jugar en el ring - Por Sergio Faria

Nicolino, el niño que se atrevió a jugar en el ring - Por Sergio Faria
Nicolino, el niño que se atrevió a jugar en el ring - Por Sergio Faria

Nicolino Locche, su nombre lo dice todo en el boxeo.

Una leyenda que se agiganta con el tiempo, con un anecdotario extraordinario.

A través de su ingenio se convirtió en un encantador de los espacios reducidos.

Algunos lo conocieron más, otros no tanto, y algunos sólo por el anécdotas de sus malabares sobre un ring, pero todos tratan y han tratado de describir tanto brillo de un deportista, que era más una expresión lírica que un buen boxeador entre las cuerdas.

En que en ese lugar donde los púgiles suelen ser esclavos del nocaut, era un encantador.

Son variadas las historias que rondan su misterioso y elegante boxeo, pero sólo basta con echar un vistazo a sus videos para descubrir que hacía de un lugar donde suelen morir los sueños de campeón un arte de lo defensivo.

Se dice que no le gustaba boxear y que empezó a frecuentar el gimnasio porque Doña Nicolina Corvalán, su madre, no sabía como controlarlo y lo metió en un gimnasio a los 7 años.

Era un niño.

Un niño que en vez de jugar con sus amigos en un potrero comenzó a divertirse en un cuadrilátero.

Un niño al que un viejo vecinito de la cuadra no lo dejaba pasar y un día lo cagó a trompadas, como suelen hacer los niños. Eso sí, sin perder el humor.

Un niño del que no pudo desprenderse nunca, por lo cual divertirse y jugar sobre un lugar tan riesgoso se le hizo costumbre. Una maravillosa costumbre.

El boxeo pasó a ser su juego favorito y terminó siendo un elegante en eso.

Como no le gustaba pegar ni lastimar a nadie (es lo que cuentan), entonces tuvo que aprender a esquivar.

Era a Nicolino a quien  que no le gustaba pegar, pero a sus rivales sí. Entonces había que esquivar, había que caminar (lo hacía casi en puntas de pie), había que retroceder y hacer fintas  y el niño se activaba sobre el ring.

Por eso, más allá de los buenos maestros que tuvo, Locche aprendió, experimentó e inventó todos los artilugios defensivos que alguien puede exponer en un lugar tan peligroso como un cuadrilátero.

Para muchos, Cirilo Gil fue su gran inspirador. Un boxeador elemental en su vida, pero lo de Nicolino era un arte mayor.

Su estado de conciencia  era pleno sobre esos espacios; guiñaba el ojo, saludaba a la muchachada del ring side durante las peleas.

Se llegó a filmar un documental en Europa sobre Nicolino, porque muchos sostienen que la pelea con Paul Fují estuvo arreglada.

Fue tanto el encanto en El Intocable que aún no se sabe si fue ficción o no.

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