8 de enero de 2026 - 14:00

Insólito: existe un país que aún no llegó a 2026 y vive en 2018

Este país de África mantiene un sistema de datación único con 13 meses que sitúa a sus habitantes ocho años detrás del resto.

Etiopía fue el único país que celebró recientemente la llegada del año 2018, marcando una asombrosa diferencia de casi ocho años con el calendario gregoriano. Este fenómeno no es un error, sino el resultado de tradiciones ancestrales y una forma única de medir el tiempo que atrae la curiosidad global.

Etiopía, el único país con un mes más en el calendario

Aunque para la mayoría del planeta el año que corre sea el 2026, en esta nación del Cuerno de África la realidad es distinta. La principal diferencia radica en que el calendario etíope, basado en el de la Iglesia ortodoxa copta, consta de 13 meses. En este sistema, los primeros doce meses tienen exactamente 30 días cada uno, mientras que el mes número 13, llamado Pagumē o Pagumen, funciona como un depósito para los días restantes del año, albergando cinco días (o seis en años bisiestos).

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La razón detrás del desfase de casi ocho años con el resto de los países es de carácter teológico. El calendario de Etiopía sitúa el nacimiento de Jesús ocho años más tarde de lo que se calcula en el mundo occidental. Esto genera que, mientras en España o Argentina se transita un año determinado, los habitantes de Etiopía vivan cronológicamente en el pasado, celebrando su Nochevieja cada 11 o 12 de septiembre. Para los turistas, esta situación resulta desconcertante; es común comprar un producto en una tienda local y recibir una factura que indica una fecha de hace casi una década.

El impacto en el día a día y la convivencia de dos mundos

A pesar de esta singularidad, Etiopía no vive aislada. Para evitar complicaciones en un mundo globalizado, las organizaciones gubernamentales y los mercados internacionales utilizan el calendario gregoriano para sincronizarse con el exterior. Sin embargo, en la vida privada y social, el calendario local es el que manda, definiendo festividades y ritmos de vida que son motivo de orgullo nacional.

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La llegada del año nuevo, conocida como Enkutatash o "regalo de las joyas", es una de las festividades más importantes. Esta celebración coincide con el fin de la estación seca, cuando las colinas de Adís Abeba se cubren de flores amarillas que simbolizan el renacer. Las familias se reúnen para disfrutar del doro wat (un estofado de pollo típico) y la injera, un pan fermentado hecho de harina de tef que es la base de su gastronomía.

Esta forma de concebir el tiempo impacta incluso en la identidad de sus habitantes. Los etíopes se ven a sí mismos como guardianes de una cultura que nunca fue colonizada, manteniendo tradiciones que se remontan a miles de años, como la leyenda del rey Salomón y la reina de Saba.

Así, vivir en el "año 2018" no es para ellos un retraso, sino una manifestación de su soberanía cultural y de una historia que se niega a ser borrada por la estandarización global.

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