20 de enero de 2026 - 12:04

Rusia y Ucrania pactan una tregua para evitar un desastre nuclear en la central más grande de Europa

Rusia y Ucrania acordaron un cese al fuego temporal para que electricistas reparen la red eléctrica de la central nuclear de Zaporiyia y evitar una catástrofe.

En un movimiento inesperado en medio del conflicto, Rusia y Ucrania pactaron una tregua local para permitir reparaciones críticas en la central nuclear de Zaporiyia. Mediado por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), este alto al fuego busca estabilizar el suministro eléctrico de la planta más grande de Europa para prevenir un desastre.

A pesar de la intensidad de los combates, la necesidad de evitar un accidente nuclear ha obligado a ambos bandos a bajar las armas momentáneamente en un punto específico del mapa. El objetivo es permitir que un equipo de especialistas trabaje en la línea de suministro eléctrico de reserva de 330 kilovoltios, la cual resultó dañada el pasado 2 de enero debido a las hostilidades.

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Electricistas en la línea de fuego: un acuerdo por la seguridad global

Esta tregua, que ya es la cuarta de su tipo desde que comenzó la ocupación, demuestra que el diálogo técnico aún es posible cuando el riesgo es extremo. El director del OIEA, Rafael Grossi, destacó que este pacto es indispensable para mantener la estabilidad de la planta.

Actualmente, el complejo de Zaporiyia depende de una única línea principal de 750 kilovoltios para su funcionamiento externo, lo que pone a la infraestructura en una situación de vulnerabilidad extrema.

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Lo más sorprendente de este hecho es la logística detrás del acuerdo: especialistas ucranianos son los encargados de realizar las tareas de reparación bajo la supervisión directa del personal del OIEA en el terreno. Mientras los soldados mantienen el dedo en el gatillo a pocos kilómetros, los técnicos trabajan contra reloj para asegurar que el sistema de enfriamiento y seguridad de los seis bloques de reactores, que permanecen en estado de "parada fría" desde 2022, no falle por falta de energía externa.

El riesgo cotidiano y la lucha por el control de la energía

La situación en Zaporiyia no es solo un problema militar; tiene un impacto directo en la vida cotidiana de millones de personas. Antes de la guerra, esta planta generaba casi una quinta parte de la electricidad de toda Ucrania. Hoy, su inestabilidad representa una amenaza constante de contaminación radiactiva que podría extenderse por todo el continente si el suministro eléctrico fallara de forma definitiva.

Mientras se prepara esta misión técnica, la tensión política no cede. Existe una propuesta desde Washington para que la planta sea operada de forma conjunta por Ucrania, Estados Unidos y Rusia. Sin embargo, desde Kiev ven esta solución con desconfianza, temiendo que un manejo compartido termine legitimando la ocupación rusa en el territorio.

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Para el ciudadano común, este hecho resalta cómo la seguridad más básica, como la integridad de una planta nuclear, pende de un hilo en medio de la política internacional. La paradoja es total: en una guerra de desgaste, la supervivencia compartida depende de que dos enemigos se pongan de acuerdo para que un grupo de electricistas pueda hacer su trabajo en paz.

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