19 de diciembre de 2012 - 02:22

Más de 30 murgas celebraron su día con tambores y color

Unos 200 murgueros festejaron en la plaza Independencia con bailes y bombos. La celebración fue instaurada desde 1999 tras la muerte de tres jóvenes en Rivadavia.

Unos 200 integrantes de más de 30 murgas mendocinas celebraron su día con un ruidoso y colorido festejo en la plaza Independencia.

Desde las 18 las agrupaciones ganaron el espacio verde en pleno corazón de la ciudad y, a fuerza de bombos, redoblantes y coloridas vestimentas, le dieron vida al festejo. El “Rey Momo” se adelantó al Carnaval y contagió a los murgueros, que como poseídos, comenzaron a saltar y bailar al compás de los corsos.

Pero tanta alegría y ritmo tienen un antecedente trágico, que se desencadenó el sábado 18 de diciembre de 1999 a las 22.20. Esa noche, un grupo de murgueros fue convocado para participar del cierre del ciclo lectivo en la escuela Hipólito Vieytes, en el distrito rural La Libertad, de Rivadavia.

Los jóvenes de las murgas “Los herederos de La Gloria”, “Los hijos del sol” y “Los gloriosos intocables” estaban apostados sobre el carril Galigniana mientras esperaban su actuación.

En ese momento, Carlos Barossi, quien guiaba un Fiat Duna de color rojo, perdió el dominio de su vehículo y terminó contra los murgueros. El automóvil embistió y mató a tres murgueros (Sergio Daniel Gómez, Daniel Ojeda y Pablo González) que iban por el costado de la calzada y les provocó heridas a otras 14 personas.

A 13 años del trágico final, los bombos volvieron a sonar y con sus típicos disfraces los murgueros vivieron “un día para festejar pero para no olvidar”, como proclaman los organizadores del evento.

“A raíz de la tragedia las murgas comenzaron a juntarse el 18 de cada mes frente a la Legislatura para pedir una respuesta hasta que salió la sentencia contra Barossi de tres años de prisión en suspenso y siete años de inhabilitación para conducir. Cada 18 de diciembre nos volvíamos a juntar y comenzamos a festejar el Día del Murguero”, explicó a

Los Andes

“Vampiro”, integrante de “Los caballeros del remo” y uno de los organizadores del festejo.

Y agregó: “Nosotros mismos nos decíamos ‘feliz día’ hasta que con los años salió una ley provincial que avaló el 18 de diciembre como Día provincial del Murguero. Esto en los encuentros de murga de otros lados fue haciendo mella y hoy hay murgas festejando en muchísimas partes del país”.

Montados en largos zancos, levantando estandartes y maquillando sus alegres rostros, mujeres, hombres y niños manifestaron el orgullo de pertenecer a una murga. Mientras, varios curiosos se apostaron en un improvisado escenario circular para disfrutar de la performance de cada grupo desde las 20.30.

“Cuando bailamos representamos a la liberación; eso significan los tambores. La murga tiene partes donde se baila abajo, que significa el sometimiento del esclavo, y los tres saltos que damos significan la liberación de las cadenas. Nos liberamos, saltamos y bailamos para expresar la lucha y la libertad”, explicó Paula De la Vega, integrante de “Los tentados por el pulso”, una murga capitalina de 50 miembros que nació hace 13 años.

“La murga es un sentimiento; es algo que hacemos fuera de trabajo sin esperar nada. No recibimos plata de nadie, lo hacemos porque nos gusta. A veces en Carnaval tenemos dos o tres funciones por día y no tenemos transporte, pero no nos importa porque la idea de la murga es recorrer el barrio y llevar alegría. El objetivo es la integración de la comunidad”, añadió entusiasmada la joven.

Ese mismo sentimiento parece replicarse en los corazones de cada murguero, por eso “Vampiro” coincide con su “colega”. “Para nosotros la murga es la vida, la alegría, el escape y el refugio del alma que tenemos para pelear contra la injusticia y la miseria de plata y de alma. La murga nos une y nos muestra un mundo que no conocíamos y, al ser un espectro tan amplio, hay lugar para todos”, concluyó el joven, ataviado con un colorido traje y un antifaz pintado sobre su rostro, mientras un incesante desfile de comparsas invadía la ciudad.

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