Nahir Galarza volvió a la cárcel luego de cursar las cátedras de sus estudios universitarios, pero las autoridades del penal decidieron sancionarla cuando le hallaron un celular oculto.
Nahir Galarza volvió a la cárcel luego de cursar las cátedras de sus estudios universitarios, pero las autoridades del penal decidieron sancionarla cuando le hallaron un celular oculto.
La joven, condenada a perpetua por el crimen de su novio Fernando Pastorizzo, estudia Psicología en las aulas de la Unidad Penal I gracias a un convenio entre el Servicio Penitenciario y la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader). Vale recordar que Galarza antes estudiaba Abogacía en una casa de estudios de Concepción del Uruguay, pero decidió cambiarse por la lejanía.
La situación no distaba de lo cotidianidad. Una vez terminadas las clases, Nahir debía regresar a su pabellón en la cárcel para mujeres de Paraná. Pero la sorpresa de los penitenciarios fue grande al requisarla y encontrarle un celular dentro de la cartuchera.
Pese a ser un modelo viejo, el teléfono funcionaba, por lo que se dispuso el secuestro y el inicio de la investigación para establecer los motivos por los cuales Nahir contaba con este elemento prohibido dentro del pabellón, publicó El Once.
También las autoridades buscan establecer desde cuándo la joven tiene el celular en su poder y qué uso le dio. Es que donde está detenida, las reclusas disponen de un teléfono para comunicarse con sus familiares o recibir comunicaciones desde el exterior.
Nahir es la mujer más joven en ser condenada a prisión perpetua en la historia criminal argentina, al ser encontrada responsable del homicidio de Pastorizzo (20), a quien mató de dos tiros en la madrugada del 29 de diciembre de 2017 en Gualeguaychú.
La joven primero dijo que había visto por última vez a su novio la noche anterior, pero luego se fueron sumando pruebas, entre ellas un video que la mostraba caminando cerca de la escena del crimen, que derivaron en que la chica terminara presentándose a la Justicia y confesara el hecho.
Luego fue cambiando su versión para que el crimen quedara como “accidental” y sostuvo que había mentido porque temió que culparan a su padre policía, que era el responsable de la pistola calibre 9 milímetros reglamentaria que se convirtió en el arma homicida.
En julio, fue condenada por "homicidio calificado por la relación de pareja" y la sentencia fue apelada por la defensa y siendo revisada por la Cámara de Casación de Concordia.