El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sorprendió este viernes al declarar que su administración mantiene conversaciones con las autoridades de Cuba, sugiriendo que estos contactos podrían derivar en una “toma de control amistosa” de la isla.
Según el mandatario, el gobierno de Miguel Díaz-Canel se encuentra en una situación crítica, señalando que "están en grandes problemas, no tienen dinero, no tienen nada".
Trump realizó estas afirmaciones ante la prensa antes de abandonar la Casa Blanca, subrayando que Cuba ha sido un tema persistente en la política estadounidense durante décadas.
En paralelo a estas declaraciones, se conoció que el equipo del secretario de Estado, Marco Rubio, mantuvo reuniones con el nieto del exdictador Raúl Castro en el marco de la cumbre de la Comunidad del Caribe (Caricom).
El objetivo de estos encuentros sería discutir un alivio gradual de las sanciones de Washington a cambio de que los líderes cubanos implementen cambios políticos y sociales en un esquema de revisión "mes a mes".
Aunque no se ha confirmado la participación directa de Rubio en las charlas, la estrategia marca un posible giro en la relación bilateral.
Estrategia energética y debilitamiento del régimen Como parte de esta nueva fase, la administración Trump anunció planes para autorizar el envío de combustible por parte de compañías estadounidenses, pero con destino exclusivo a empresas privadas cubanas.
Esta medida busca doble objetivo: por un lado, potenciar al sector privado de la isla frente al control estatal y, por otro, generar una mayor dependencia de Cuba hacia los suministros de Estados Unidos, erosionando así la estructura de poder del régimen comunista.
Tensión por incidente marítimo Este acercamiento diplomático ocurre en un momento de alta tensión tras un incidente mortal ocurrido esta semana, en el que guardacostas cubanos abatieron a cuatro ciudadanos estadounidenses.
Según las autoridades de La Habana, los hombres eran "terroristas" que habrían entrenado en EE.UU. para atacar la isla, mientras que la administración estadounidense ha mostrado disposición para investigar los hechos.
A pesar de la retórica confrontativa tradicional de Cuba y el refuerzo previo del bloqueo económico por parte de Trump, ambas naciones parecen estar abordando este episodio con relativa calma en los canales diplomáticos.