9 de abril de 2013 - 20:32

Murió la mítica Sara Montiel, icono español de Hollywood

La actriz falleció este lunes en su domicilio madrileño a los 85 años de edad. Enormemente popular en Latinoamérica, está considerada la actriz española más célebre de Hollywood

Considerada un mito del cine y de la canción, no sólo para varias generaciones de españoles sino también en los Estados Unidos y la América hispana, la actriz y cantante Sara Montiel -“Saritísima”, para los madrileños- murió hoy en su residencia de Madrid a los 85 años. La diva falleció tras sufrir un desvanecimiento, sin que hasta el momento hayan trascendido las causas definitivas del deceso, según informó su biógrafo Pedro Villora.

Protagonista de más de 50 películas, fue también un ícono de belleza que vivió una agitada vida amorosa y se hizo famosa por fumar puros en el escenario cuando cantaba.

“Ella era las dos cosas: actriz y cantante. Pero sobre todo actriz, que siempre fue el sueño de su vida”, dijo Villora.

Trayecto

Nacida el 10 de marzo de 1928 en el municipio de Campo de Criptana, en la región central de La Mancha, María Antonia Abad Fernández, tal su nombre real, fue hija de un agricultor y una vendedora de productos de belleza.

En su adolescencia ganó un concurso de talentos realizado por Cifesa, en ese entonces la casa cinematográfica más influyente de España, y en 1944 arrancó su prolífica carrera fílmica con “Te quiero para mí”, del húngaro radicado en España Ladislao Vajda, película en la que ya apareció con su nombre artístico definitivo.

Durante los cuatro años siguientes participó en 14 películas, entre ellas el drama “Locura de amor” (1948, de Juan de Orduña), cuyo gran éxito la impulsó a una carrera cinematográfica en México entre 1950 y 1954.

“México sigue siendo mi segunda patria”, aseguró Sara en una entrevista en noviembre de 2007. “Allí llegué en el año 50 y se me abrieron las puertas inmediatamente, me abrieron los brazos, tengo un gran recuerdo de México”.

Atraídos por su belleza y su talento, los productores de Hollywood la presentaron al público estadounidense en “Vera Cruz” (1954, de Robert Aldrich), que protagonizó junto a Gary Cooper y Burt Lancaster.

Posteriormente actuó en “Serenade” (1955) con Mario Lanza, bajo la dirección de Anthony Mann, quien llegó a ser el primero de sus cuatro maridos.

“Nunca, nunca, nunca” imaginó que llegaría a ser tan exitosa, admitió en la misma entrevista de 2007. Desde los cinco años, cuando sus padres comenzaron a llevarla al cine, su “sueño más grande era llegar a ser artista y triunfar”, como la actriz Ingrid Bergman o la cantante Edith Piaf.

A la pregunta de por qué llegó a conquistar el mundo con cerca de 50 películas y casi una treintena de discos, solía responder: “Por el ahínco que he tenido siempre de procurar hacer las cosas lo mejor posible y rodearme de un equipo bueno”.

Tras protagonizar junto con Rod Steiger el western “Yuma” (1957, dirigida por Samuel Fuller), Sara decidió regresar a su país natal, donde apenas había gozado de éxito antes de viajar a México.

El gran salto

El estrellato definitivo se dio con “El último cuplé” en 1957, una de las películas más taquilleras de la historia del cine español y que fue un éxito en todo el mundo.

La misma Sara recordó que cuando llegó al cine y vio al público con los pañuelos enjugándose las lágrimas pensó que había logrado su objetivo de convertirse en una estrella y movilizar al público.

“La violetera” (1958, dirigida por el argentino exiliado en España Luis César Amadori) fue un suceso aún más grande que “El último cuplé”. La actriz llegó a cobrar por este film más de un millón de dólares, algo insólito en aquellos tiempos. La canción principal y la banda sonora se vendieron tan bien que su carrera como cantante también empezó a ir sobre ruedas.

Montiel se estableció en España como referente indiscutible de la gran pantalla. Protagonizó y produjo decenas de películas y musicales. No volvió a pisar Hollywood porque, según reconoció años después, su cabello oscuro y rasgos latinos limitaron su presencia a papeles secundarios como india en westerns de la época.

“Efectivamente no me trababan bien en Hollywood, quizá por envidia o porque era un intrusa en su mundo, sobre todo siendo latina”, comentó en alguna ocasión.

Diva de la canción

Tras la muerte del dictador Francisco Franco en 1975, dejó el cine y se volcó de lleno a la musical, protagonizando espectáculos de variedades en teatros y televisión. Su tono de voz baja y muy grave revitalizó el cuplé.

Una de sus señas de identidad era la de fumar puros en el escenario, un hábito que en aquel entonces parecía reservado sólo a los hombres. Montiel contó que fue el escritor Ernest Hemingway, uno de sus tantos amantes, quien le enseñó a fumar habanos.

En la década de 1990 participó también en la televisión española con una serie llamada “Sara y punto”, en la que entrevistó a invitados tan famosos como Luciano Pavarotti o Charles Aznavour y desde donde se mostró seguidora confesa de artistas como Ricky Martin o el español Alejandro Sanz.

A pesar de su extensa y fructífera trayectoria, Montiel se quedó siempre con las ganas de hacer una película sobre la vida de Catalina II de Rusia y de actuar en un cine “con argumentos más fuertes”, con un guionista que “no hubiese estado tan oprimido por la censura” de la dictadura de Franco.

Si bien tuvo la posibilidad de elegir a sus directores y a los actores que la acompañaban, no consiguió que Roger Moore protagonizara con ella “La bella Lola” (1962) porque estaba comprometido con la serie de televisión británica “El Santo”.

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