3 de marzo de 2026 - 10:40

Estrecho de Ormuz: qué implica su cierre y por qué es tan importante para el mundo

Se estima que un 20% del petróleo y del gas natural licuado que se comercializa en el mundo pasa por el corredor marítimo que une al Golfo Pérsico con el de Omán.

Hay lugares del planeta que no necesitan grandes edificios ni bolsas de comercio para definir el pulso de la economía global. El estrecho de Ormuz, corredor marítimo de apenas 33 kilómetros de ancho, es uno de ellos. Una franja de agua angosta, polvorienta en sus costas, que conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y, desde ahí, con el océano abierto. Por allí circula buena parte de la "sangre energética" del mundo.

Se estima que, aproximadamente, el 20% del petróleo mundial circula diariamente por esa vía marítima.

Dónde queda el estrecho de Ormuz:

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De allí la preocupación por el anuncio reciente del régimen de Irán. “Ni una sola gota de petróleo saldrá", amenazó un general de la Guardia Revolucionaria, en medio de la escalada bélica en Medio Oriente.

Su equivalente estadounidense, el barril de West Texas Intermediate para entrega en abril, avanzaba un 7,36% hasta los 76,47 dólares.

Estados Unidos respondió con fuerza a los intentos iraníes de estrangular Ormuz. El Comando Central anunció el hundimiento de nueve buques de guerra iraníes y la destrucción de la sede naval de Irán en Chabahar, mientras el presidente Donald Trump aseguró que las operaciones continuarán hasta cumplir todos los objetivos militares.

Estrecho de Ormuz, clave para la economía mundial
Estrecho de Ormuz, clave para la economía mundial

Estrecho de Ormuz, clave para la economía mundial

La importancia del Estrecho de Ormuz, clave para el petróleo

Cada día, millones de barriles de petróleo y una proporción significativa del gas natural licuado que se comercia a nivel global cruzan ese embudo marítimo. Los principales productores del Golfo (Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Irak, Qatar) dependen de ese paso para colocar su energía en Asia, Europa y más allá.

Si el mundo funciona a combustible, Ormuz es la válvula.

Cuando el tránsito es normal, el sistema fluye. Los superpetroleros avanzan en fila, escoltados por tensiones diplomáticas latentes pero contenidas. Los precios del crudo suben y bajan según oferta y demanda, decisiones de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) o expectativas financieras. Pero cuando la palabra “cierre” aparece en los titulares, el mercado no espera a que caiga el primer ancla: reacciona en segundos.

Un bloqueo, aunque sea parcial o transitorio, altera la ecuación global. Menos barriles disponibles implican expectativa de escasez. Y la expectativa, en el mercado energético, ya es precio.

El portaaviones USS Dwight D. Eisenhower y otros buques de guerra cruzan el Estrecho de Ormuz hacia el Golfo Pérsico
 El portaaviones USS Dwight D. Eisenhower y otros buques de guerra cruzan el Estrecho de Ormuz hacia el Golfo Pérsico

El portaaviones USS Dwight D. Eisenhower y otros buques de guerra cruzan el Estrecho de Ormuz hacia el Golfo Pérsico

El barril sube, los contratos futuros se recalculan, las aseguradoras encarecen las pólizas de transporte y los costos se trasladan en cadena. El impacto no se queda en las refinerías: llega a los surtidores, a las tarifas eléctricas, al transporte de alimentos y a la logística industrial.

Pero el Estrecho de Ormuz no mueve solo petróleo. También es clave para el gas natural licuado, especialmente el que exporta Qatar. Un cierre complica contratos energéticos de largo plazo, altera rutas marítimas y obliga a buscar alternativas más largas y costosas.

En su punto más angosto, el estrecho tiene apenas unos kilómetros de ancho navegable en cada sentido. No hay demasiadas rutas alternativas viables para reemplazar ese volumen. Existen oleoductos que derivan parte de la producción saudita o emiratí hacia otros puertos, pero no alcanzan para compensar un cierre total. El mundo energético moderno está diseñado asumiendo que Ormuz permanece abierto.

Cada escalada militar o amenaza en la zona dispara un reflejo global. No hace falta que el tránsito se interrumpa de hecho: alcanza con que el riesgo aumente. El petróleo cotiza también incertidumbre. Y en un mundo todavía dependiente de los combustibles fósiles, la incertidumbre en Ormuz se traduce en inflación potencial en cualquier supermercado del planeta.

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