En el norte de Pará, un ejemplar de Angelim-vermelho se eleva 88,5 metros sobre el suelo, una altura equivalente a un edificio de 30 pisos. El árbol, perteneciente a la especie Dinizia excelsa, permaneció oculto entre millones de ejemplares hasta que fue detectado mediante cartografía aérea en 2019 y alcanzado finalmente en 2022.
Incluso con su escala monumental, el árbol era invisible desde el suelo debido a la densidad del bosque circundante. Posee una circunferencia de 9,9 metros, lo que requeriría a varias personas tomadas de la mano para rodear su tronco de 3,15 metros de diámetro. Su posición emergente sobre el dosel le permite recibir luz solar directa sin la barrera de las copas vecinas, recorriendo prácticamente toda la estructura vertical de la selva.
Una travesía de dos semanas por el Bosque Estatal de Paru
Alcanzar las coordenadas exactas exigió superar ríos y terrenos irregulares en una zona sin senderos definidos. Un intento anterior fracasó antes de llegar a su destino debido al cansancio, la escasez de provisiones y la enfermedad de uno de los miembros del equipo. Los investigadores, guías locales y profesionales de la región del río Jari necesitaron un viaje de dos semanas de caminata por el bosque para confirmar in situ las mediciones obtenidas por sensores aéreos.
El ejemplar de Dinizia excelsa no está solo: la zona forestal de Paru alberga un santuario de otros árboles de la misma especie que superan los 70 metros de altura. Esta concentración de gigantes motivó un cambio en el destino de este tramo de la Amazonía, que anteriormente contaba con normas de uso sostenible. Tras el descubrimiento, el área fue recategorizada para recibir una protección ambiental mucho más estricta.
Qué protección recibe el árbol más alto del Amazonas
El 28 de septiembre de 2024, el Decreto Estatal N° 4219 oficializó la creación del Parque Ambiental Estatal de los Árboles Gigantes del Amazonas. La nueva unidad de conservación abarca aproximadamente 560.000 hectáreas en el municipio de Almeirim, en el norte de Pará. Esta categoría de protección total extiende el resguardo al árbol que ostenta el récord y a todo su entorno ecológico necesario para sustentar ejemplares de tal magnitud.
Tras alcanzar y medir el tronco, los investigadores aplicaron una capa de hormigón para proteger la base del ejemplar. Este coloso de 88,5 metros funciona ahora como el centro geográfico de un área dedicada a la investigación científica, la educación ambiental y las visitas controladas de ecoturismo en el corazón de la selva.