Arabia Saudita y otros países del Golfo comenzaron a recurrir con mayor intensidad a China como intermediario frente a Irán, después de que el conflicto regional alterara las exportaciones de energía y expusiera los límites de la capacidad estadounidense para garantizar la estabilidad.
El giro no significa que Riad, Doha, Abu Dabi u otros gobiernos hayan abandonado su relación estratégica con Estados Unidos. Lo novedoso es que ya no dependen exclusivamente de Washington para hablar con Teherán y están poniendo a prueba el peso diplomático y económico de Pekín.
Reuters describió el movimiento como una prueba simultánea: permite medir cuánto puede influir China sobre Irán y cuánto poder conserva Estados Unidos en una región donde mantiene bases, acuerdos militares y alianzas construidas durante décadas.
Por qué los países del Golfo necesitan a China
El estrecho de Ormuz es una vía decisiva para el transporte mundial de petróleo y gas. Los ataques, bloqueos y amenazas sobre los barcos afectaron los envíos de los productores del Golfo y elevaron los costos de seguros y transporte.
China posee una posición particular porque mantiene importantes relaciones comerciales tanto con Irán como con Arabia Saudita y los demás productores árabes. También compra petróleo iraní y puede comunicarse con Teherán sin cargar con el mismo nivel de confrontación política que Washington.
Por ese motivo, los países árabes consideran que Pekín podría ayudar a:
- Reducir los ataques contra infraestructura energética.
- Garantizar el tránsito de barcos.
- Presionar para alcanzar una desescalada.
- Mantener abiertas las rutas por Ormuz y Bab el-Mandeb.
- Evitar que el conflicto vuelva a golpear sus economías.
China condenó públicamente los ataques indiscriminados contra civiles y objetivos no militares en los países del Golfo, aunque evitó enfrentarse directamente con Irán.
Pekín se mueve con cautela
El canciller Wang Yi y el enviado especial Zhai Jun desplegaron contactos diplomáticos, pero China intenta evitar compromisos de seguridad comparables con los asumidos por Estados Unidos.
Su estrategia se apoya principalmente en el comercio, las conversaciones reservadas y la búsqueda de acuerdos que protejan sus propios suministros. Pekín logró canales para resguardar parte de su navegación, pero no mostró hasta ahora una voluntad clara de ejercer toda su presión económica contra Irán.
Esto genera una contradicción para los gobiernos del Golfo: China puede hablar con todas las partes, pero esa misma neutralidad limita su disposición a castigar a Teherán.
Por qué el movimiento incomoda a Estados Unidos
Washington sigue siendo el principal socio militar de varios países árabes. Sin embargo, la necesidad de pedir ayuda a Pekín muestra que la presencia militar estadounidense no alcanzó por sí sola para asegurar el tránsito energético ni impedir la escalada.
Durante los primeros meses del conflicto, fuentes del Golfo ya habían advertido que sus países estaban pagando un costo elevado por una guerra que no habían solicitado.