Desde el 1 de enero de 1993, el Código de Circulación de Italia no expresa que esté prohibido conducir con ojotas, tacones o pies descalzos. Esta normativa eliminó la restricción específica de calzado cerrado para trasladar la responsabilidad total al conductor, quien debe garantizar el control absoluto del vehículo en cualquier circunstancia.
La creencia de que las sandalias están prohibidas al volante persiste como un mito desde hace tres décadas. El Decreto Legislativo del 30 de abril de 1992 derogó las normas que limitaban el tipo de calzado permitido. Sin embargo, esta libertad técnica no exime de consecuencias legales si la elección de la vestimenta compromete la seguridad vial.
El control del vehículo y la responsabilidad del conductor
Los artículos 141 y 169 del reglamento actual establecen que el conductor debe conservar en todo momento la capacidad de realizar las maniobras necesarias, especialmente el frenado oportuno. Si una chancleta demasiado ancha o un tacón se engancha en los pedales, las autoridades pueden aplicar sanciones basadas en la falta de libertad de movimiento. Las multas por infringir estas disposiciones oscilan entre los 42 y los 344 euros.
El riesgo más significativo no reside en la sanción administrativa, sino en la respuesta de las compañías de seguros tras un siniestro. Si el informe policial indica que el uso de calzado inapropiado, como pantuflas o sandalias abiertas, contribuyó al accidente, la aseguradora tiene la facultad de reconocer un reembolso reducido. El conductor podría verse obligado a cubrir de su propio bolsillo indemnizaciones que alcanzan decenas de miles de euros.
Qué dice la normativa sobre el calzado adecuado para conducir
La normativa apela a la autodisciplina del automovilista para elegir accesorios que permitan una acción eficaz de los pies sobre los pedales. Un calzado que se incrusta o una suela que resbala se consideran factores de imprudencia o falta de atención adecuada según los criterios de la ACI. Por esta razón, las recomendaciones de seguridad sugieren mantener un par de zapatos cerrados en el habitáculo para los trayectos de regreso de playas o piscinas.
La ley italiana desplazó el foco del objeto al resultado del manejo. El vacío normativo sobre tipos específicos de calzado obliga hoy a una evaluación discrecional por parte de los agentes de tránsito en el lugar de un incidente. La vigencia de esta norma cumple 33 años en un contexto donde el control del medio sigue siendo la prioridad absoluta del Código.