15 de julio de 2026 - 17:00

Descubrieron una cápsula del tiempo en la Antártida: tiene 6 millones de años y permanecía a 200 metros de profundidad

Descubrimiento en la Antártida. Sus burbujas conservan aire de una época en la que el planeta era mucho más cálido.

Un equipo internacional recuperó en la Antártida oriental hielo y burbujas de aire de hasta seis millones de años. Las muestras fueron extraídas mediante perforaciones de entre 100 y poco más de 200 metros en Allan Hills, una región donde el hielo antiguo permanece inusualmente cerca de la superficie.

Lo encontrado no fue un objeto enterrado, sino testigos cilíndricos de hielo que conservaron diminutas porciones de la atmósfera terrestre dentro de sus burbujas.

Cómo puede haber hielo tan antiguo a solo 200 metros

Normalmente, los científicos perforan kilómetros hacia el interior de las grandes capas de hielo para llegar a las secciones más antiguas. En Allan Hills ocurre algo diferente.

La zona forma parte de las llamadas áreas de hielo azul. Los fuertes vientos impiden que se acumule demasiada nieve nueva y erosionan la superficie, mientras el frío extremo y el lento movimiento del hielo ayudan a preservar capas antiguas cerca del exterior.

La topografía montañosa también empuja y deforma las capas, por lo que el orden no es tan sencillo como en un testigo convencional: el hielo más profundo no siempre es el más antiguo.

Esa característica permite obtener muestras millonarias con perforaciones de entre 100 y 200 metros, en lugar de atravesar más de dos kilómetros de hielo en el centro del continente.

Qué encontraron dentro de las burbujas

Cuando la nieve se acumula y se comprime, los pequeños espacios entre sus cristales terminan cerrándose. El resultado es un bloque de hielo con burbujas que conservan una muestra del aire existente en aquel momento.

Los científicos pueden analizar esos gases para reconstruir aspectos de la atmósfera antigua, como los niveles de determinados gases, la acumulación de nieve y los cambios de temperatura.

En este caso, el equipo utilizó isótopos de argón para calcular la edad del aire atrapado. La pérdida progresiva de argón-40 respecto de la atmósfera moderna permitió fechar algunas muestras en hasta seis millones de años.

Una ventana al final del Mioceno

Hace seis millones de años, la Tierra atravesaba la parte final del Mioceno, poco antes del inicio del Plioceno. El clima global era diferente y el nivel del mar había atravesado períodos más elevados que los actuales.

Los isótopos de oxígeno conservados en el hielo permitieron estimar que la región de Allan Hills experimentó un enfriamiento cercano a 12 °C entre aquellas muestras antiguas y el Pleistoceno tardío. Ese dato corresponde a la zona antártica estudiada, no a una caída equivalente de la temperatura media de todo el planeta.

La información puede ayudar a entender cómo reaccionaron la atmósfera, los océanos y la capa de hielo de la Antártida durante épocas naturalmente más cálidas.

No es un registro continuo de seis millones de años

El descubrimiento necesita una precisión importante. Los testigos de Allan Hills no ofrecen una cronología continua año por año desde el presente hasta el Mioceno.

Las capas fueron plegadas, mezcladas y desplazadas por la dinámica del hielo. Por eso, funcionan como fotografías aisladas de diferentes momentos, no como una película completa de seis millones de años.

Esa discontinuidad dificulta ordenar todas las muestras, pero no reduce su valor: cada fragmento contiene aire auténtico de períodos para los que antes solo existían indicadores indirectos.

Por qué el hallazgo puede ayudar a estudiar el clima actual

Los científicos no pueden utilizar una muestra antigua para predecir directamente qué temperatura habrá en 2050. Sí pueden comparar aquellos períodos cálidos con el presente y comprobar cómo respondieron los hielos, los océanos y los gases atmosféricos.

Sarah Shackleton, una de las responsables del trabajo, explicó que los núcleos funcionan como máquinas del tiempo porque permiten observar de manera directa condiciones ambientales del pasado. El equipo espera encontrar hielo de hasta diez millones de años en futuras campañas.

El proyecto COLDEX también estudia nuevos sitios como Elephant Moraine, donde el lecho rocoso se encontraría a unos 200 metros. Allí podrían conservarse muestras todavía más antiguas.

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