6 de diciembre de 2015 - 00:00

Murciélagos vampiro: una lección de altruismo

Las hembras de quirópteros regurgitan su alimento para compartirlo con sus amigos que no tuvieron la suerte de encontrar comida.

Las murciélagas vampiro donan sangre a sus amigos para garantizar su sobrevivencia en el futuro, según un nuevo estudio que sugiere que la vida social de estos animales es mucho más sofisticada de lo que creíamos.

El descubrimiento ilumina más a esta especie frecuentemente difamada, nativa de los trópicos americanos. Los murciélagos vampiro solo comen sangre (pequeñas cantidades sin dañar a su fuente) y para ello han amasado un notable hardware biológico. Pueden percibir la temperatura corporal como las serpientes de cascabel, correr y saltar sorprendentemente bien, así como orinar la mitad del contenido de agua de sus comidas de sangre a los 30 minutos de haber comido.

También viven en comunidades cerradas donde múltiples hembras no emparentadas se agrupan con regularidad, quizá dando a sus crías (y a ellas mismas) calor corporal y protección contra depredadores. Los murciélagos vampiro cuidan a sus crías durante nueve meses; mucho tiempo en comparación con otros murciélagos que normalmente se vuelven independientes en aproximadamente un mes.

El asunto no termina ahí. Las hembras vampiro también ayudan a sus amigos compartiendo sangre regurgitada con murciélagos que no tuvieron la suerte de encontrar comida. Véalo como una póliza de seguro sobre la marcha: si un murciélago vampiro se pierde dos cenas al hilo, morirá de hambre.

Siendo un ejemplo clásico de lo que se llama altruismo recíproco (ayudar a otros para que puedan ayudarlo a uno), este fenómeno ha impresionado a los científicos desde que Gerald Wilkinson, biólogo de la Universidad de Maryland, informó al respecto por primera vez en la década de 1980.

Pero Wilkinson no tuvo a su disposición la tecnología actual de monitoreo. Por tanto, hace varios años Gerald Carter, en ese entonces estudiante de Wilkinson y actualmente del Instituto Smithsoniano de Investigación Tropical de Panamá, decidió subir la apuesta.

Carter trabajó con zoológicos para establecer una población cautiva de decenas de murciélagos vampiro comunes (Desmodus rotundus) emparentados y no emparentados en la Organización por la Conservación de Murciélagos, en Michigan. Posteriormente los observó durante tres años, agazapándose en el fondo de su encierro con una cámara videograbadora sensible a luz infrarroja.

Durante ese período, Carter registró qué murciélagos tendían a compartir su comida.

Para invocar artificialmente la generosidad de los murciélagos, Carter forzó a algunos murciélagos a hacer ayunos de 24 horas. Después reintrodujo a los murciélagos (tanto hembras como machos) en el grupo, llevando un registro de los murciélagos que ofrecían bocadillos de vómito a sus hambrientos camaradas.

Al repetir estas pruebas cientos de veces, Carter notó que cuando una hembra en ayunas había compartido comida previamente con otras hembras, recibía más sustento total que una hembra egoísta. Y algunos murciélagos se negaron a ayudar a murciélagos que tenían la panza vacía pero que anteriormente los habían rechazado, en conformidad con el análisis de "ojo por ojo" de Wilkinson.

Sin embargo, Carter también notó que para muchos murciélagos, que un donador con la panza vacía pero por lo demás dispuesto les negara un bocadillo, no afectaba la relación. De hecho, los que previamente no pudieron dar a sus vecinos hambrientos donaron aún más una vez que tuvieron comida para compartir, "de la misma forma en que alguien se mostraría especialmente generoso con un amigo si durante mucho tiempo no lo pudo ayudar", explica Carter.

El descubrimiento sugiere que las hembras llevan un registro constante de a quién pueden recurrir en tiempo de necesidad, y que trabajan activamente para resarcir relaciones que se han apartado. "Compartir comida no es algo simplemente aislado", indica Wilkinson, coautor del nuevo estudio que fue publicado el 18 de noviembre en la revista Proceedings de la Real Sociedad B. "Integran (interacciones sociales) durante un largo periodo", considera.

Elefante con forma de murciélago
"Simplemente estoy encantado", dice Brock Fenton, biólogo de la Universidad de Ontario Occidental que no participó del estudio. Su enfoque detallado "finalmente nos da cierto indicio sobre cómo pudo haber evolucionado el acto de compartir comida" como seguro contra cacerías infructuosas.

Entre sus profundas habilidades de cooperación social y habilidades parentales, "casi se ve a un elefante con forma de murciélago", subraya Fenton.

Los investigadores siguen teniendo más trabajo por delante, incluyendo la identificación de cómo hacen las madres para enseñar a sus hijos reglas de etiqueta para compartir vómito.

Pero en el ínterin, las hembras enseñan una lección valiosa, aunque sangrienta. "Los murciélagos vampiro realmente son muy buenos para compartir", dice Winifred Frick, etólogo de la Universidad de California, en Santa Cruz, que no formó parte del estudio.

"Todos podríamos aprender un poco de su historia", agrega.

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