5 de enero de 2013 - 21:57

La necesidad de regular la reproducción humana asistida

En un experimento pionero, científicos japoneses lograron crear en el laboratorio óvulos que posteriormente posibilitaron el nacimiento de bebés ratones sanos y fértiles. Los investigadores esperan poder trasladar la técnica a humanos, para ayudar a las

En octubre del año pasado, la revista Science dio a conocer que un grupo de científicos japoneses -Katsuhiko Hayashi y su equipo- logró crear óvulos que posteriormente dieron nacimiento a bebés ratones sanos y fértiles.

Para la investigación, el equipo de la Universidad de Kioto utilizó células madre, tanto embrionarias como adultas pluripotenciales inducidas. Es decir, usó células madre de dos fuentes: provenientes de un embrión y de células de la piel.

Esas células fueron reprogramadas en el laboratorio para convertirlas en células germinales, que son la primera versión de las células sexuales o gametos. Luego, se rodeó a los gametos con otros tipos de células de apoyo que se encuentran normalmente en un ovario. Estos tejidos fueron implantados en tejido ovárico, o sea, trasplantados a ratones hembras para ayudarlas (a las células) a madurar y convertirse en óvulos. Posteriormente, se los extrajo de los ratones, fueron fertilizados in vitro, e implantados en ratones hembras que lograron tener descendientes sanos.

Los investigadores esperan poder trasladar la técnica a humanos, para ayudar a parejas infértiles a tener hijos, e incluso poder superar la menopausia en las mujeres. Si los mismos métodos pueden usarse en humanos, podrían tomarse células de la piel y convertirlas en un óvulo; si se utilizan las células madre de la piel de la mujer que desea ser madre, este método le permitiría tener un hijo que también lo es genéticamente.

Como también pueden intervenir células madre embrionarias o adultas pluripotenciales inducidas y células de ovario extraídas de un embrión, el óvulo que se crea puede estar vinculado genéticamente a otra persona. Como se advierte, de concretarse esa posibilidad en humanos, se produciría un gran paso para la desmitificación de la importancia del dato genético en la relación jurídica de filiación.
En suma, la ciencia avanza, sigue avanzando, y a pasos agigantados.

Por lo general, los avances científicos van adelante del derecho; más aun, dado el gran dinamismo de las ciencias, al derecho le cuesta acomodarse, acompañar o dar soluciones precisas a tales cambios.

Frente a problemas concretos que exigen solución, este asincronismo origina numerosos vacíos jurídicos causantes de indefensión. Es fácil verificar que las técnicas de reproducción humana asistida padecen estos vacíos, con claras repercusiones de índole civil, administrativa o incluso penal.

El derecho no puede mirar para otro lado, ni ir cientos de pasos atrás. No se puede seguir discutiendo si las técnicas de reproducción humana asistida con material genético de un tercero donante deben o no ser admitidas. Hace bastante tiempo la ciencia ha dado respuestas a preguntas elementales que la gente de derecho sigue haciéndose.

Hoy la ciencia plantea nuevas cuestiones, como surge de la noticia que comentamos. El legislador de nuestro país no puede seguir adhiriendo a la política del avestruz. Si lo hace, al Estado argentino puede llegar a sucederle lo mismo que a Costa Rica, que el 28 de noviembre pasado fue condenado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en el caso Gretel Artavia Murillo (amplia información del caso en internet), por cerrar los ojos a la realidad, prohibir las técnicas de reproducción humana asistida que implican congelamiento de embriones y, por estas vías, violar la garantía de igualdad y los derechos de acceso a la salud, a la vida íntima y familiar y al aprovechamiento del desarrollo científico.

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