En una nueva y severa advertencia a la República Islámica, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que su administración responderá de manera directa contra la infraestructura civil iraní ante cualquier hostilidad en el Estrecho de Ormuz.
A través de su red social Truth Social, el mandatario detalló que, por cada barco atacado con misiles, drones o cohetes, las fuerzas estadounidenses destruirán un puente o una planta de energía, incluso aquellos ubicados en la capital, Teherán.
Esta escalada se produce en un contexto de once noches consecutivas de bombardeos estadounidenses contra Irán, en el marco de un conflicto que se ha intensificado desde finales de febrero por el control de esta vía marítima estratégica.
El Estrecho de Ormuz es vital para la economía global, ya que por él transita una quinta parte del petróleo y gas natural del mundo. Como consecuencia directa de la inestabilidad, el precio del barril de Brent subió por encima de los 94 dólares, alcanzando su nivel más alto en seis semanas.
La postura de la Casa Blanca ha sido reforzada por el Secretario de Estado, Marco Rubio, quien advirtió desde Filipinas sobre el "precedente peligroso" que supondría permitir que un Estado nación controle y ataque buques en una vía navegable internacional.
Mientras tanto, la actividad militar en la zona no cesa: medios iraníes informaron recientemente sobre un ataque con misiles estadounidenses contra la isla de Larak, situada en el corazón del estrecho.
Además de la infraestructura civil, Trump ha puesto en la mira el programa atómico de Teherán, prometiendo golpear "con mucha fuerza" cualquier sitio donde se sospeche el desarrollo de armas nucleares. En particular, Washington ha señalado el monte Kolang, en la provincia de Isfahán, como un posible complejo secreto.
Por su parte, el gobierno iraní ha negado rotundamente la existencia de instalaciones clandestinas, calificando las acusaciones como un "pretexto fabricado para la agresión" y afirmando que sus actividades están plenamente declaradas ante el OIEA.
A pesar de que el propio Trump reconoció la existencia de un "diálogo entre bambalinas", el mandatario ha mostrado nulo interés en un encuentro diplomático formal hasta que Irán esté preparado para una reunión "significativa".
En este clima de confrontación, los esfuerzos de mediación de países como Pakistán parecen no haber logrado, hasta el momento, frenar lo que Teherán ya define como un conflicto de "gran escala".