Hace unos 14.400 años, cinco personas se internaron descalzas en la cueva de Bàsura, en el noroeste de Italia. El grupo estaba integrado por dos adultos, un adolescente y dos niños, y habría avanzado acompañado por un cánido probablemente doméstico.
Las huellas conservadas en una cueva italiana permitieron reconstruir una expedición de cinco personas y un cánido.
Hace unos 14.400 años, cinco personas se internaron descalzas en la cueva de Bàsura, en el noroeste de Italia. El grupo estaba integrado por dos adultos, un adolescente y dos niños, y habría avanzado acompañado por un cánido probablemente doméstico.
No descendieron 800 metros de manera vertical. Los investigadores estiman que avanzaron alrededor de 400 metros desde la entrada hasta la Sala de los Misterios y luego regresaron, por lo que el recorrido completo se acercó a los 800 metros.
Durante décadas se creyó que habían utilizado antorchas gruesas. Sin embargo, un estudio publicado en 2026 determinó que la fuente de iluminación habría sido mucho más sencilla: pequeñas ramitas de pino, de menos de dos o tres centímetros de diámetro.
La cueva de Bàsura se encuentra cerca de Toirano, en la región italiana de Liguria. Sus cámaras interiores permanecieron bloqueadas hasta 1950, cuando una abertura permitió acceder a sectores que conservaban huellas humanas, rastros de osos cavernarios, impresiones de dedos y manchas de carbón.
Los estudios identificaron unas 180 huellas y marcas humanas, distribuidas sobre pisos de arcilla y paredes. La superposición de los rastros permitió concluir que las cinco personas ingresaron durante una misma expedición.
El grupo incluía a dos niños, uno de ellos de aproximadamente tres años. En algunos sectores, la altura y la irregularidad de los pasajes los obligaron a caminar agachados o desplazarse sobre las manos y las rodillas.
Las marcas resultan especialmente valiosas porque no muestran solamente quiénes estuvieron allí. También permiten reconstruir cómo se movían, quién iba adelante y cómo enfrentaron un ambiente oscuro y peligroso.
El nuevo trabajo analizó restos vegetales, polen, manchas en las paredes y 56 fragmentos carbonizados recuperados en la Sala de los Misterios.
Más de la mitad correspondía a pinos del grupo de Pinus sylvestris o especies cercanas. La mayoría provenía de ramas jóvenes y delgadas, no de grandes troncos preparados como antorchas.
La vegetación del exterior estaba formada por pinares abiertos y estepas propias de un ambiente frío y seco. Los exploradores, por lo tanto, podían recoger el combustible en las inmediaciones antes de entrar.
Para comprobar la hipótesis, los científicos realizaron pruebas en otra cueva con condiciones similares. Eligieron un sitio distinto para evitar contaminar el yacimiento arqueológico.
Las pruebas mostraron que dos ramas encendidas al mismo tiempo podían proporcionar luz suficiente para que cinco personas avanzaran en fila. Después de adaptar la vista a la oscuridad, los participantes lograban distinguir el camino hasta unos diez metros por delante.
Las llamas pequeñas generaban poco humo y un resplandor menos intenso que una antorcha grande. Esa menor luminosidad evitaba el encandilamiento y permitía ver mejor las irregularidades cercanas.
El grupo experimental avanzó manteniendo contacto físico: cada integrante colocaba una mano sobre el hombro de quien iba adelante. Es una posible explicación para el movimiento coordinado que reflejan las huellas originales.
Durante las pruebas, cada ramita perdió aproximadamente cuatro centímetros por minuto mientras permanecía encendida.
Con esos datos, el equipo calculó que la expedición prehistórica habría necesitado unas 20 ramas de alrededor de 30 centímetros para llegar hasta la sala interior y regresar. El trayecto completo pudo durar cerca de dos horas.
Las ramas no se encendían todas juntas. Se utilizaban por turnos, manteniendo una o dos llamas activas y reemplazándolas a medida que se consumían.
El carbón desprendido durante los experimentos dejó marcas muy parecidas a las conservadas en Bàsura, lo que reforzó la interpretación propuesta por los investigadores.