Virus tecno: la Internet de las Cosas nos pone al borde de otra pandemia

La tecnología conectada no sólo vive en celulares y computadoras. Desde hace tiempo está en varios dispositivos del hogar y mantener la seguridad es esencial para resguardar la privacidad.

Virus tecno: la Internet de las Cosas nos pone al borde de otra pandemia
Desde hace tiempo está en varios dispositivos del hogar y mantener la seguridad es esencial para resguardar la privacidad.

El hogar inteligente actual no es como lo imaginaron en Los Supersónicos, la clásica serie animada de los 60, pero el concepto existe y ya no es parte del futuro sino del presente. El hogar conectado excedió a las clases sociales y al poder adquisitivo, y en una casa hay al menos dos o tres dispositivos que se conectan a internet. Conocemos todo los riesgos de seguridad que amenazan a un celular pero no tenemos del todo claro lo que acechan al smart TV, al reloj inteligente o a cualquier otro dispositivo que usa datos. Pues bien, ese ecosistema, por pequeño que sea, es la puerta de entrada a riesgos que, afortunadamente, podemos prevenir.

Las “cosas” con internet

Vamos por partes y pongamos una definición ¿Qué es la Internet de las Cosas (IoT)? Son aparatos que tienen la capacidad de conectarse a la red y ejecutar órdenes pero sin ser considerados una computadora. Pueden ser electrodomésticos, juguetes, parlantes, ropa o sensores. La IoT hace que estos dispositivos generen, intercambien y consuman datos con una mínima intervención humana. No todos tienen una heladera que notifica al smartphone si está rota pero sí muchos poseen una consola de videojuegos o un parlante inalámbrico. Esa capacidad de conectarse es parte del Internet de las Cosas y cuando se expanda en breve la conexión 5G alcanzaremos nuevos niveles de dispositivos inteligentes. El entretenimiento hogareño es el más beneficiado de este avance. No solo creció la oferta sino que se diversificaron los precios y, en pandemia, hubo una renovación de dispositivos para poder disfrutar el tiempo extra en el hogar. Así, el contenido multimedia ahora nos escucha, se puede conectar a otros dispositivos e interactúa con nosotros. Para saber saber algo ya no es necesario abrir Google ni estar frente a una pantalla sino que podemos pedírselo con la voz o para ver una serie con amigos no hay que juntarse sino que se puede armar un grupo en la nube de una app -como ofrecen ahora Netflix y Disney+- y ver el contenido todos al mismo tiempo pero cada uno en su casa.

Un gran poder y una gran responsabilidad

Un mundo conectado es práctico y cómodo pero también inseguro si no nos hacemos cargo de nuestra parte como usuarios. Si un dispositivo se puede conectar a una red corre el riesgo de ser hackeado o invadido por un virus. Cuando eso pasa nuestros datos personales están en peligro. Y no hablamos solo de información privada como nuestro nombre, dirección, número telefónico o datos bancarios sino también de nuestros hábitos, gustos y costumbres. Los dispositivos y aplicaciones de entretenimiento recopilan nuestra actividad para decidir qué ofrecernos. Por eso YouTube o Spotify no sólo conocen nuestra preferencia y sugieren contenidos relacionados sino que también saben qué dispositivos utilizamos para consumirlos. No es difícil de entender el riesgo pero sí de apreciar en profundidad. Hace cuatro años una publicidad de Burger King hizo saltar las alarmas sobre el peligro al que estamos expuestos. En un aviso de 15 segundos aparecía un empleado diciendo que no tenía tiempo de explicar cómo eran sus hamburguesas y decía “Ok, Google ¿Qué es una Whopper?”. En todos los hogares de EEUU donde se vio el anuncio y había un dispositivo de Google se activó el sistema de reconocimiento de voz y empezó a describir el producto. Simple y efectivo pero muy polémico. Burger King se volvió tendencia ya que todos hablaban del hecho pero también desató una tormenta en el mundo tecnológico. Google acusó a la empresa de uso indebido del dispositivo y abogados defensores de derechos del consumidor reclamaron a Google mejoras para que sus aparatos no puedan ser activados por terceros. El software obsoleto, las brechas de seguridad y otras fallas son explotadas por muchos para instalar malware y otros desarrollos maliciosos que si no se controlan segurián el ritmo de cualquier virus: infección masiva y pandemia tecnológica. “Añadir más dispositivos para mejorar el entretenimiento en el hogar aumenta las posibilidades de que haya brechas de seguridad. Un solo dispositivo inseguro -incluso algo tan pequeño como un ‘smartwatch’- podría permitir a los agentes maliciosos comprometer toda la red doméstica”, afirmaron desde la empresa Trend Micro a Europa Press.

Cómo protegerse

El “chiste” publicitario de Burger King hizo reforzar la seguridad en Google pero proteger datos es un trabajo de a dos: responsabilidad empresaria y compromiso del consumidor. Los expertos en seguridad piden a los usuarios revisar la configuración de cada dispositivo que posean y desactivar lo que consideren innecesario. También instan a saber qué clase de datos recopila cada uno, ya que no todos son necesarios para el funcionamiento de un dispositivo. Otro consejo es mantener actualizado cada dispositivo. Las compañías refuerzan constantemente la seguridad del software pero cae en saco roto si el usuario no instala nuevas versiones. También recomiendan que si un dispositivo es viejo y dejó de actualizarse, se desconecte de la red. “Utilice herramientas de seguridad que puedan escanear periódicamente sus dispositivos en busca de vulnerabilidades”, agregan desde Trend Micro.También, y muy importante, llaman a reforzar las contraseñas e instalar la autenticación en dos pasos. Para tener password más seguras se puede utilizar un gestor que las genera automáticamente y las almacena en un solo lugar. Además aconsejan no utilizar la misma para muchas cuentas o dispositivos. Para la autenticación en dos pasos se puede utilizar la que ofrece cada app -WhatsApp o Gmail tienen una propia- o utilizar un gestor como Google Authenticator, que es gratis y muy útil.

Un arma de doble filo

La cantidad de información que una app o dispositivos puede recopilar sobre nosotros puede parecer abrumadora. Sin embargo, mientras más datos tienen mejor funciona la tecnología. El acento que utilizamos al hablar es analizado para que un aparato con micrófono nos entienda claramente o la geolocalización activada nos brinda información clara de cualquier comercio que busquemos cerca de casa. Sin embargo este “espionaje” puede ser un peligro en manos equivocadas. Las grandes empresas, por el momento, intentan transmitir seguridad y evitar la paranoia y algunas les va mejor que a otras. Con el tiempo aprendieron que deben notificar a los usuarios de todo lo que hacen y pedirles permiso, algo que ahora parece obvio pero que hasta hace unos años no se consideraba necesario porque era parte del proceso de mejora de software.

Tay, la IA que se volvió racista

En 2016 Microsoft puso a prueba un desarrollo de inteligencia artificial diseñado para interactuar con jóvenes de entre 18 y 24 años en Twitter. Se llamaba Tay y en sólo 24 horas pasó de ser amable a ser racista, sexista y violento. ¿Por qué? Porque estaba diseñado para interactuar con humanos y sacar conclusiones. Y así le fue. En un tuit pidió que las feministas “ardiesen en el infierno” luego de haberlas defendido horas antes y más tarde terminó de descarrilar al afirmar en otro mensaje que “Hitler tenía razón”. Rápidamente se le dio de baja y desde entonces no regresó.

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