Descubrimiento en Italia tiene más de 80 millones de años y cambia todo lo que sabemos del Cretácico
Un grupo de escaladores descubrió en las paredes del Monte Cònero huellas de una estampida submarina provocada por un sismo devastador hace 79 millones de años.
Descubrimiento: Las marcas que podrían ser evidencia de una estampida de tortugas marinas del Cretácico.
Lo que comenzó como una jornada de deporte en el Monte Cònero terminó en un descubrimiento científico asombroso. Unas extrañas marcas en la piedra revelaron una escena de pánico prehistórica: una posible estampida de reptiles marinos huyendo de un terremoto. Este hallazgo permite reconstruir, con un detalle inédito, un desastre natural ocurrido en el período Cretácico.
La pared de roca que hoy desafían los escaladores frente al mar Adriático fue, en un pasado remoto, un lecho marino profundo. Debido a fuerzas tectónicas que actuaron durante millones de años, ese antiguo fondo oceánico se plegó y fue empujado hacia arriba hasta formar la montaña que vemos hoy.
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En este escenario, investigadores del Observatorio Geológico Coldigioco (OGC) identificaron cientos de rastros en una capa de piedra caliza conocida como Scaglia Rossa. Estas marcas no son aleatorias; cuentan la historia de un momento de crisis extrema para la fauna marina de la época.
El hallazgo fortuito que despertó a la ciencia
El descubrimiento fue accidental. Un grupo de escaladores notó que las ranuras en la cara de la roca les recordaban a otras marcas que habían sido noticia recientemente por pertenecer a reptiles marinos. Tras consultar con el geólogo Paolo Sandroni, se inició una investigación formal que incluyó el uso de drones para documentar el sitio, dada su ubicación de difícil acceso.
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Los análisis de las muestras de roca recolectadas justo por encima de las huellas revelaron que los animales vivieron hace unos 79 millones de años. La ciencia sugiere que lo que los escaladores veían era el rastro de una huida masiva. Según el estudio publicado en la revista Cretaceous Research, los reptiles intentaban escapar de una avalancha submarina de lodo activada por un fuerte terremoto.
Un sismo y una trampa de barro mortal
La preservación de estas huellas es un fenómeno poco común. En condiciones normales, cualquier rastro dejado por animales en el fondo del mar desaparece rápidamente por la acción de las corrientes o por organismos como gusanos y almejas, que suelen "limpiar" el sedimento.
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Sin embargo, en este caso, el terremoto provocó un deslizamiento de tierra pocos minutos después de que se produjeran las pisadas. Esta avalancha de barro cubrió las marcas de inmediato, sellándolas y protegiéndolas del paso del tiempo y de la erosión biológica hasta que fueron expuestas millones de años después en la ladera de la montaña.
El debate sobre los protagonistas de la huida
Aunque los investigadores sugieren que las huellas pertenecen a tortugas marinas, el tema genera debate en la comunidad científica. Durante el Cretácico Superior, los únicos vertebrados lo suficientemente grandes para dejar tales rastros eran reptiles como tortugas, plesiosaurios y mosasaurios.
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Sobre estas características, hay que tener en cuenta que los mosasaurios y plesiosaurios eran animales solitarios. En ese sentido, las tortugas marinas modernas muestran comportamientos grupales, lo que podría explicar la gran cantidad de huellas juntas. Al sentir el sismo, algunos ejemplares habrían nadado hacia mar abierto, mientras que otros se desplazaron hacia el fondo marino profundo antes de ser alcanzados por el lodo.
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No obstante, expertos como Michael Benton, de la Universidad de Bristol, plantean dudas sobre si realmente fueron tortugas. Las huellas muestran un movimiento de "remada" donde las extremidades delanteras golpean el sedimento al mismo tiempo. Esto difiere del estilo de natación eficiente, similar a un vuelo submarino, que caracteriza a las tortugas. A pesar de las dudas sobre la especie exacta, la evidencia geológica de la catástrofe natural es irrefutable.