13 de abril de 2026 - 07:45

Según la psicología, las personas criadas en los 60 y 70 desarrollaron una resiliencia hoy casi desaparecida

Un análisis revela que esta resiliencia no surgió de una crianza ideal, sino de una infancia marcada por la independencia, la falta de supervisión y la necesidad de resolver problemas solos.

Las personas que crecieron durante las décadas de 1960 y 1970 desarrollaron una fortaleza mental que hoy llama la atención a la psicología. Lo más llamativo es que esta resiliencia no fue el resultado de una crianza consciente o planificada, sino de un contexto social donde la autonomía era prácticamente obligatoria.

Lejos de los modelos actuales de crianza, estos niños pasaban largas horas sin supervisión adulta, resolviendo conflictos, enfrentando problemas cotidianos y tomando decisiones por su cuenta. Lo que hoy podría interpretarse como negligencia, en aquel entonces era simplemente la norma.

Una infancia sin red que fortaleció la mente

El concepto central que explican los especialistas es claro: la falta de intervención constante obligó a desarrollar habilidades clave como la resolución de problemas, la tolerancia a la frustración y la autorregulación emocional.

Niños que volvían solos a casa, que lidiaban con conflictos sin adultos o que enfrentaban el aburrimiento sin pantallas, construyeron lo que hoy se conoce como “resiliencia psicológica”.

Personas criadas en los 60 y 70
Personas criadas en los 60 y 70

Personas criadas en los 60 y 70

Este proceso encaja con lo que la psicología denomina “inoculación al estrés”: la exposición a dificultades moderadas fortalece la capacidad de adaptación a largo plazo.

El contraste con la crianza actual

El análisis también plantea una comparación directa con las generaciones actuales. Hoy, los niños crecen en entornos mucho más supervisados, estructurados y protegidos, donde el malestar suele ser evitado o resuelto rápidamente por los adultos.

Este cambio, aunque bien intencionado, podría tener un efecto no deseado: limitar el desarrollo de habilidades emocionales fundamentales. La ausencia de desafíos reales reduce las oportunidades de aprendizaje autónomo y adaptación.

Fortaleza con costos emocionales

Sin embargo, los expertos advierten que esta “dureza mental” no es completamente positiva. Muchas personas de esta generación también presentan dificultades para expresar emociones, pedir ayuda o reconocer su propio malestar.

Personas criadas en los 60 y 70
Personas criadas en los 60 y 70

Personas criadas en los 60 y 70

La misma lógica que los llevó a “resolver todo solos” también generó una tendencia a reprimir sentimientos o minimizar problemas personales, lo que puede impactar en su bienestar a largo plazo.

Una lección incómoda para el presente

El debate que abre este fenómeno es profundo: ¿es posible criar niños emocionalmente fuertes sin exponerlos al malestar?Los especialistas coinciden en que el equilibrio es clave. Ni la dureza extrema del pasado ni la sobreprotección actual parecen ser la respuesta definitiva.

Lo que sí queda claro es que la resiliencia no se enseña solo con palabras, sino con experiencias. Y en ese sentido, la infancia de los años 60 y 70, con todas sus imperfecciones, dejó una huella psicológica que aún hoy resulta difícil de igualar.

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