La represión de las protestas en Irán dejó un saldo que ya no admite matices ni eufemismos: más de 2.500 muertos en todo el país, según denunciaron organizaciones de derechos humanos, en lo que se convirtió en la ola de violencia interna más letal en décadas y que inevitablemente remite al clima previo a la Revolución Islámica de 1979.
De acuerdo con la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos, con sede en Estados Unidos, la cifra de víctimas fatales ascendió al menos a 2.571 durante la madrugada del miércoles.
Del total, 2.403 eran manifestantes, 147 personas estaban vinculadas al aparato estatal y otras nueve eran civiles que no participaban de las protestas. Entre los muertos se contaron también 12 niños.
Además, el grupo estimó que más de 18.100 personas fueron detenidas en el marco de la ofensiva de seguridad desplegada por el régimen, destacó la agencia EFE.
Manifestantes en una calle en Teherán (Irán) el 9 de enero
Manifestantes en una calle en Teherán (Irán) el 9 de enero
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Las manifestaciones comenzaron a fines de diciembre, inicialmente motorizadas por el deterioro de la situación económica, la inflación y el desempleo. Pero en pocos días el reclamo mutó y apuntó de lleno contra el corazón del poder político y religioso del país. El blanco principal pasó a ser el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, de 86 años, una figura que durante décadas resultó prácticamente intocable en el espacio público iraní.
Imágenes obtenidas en Teherán mostraron grafitis y consignas que pedían abiertamente la muerte de Jamenei, una acusación que en Irán puede derivar en la pena capital. Ese nivel de desafío marcó un punto de quiebre.
El Estado teocrático respondió con una represión masiva, cortes de comunicaciones y un cerco informativo casi total. Recién el martes, tras varios días de bloqueo, los iraníes lograron realizar llamadas telefónicas al exterior, lo que permitió dimensionar el alcance real de la violencia.
La televisión estatal iraní realizó su primer reconocimiento oficial de las muertes, al citar a un funcionario que habló de “muchos mártires”, sin ofrecer cifras ni responsabilidades. El término, cargado de simbolismo religioso, evitó cualquier referencia directa a la represión y buscó encuadrar el conflicto en un relato épico, mientras las imágenes y los testimonios mostraban una realidad muy distinta.
Irán dice que atacará las bases de EEUU si Trump lanza una ofensiva
El impacto de la crisis también escaló al plano internacional.
Además, anunció que canceló todas las reuniones con funcionarios iraníes “hasta que cese la matanza sin sentido de manifestantes” y aseguró que “la ayuda está en camino”, sin precisar de qué tipo ni a través de qué canales.
La reacción desde Teherán no tardó en llegar. El ministro de Defensa iraní, el general de brigada Aziz Nafizardeh, advirtió que Irán atacará bases estadounidenses en la región si Washington lanza una ofensiva contra el país.
Según afirmó, todas las bases de Estados Unidos y de otros países que colaboren con un eventual ataque serán consideradas “objetivos legítimos”. “La respuesta iraní será dolorosa para los enemigos”, sostuvo, elevando el tono de una crisis que ya no se limita al plano interno.