6 de octubre de 2012 - 21:22

Nacimientos virginales en víboras salvajes

Normalmente se necesitan dos serpientes -un macho y una hembra - para hacer una camada de crías de cabezas de cobres. Pero ahora, una investigación muestra que las serpientes copperhead o mocasín (Agkistrodon contortrix) y sus venenosas primas cottonmouth o mocasín de agua (Agkistrodon piscivorus) no siempre requieren pareja para establecer a la próxima generación. Estas víboras son capaces de generar nacimientos virginales.

Para algunos vertebrados, la partenogénesis -la reproducción asexual donde los embriones se desarrollan sin fertilización- es la norma. El lagarto cola de látigo de Nuevo México (Cnemidophorus neomexicanus), por ejemplo, es una especie de puras hembras que se reproducen sin ninguna contribución genética de un macho.

Pero en zoológicos y acuarios los zoólogos han empezado a documentar el extraño fenómeno de la partenogénesis facultativa: hembras de especies que normalmente se reproducen sexualmente generando descendencia sin aparearse. Se han registrado embarazos sorpresivos en aves, tiburones y dragones de Komodo (Varanus komodoensis), pero hasta ahora sólo en cautiverio.

Warren Booth, ecólogo molecular de la Universidad de Tulsa, en Oklahoma, ahora informa el primer caso de partenogénesis facultativa en estado salvaje, publicando el estudio en Cartas de Biología.

Durante un trabajo que condujo mientras estuvo en la Universidad Estatal de Carolina del Norte, en Raleigh, Booth y sus colegas capturaron mocasín y mocasín de agua y mocasín preñadas en estado salvaje, que parieron en el laboratorio. Los investigadores sospecharon que algunas de las serpientes se habían reproducido sin participación de machos: en comparación con las que nacen por unión sexual, dice Booth, las camadas de serpientes reproducidas asexualmente típicamente tienen grandes fallas de desarrollo, como bebés que nacen muertos y pocos machos viables.

Cuando vio que algunas de las serpientes habían tenido crías con estas características, “encabezaron mi agenda de genotipos”, señala Booth.

Booth examinó marcadores genéticos en las madres y la descendencia para ver si las crías realmente habían nacido como resultado de partenogénesis facultativa o si eran raras crías de machos, genéticamente similares a la madre.

“Cuando obtuve los resultados de la secuencia del ADN me quedé atónito”, dice. El genotipo comparó la constitución genética de la descendencia con la población de la que fueron sacadas; los resultados indicaron que la probabilidad de una contribución masculina era “infinitesimalmente menor”.

Los investigadores siempre habían creído que la partenogénesis facultativa se daba en estado natural, precisa Booth, pero a él y sus colegas los “impactó” finalmente encontrar la evidencia.

No está claro cómo evolucionó la reproducción asexual en especies normalmente sexuales, pero la ausencia de un proceso llamado impresión genómica pudo haber tenido algo que ver.

En los mamíferos, la impresión genómica causa que un conjunto de genes de un padre domine sobre el del otro, y esta interacción requiere genes de ambos progenitores para crear una descendencia viable. Los reptiles no experimentan impresión genómica, así que no se requiere apareamiento para que las madres desarrollen a sus crías, pero se desconoce por qué.

Tampoco se sabe qué alentó a las serpientes hembras para que se reprodujeran asexualmente. Booth señala que el aislamiento de los machos no es la clave: las serpientes fueron atrapadas en hábitats con machos, que indudablemente buscaban hembras. Por algún motivo, las hembras abandonaron a sus parejas potenciales, o rechazaron el esperma de los apareamientos, para tener camadas partenogénicas.

Booth afirma que el descubrimiento elimina el “dogma prevaleciente” de que la partenogénesis facultativa sólo ocurre cuando las hembras están aisladas.

Phill Watts, genetista ecológico de la Universidad de Liverpool, Reino Unido, coincide en que el estudio calculó “una probabilidad convincentemente baja de paternidad masculina”.

El descubrimiento podría motivar que otros investigadores busquen más ejemplos. “Seguimos careciendo de datos para entender cuándo y por qué se presenta la partenogénesis facultativa en estado natural”, dice Watts.

Casi ciertamente hay otras serpientes, tiburones y lagartos que se reproducen asexualmente, pero el ímpetu biológico de estos maravillosos nacimientos todavía es un misterio.

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