El regreso de Diego el Cigala a Mendoza representa un acontecimiento musical de incuestionable atractivo, una de esas citas artísticas a las que resulta difícil dar la espalda. El próximo 12 de abril, en el Arena Maipú Teatro, el cantaor español presentará entre nosotros, y dentro de una gira internacional que abarca Argentina, Uruguay y Chile, Flamenco y Son, un espectáculo que condensa su recorrido musical y reafirma una identidad artística construida en el cruce de tradiciones.
Desde sus inicios arraigados en el flamenco hasta su apertura hacia géneros como el bolero, la salsa y, especialmente, el tango, Cigala ha desarrollado una obra que se mueve con naturalidad entre todas las orillas. Lejos de entender esos desplazamientos como giros estratégicos, su trayectoria parece responder más bien a una lógica afectiva: cada género incorporado funciona como una extensión de su propio lenguaje expresivo. Tal como él mismo lo expresa en esta entrevista “El flamenco es mi raíz, mi identidad, lo que yo soy, pero el tango, la salsa, el bolero… son como hermanos muy cercanos”. Y en ese mapa sonoro, América Latina ocupa un lugar central, y Argentina, en particular, ha dejado una huella decisiva en su manera de cantar y de entender la música.
El espectáculo que traerá a Mendoza el sábado próximo (entradas en Ticketet) propone justamente ese recorrido. Habrá flamenco en su estado más reconocible, pero también versiones, relecturas y momentos donde el repertorio se expande hacia otros climas. No se trata de una suma de estilos, sino de una integración que, con los años, se ha vuelto orgánica e inconfundible.
A más de dos décadas de la publicación de Lágrimas Negras —el disco que marcó un punto de inflexión en su proyección internacional—, Cigala atraviesa un momento de madurez artística. En la charla con Estilo él lo define como “un momento de mucha conciencia. Ya no canto para demostrar nada, canto para sentir”.
A continuación la entrevista completa con Diego El Cigala:
—Volvés a la Argentina y a Mendoza. ¿Qué significa reencontrarte con el público mendocino?
—Argentina siempre ha sido una tierra muy especial para mí. He vivido noches inolvidables en el escenario y en la intimidad. El público argentino tiene una sensibilidad única, muy profunda. Y para mi volver a Mendoza después de unos años es un regalo. Echaba de menos estas tierras.
—¿Cómo definirías tu momento artístico actual?
—Estoy en un momento de madurez, de mucha conciencia. Ya no canto para demostrar nada, canto para sentir. He vivido mucho, he pasado por muchas etapas personales y artísticas, y todo eso se refleja en la voz, todo lo que he aprendido. Hoy me siento más libre, más cómodo, más tranquilo también.
—Tu carrera ha sido un puente constante entre el flamenco y otros géneros como el tango y la salsa. ¿Cómo dialogan hoy esas influencias?
—Para mí nunca hubo fronteras. El flamenco es mi raíz, mi identidad, lo que yo soy, pero el tango, la salsa, el bolero… son como hermanos muy cercanos que ya forman parte de mi familia. Todos hablan del amor, del desgarro, de la nostalgia. Hoy conviven de manera natural en mi repertorio.
—Desde “Lágrimas Negras” hasta tus trabajos más recientes, tu voz ha transitado distintas geografías musicales. ¿Sentís que tu manera de cantar cambió con los años?
—Claro que sí. La voz cambia según voy cambiando yo. Antes tenía más ímpetu, más impaciencia. Ahora diría que quizá hay más profundidad, más matiz, más pausa. Pero la esencia sigue siendo la misma, cantar con el alma abierta.
—El flamenco tiene algo ritual y de espiritual. ¿Cómo es tu preparación antes de un concierto?
—Para mí es un momento muy íntimo. Necesito silencio, concentración. No soy de hablar mucho antes de salir. Me gusta estar conmigo mismo y con mi equipo, recordar de dónde vengo, pensar sobre todo en Dios y en mis maestros, en mi familia. El escenario es un templo, y hay que salir con respeto.
—A lo largo de tu trayectoria trabajaste con grandes músicos y productores. ¿Qué aprendiste de esas colaboraciones?
—He tenido la suerte de compartir con los mejores músicos del mundo y de todos he aprendido. He aprendido disciplina, humildad y sobre todo escucha. En la música todo es escuchar. Si no escuchas al que tienes al lado, no hay magia. Cada vez valoro más el equipo, al grupo, sin ellos en el escenario no eres nada.
—En tiempos en que la música se consume de manera tan fragmentada, ¿qué valor creés que tiene el concierto en vivo?
—La música en vivo es la música de verdad, de donde viene y donde nace la música. La creación en directo, donde se hace el milagro. Gracias a la música grabada podemos disfrutar a los grandes cuando queramos y escuchar a artistas que ya no están y tenemos que estar agradecidos, pero nada podrá nunca superar a la música en directo.
—El tango ocupó un lugar central en tu discografía. ¿Sigue presente en tus shows actuales?
—El tango casi siempre está presente. Argentina me marcó profundamente y el tango forma parte de mi carrera y de mi manera de cantar. En mis conciertos siempre hay espacio para ese repertorio aunque sea un guiño a esos discos de Cigala&Tango y Romance de la luna Tucumana.
—¿Qué puede esperar el público mendocino de esta presentación? ¿Habrá invitados o un repertorio especialmente pensado para esta gira?
—Van a encontrar un recorrido por las canciones que han marcado mi camino: flamenco, bolero, tango y son que he preparado con mucho cariño pensando en temas que no se han escuchado últimamente en mis giras y pensando en Argentina especialmente. Siempre puede haber alguna sorpresa, porque me gusta dejar espacio a la improvisación. Pero sobre todo van a encontrar verdad, emoción y entrega total.
—¿Hay algún nuevo disco en puerta? ¿Qué nuevos proyectos o búsquedas artísticas te entusiasman en este momento?
—Si, estoy trabajando en mi próximo disco de estudio, que será dedicado al flamenco, una vuelta a casa, después de 20 años ni más ni menos. Imagino que para final de año estará listo. Sigo persiguiendo todo lo que me emociona sin límites, tengo otro par de proyectos en los que estoy trabajando muy originales. Sigo enamorado de la música como el primer día.