Uno de los proyectos de ingeniería más extremos del siglo XX imaginó algo que hoy suena casi imposible: usar 213 explosivos nucleares en el Sahara para abrir un canal y crear un enorme mar artificial dentro de Egipto. La idea formaba parte del llamado Proyecto Qattara, una propuesta para aprovechar una gran depresión natural ubicada en el noroeste egipcio.
El objetivo no era militar, sino energético: convertir el desierto en una gigantesca central hidroeléctrica.
La depresión que parecía hecha para un experimento gigante
La Depresión de Qattara está por debajo del nivel del mar y relativamente cerca del Mediterráneo. Esa combinación despertó durante décadas el interés de geógrafos, ingenieros y gobiernos.
La lógica era simple: si se abría un canal o túnel desde el mar, el agua entraría por gravedad hacia la zona baja del desierto.
Como el clima es extremadamente seco y caluroso, una parte importante de esa agua se evaporaría. Ese proceso permitiría mantener un flujo constante de agua nueva hacia la depresión.
Por qué pensaban usar bombas nucleares
El gran problema era construir el canal. Excavar decenas de kilómetros en una zona compleja, con arena, rocas y restos explosivos de la Segunda Guerra Mundial, implicaba costos enormes.
Por eso, el ingeniero alemán Friedrich Bassler propuso una salida extrema: usar explosiones nucleares “pacíficas” para abrir el paso hacia el Mediterráneo.
El plan mencionaba 213 dispositivos nucleares, cada uno de aproximadamente 1,5 megatones. Algunas estimaciones los comparaban con una potencia muchas veces superior a la bomba de Hiroshima.
El mar artificial que debía producir electricidad
La idea energética era ambiciosa. El agua del Mediterráneo entraría hacia la depresión y pasaría por turbinas antes de evaporarse parcialmente.
Según las estimaciones del proyecto, la capacidad máxima podía llegar a unos 5.800 megavatios, una cifra enorme para la época.
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En teoría, el desierto se convertiría en una máquina natural: gravedad, evaporación y agua marina trabajando juntas para generar electricidad.
Por qué el proyecto nunca se hizo
El problema era el costo humano y ambiental. La radiación, las ondas sísmicas, la erosión costera, la posible salinización de acuíferos y la necesidad de evacuar poblaciones volvieron el plan demasiado riesgoso.
También existía el peligro de alterar zonas sensibles, contaminar el suelo y dejar consecuencias imprevisibles en el ecosistema.
Egipto terminó rechazando la idea nuclear. Con el tiempo, el proyecto perdió fuerza, aunque la Depresión de Qattara volvió a mencionarse en estudios modernos de energía, desalinización y aprovechamiento de recursos, ya sin bombas.