17 de mayo de 2026 - 09:47

El proyecto europeo del siglo: hunden el primer bloque del túnel submarino más largo del mundo

Con 18 kilómetros de longitud y una inversión de 7.500 millones de euros, este proyecto reducirá el viaje entre Hamburgo y Copenhague a solo dos horas y media.

Dinamarca comenzó la fase crítica del túnel de Fehmarnbelt, el corredor submarino más largo del mundo. Tras sumergir el primer bloque de hormigón de 73.500 toneladas en el Mar Báltico, el proyecto busca conectar el país con Alemania en solo diez minutos de coche, transformando radicalmente el transporte europeo.

El primer elemento de este túnel sumergido ya descansa sobre el lecho marino frente a la costa de la isla de Lolland. No es una pieza cualquiera: mide 217 metros de largo, lo mismo que dos campos de fútbol, y su colocación requirió una precisión milimétrica. Cinco remolcadores y pontones especiales trabajaron para situar esta mole en un foso preparado previamente.

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El contraste burocrático entre Dinamarca y Alemania

La magnitud del esfuerzo técnico es abrumadora. Se planea la instalación de un total de 89 bloques de hormigón similares para completar los 18 kilómetros que separan ambas naciones. Cada pieza incluye conductos para una autopista, vías ferroviarias y un túnel de servicio independiente. Los ingenieros utilizan balasto para controlar el descenso y luego estabilizan cada bloque con grava y rocas.

Aunque la ingeniería avanza, el proyecto sacó a la luz las diferencias en la gestión pública, ya que que en Dinamarca solo se registraron 43 objeciones al plan, pero en el lado alemán se presentaron 12.600 quejas. Esta resistencia civil y legal provocó que la obra arrastre dos años de retraso respecto al cronograma inicial.

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El presupuesto ya ronda los 7.500 millones de euros, con un respaldo de la Unión Europea de 1.300 millones. Para el gobierno alemán, este túnel no es solo un puente submarino, sino una prueba de fuego para demostrar si el país puede acelerar sus procesos de construcción y planificación en el futuro.

El impacto final en el ciudadano será enorme, debido a que la conexión ferroviaria entre Hamburgo y Copenhague pasará de las cinco horas actuales a apenas dos horas y media. Al final, lo que hoy vemos como bloques de hormigón hundiéndose en el frío Báltico se convertirá en la columna vertebral que unirá más estrechamente al norte de Europa.

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