Durante años, Buto, también llamado Tell el-Fara’in, fue leído como un sitio arqueológico complejo, con niveles superpuestos que van desde épocas predinásticas de Egipto hasta la era islámica temprana. Ese apilamiento histórico complicaba ver qué había más abajo. Por eso, el nuevo estudio apostó por otra lógica.
Primero mirar desde arriba con imágenes SAR de Sentinel-1, después bajar al subsuelo con tomografía de resistividad eléctrica, y recién entonces excavar donde las anomalías parecían más prometedoras.
Lo que detectó el radar antes de que aparecieran los muros
Esa segunda etapa mostró una estructura enterrada con una señal muy definida, ubicada entre 3 y 6 metros de profundidad, sobre una base artificial de arena. Los autores la atribuyen al período saíta, es decir, la Dinastía 26, fechada entre los siglos VII y VI a. C..
Con un radar satelital, científicos descubrieron un templo de 2.600 años enterrado bajo una antigua ciudad de Egipto (1)
Mapa de localización del asentamiento arqueológico de Buto
Ahí aparece uno de los datos más fuertes del paper: la anomalía principal fue interpretada como una construcción de adobe de aproximadamente 25 por 20 metros, posiblemente asociada a una función religiosa o administrativa.
Además, surgió otra señal lineal que podría corresponder a un muro de cerramiento de unos 12 metros de ancho. No fue una intuición aislada: los modelos 3D, los sondeos y la excavación acotada empezaron a empujar todos en la misma dirección.
La excavación confirmó que abajo había algo importante
Cuando los arqueólogos abrieron un sector de 10 por 10 metros, dividido en cuatro cuadros, aparecieron varios muros de adobe a distintas profundidades.
El estudio describe paredes de entre 55 y 125 centímetros de ancho, alineadas con la anomalía rectangular vista antes en las imágenes geofísicas. También se registraron escombros de piedra caliza, rellenos compactos de arcilla y distintos objetos asociados al uso del edificio.
Ese punto cambia la lectura del hallazgo. Ya no se trata solo de una mancha prometedora vista con instrumentos, sino de restos materiales que respaldan una interpretación arqueológica concreta.
Con un radar satelital, científicos descubrieron un templo de 2.600 años enterrado bajo una antigua ciudad de Egipto (3)
Imagen topográfica de Tell Buto con los tres montículos principales: Kom A, Kom B y Kom C
El equipo encontró amuletos, un altar u ofrendatorio pequeño, materiales rituales y objetos vinculados con divinidades egipcias como Isis, Horus, Taweret, Wadjet, Bes y Anubis. También aparecieron un escarabajo con el nombre de Tutmosis III y una placa de fayenza con relieves de Hathor.
Por qué hablan de un templo, pero todavía con cautela
El trabajo no presenta la identificación como una certeza cerrada desde la primera línea. De hecho, en distintas partes del artículo los autores usan fórmulas prudentes: hablan de una estructura que podría haber funcionado como templo pequeño o secundario, como complejo religioso, residencia sacerdotal o incluso estructura con posible función funeraria.
Esa cautela importa, porque muestra que el hallazgo es fuerte, pero que la discusión sobre su función exacta sigue abierta.
Con un radar satelital, científicos descubrieron un templo de 2.600 años enterrado bajo una antigua ciudad de Egipto (2)
Geometría del sitio y disposición del estudio de tomografía de resistividad eléctrica (TRE).
Aun así, el propio cierre del estudio va un paso más allá: sostiene que, además del templo ya conocido en Buto, otro templo podría seguir enterrado bajo una gruesa capa de arcilla. Es decir, el radar no solo ayudó a encontrar una gran estructura de época saíta, sino que también dejó planteada la posibilidad de que haya más arquitectura religiosa oculta en el sitio.
Lo más interesante no es solo el descubrimiento, sino cómo lo encontraron
Buto ya era un lugar clave de la historia egipcia, pero este trabajo muestra otra cosa: que en sitios donde excavar a ciegas es lento, caro y arriesgado, la combinación entre satélites, geofísica y excavación dirigida puede cambiar por completo el punto de partida.
En este caso, esa estrategia permitió detectar restos profundos escondidos bajo fases posteriores de ocupación y reconstruir mejor la secuencia histórica del asentamiento.
La conclusión más potente del paper no es solo que bajo una antigua ciudad egipcia apareció una gran construcción de hace unos 2.600 años.
También es que, en un sitio tan estratificado y difícil como Buto, todavía puede haber sectores enteros esperando bajo tierra sin que nadie los vea a simple vista. Y ahora, al menos, ya saben un poco mejor dónde seguir mirando.