Inglaterra es una de las ocho selecciones con derecho a lucir una estrella sobre su escudo por su triunfo en 1966. Sin embargo, el equipo decidió durante años ocultar esa insignia bordándola con el mismo color de la indumentaria. En el Mundial 2026, la tradición de camuflar su gloria persiste.
Este rito de llevar las estrellas fue iniciado por Brasil en 2003 y el resto de los campeones se sumó gradualmente. Inglaterra incorporó su estrella ese mismo año, pero el orgullo duró poco. Tras añadir el distintivo, la selección acumuló eliminaciones tempranas en 2004 y 2006, y falló en clasificar a la Eurocopa de 2008. Esta racha negativa impulsó la creencia en una maldición vinculada al ornamento.
En 2009, la Federación Inglesa (FA) optó por mimetizar la estrella con el fondo de la camiseta. Aunque la explicación oficial alude a decisiones de diseño, en los hechos la insignia quedó camuflada a los ojos de los espectadores. Esta práctica se mantuvo en los torneos posteriores de Sudáfrica, Brasil, Rusia y Qatar, sin que la ocultación trajera de vuelta el éxito deportivo.
La maldición de la insignia y la controversia del gol fantasma
El trasfondo de esta elección estética remite a la final de 1966 contra Alemania Occidental. En aquel encuentro, el árbitro Gottfried Dienst convalidó el "gol fantasma" de Geoff Hurst tras un disparo que golpeó el travesaño y picó sobre la línea. La duda sobre si la pelota ingresó completamente ha marcado la historia del único título inglés durante sesenta años.
La ciencia mantiene el debate abierto. Un estudio de la Universidad de Oxford determinó en 1995 que al balón le faltaron seis centímetros para entrar. Por el contrario, una simulación realizada por Sky Sports en 2016 sostuvo que el tanto fue legítimo. Ante esta sospecha histórica, se especula que camuflar la estrella sirve para reducir la presión sobre las nuevas generaciones de jugadores.
En el Mundial 2026, la estrella vuelve a presentarse en un formato casi imperceptible sobre el uniforme y busca renovar la imagen del equipo y centrar el interés en el rendimiento actual bajo el mando de Thomas Tuchel. El equipo llega a la semifinal contra Argentina cargando con el enigma de una gloria que prefiere no exhibir.