En 1990, Ho Khanh buscaba madera en el Parque Nacional Phong Nha-K Bàng, en Vietnam, cuando una tormenta lo obligó a refugiarse bajo un acantilado. Allí descubrió una abertura de la que brotaba niebla y un rugido de agua; era la entrada a Hang Son oòng, la cueva más grande del mundo.
El pasaje principal de esta formación natural ostenta el récord Guinness por sus dimensiones: 200 metros de altura y 150 de ancho. Su escala permite que un rascacielos de 40 niveles se oculte en su interior o que un avión Boeing 747 vuele a través de sus cámaras sin tocar las paredes de roca.
El ecosistema del Jardín de Edam y las nubes subterráneas
A pesar de su magnitud, el sitio permaneció en el olvido tras su primer avistamiento. Ho Khanh perdió la ubicación exacta hasta que en 2009 lideró a un grupo de espeleólogos británicos para redescubrirla y cartografiarla formalmente. Lo que encontraron fue un sistema climático propio, donde el aire frío y húmedo que choca con el exterior genera nubes y una neblina densa que envuelve el descenso de los exploradores.
En el sector conocido como el Jardín de Edam, el colapso de una parte del techo permite que la luz solar penetre hasta el fondo. Este fenómeno dio origen a un bosque antiguo con árboles que alcanzan los 50 metros de altura, rodeados de helechos y musgos que prosperan en un entorno aislado del resto del planeta. El nombre de la cueva, Hang Son oòng, hace referencia a esta geografía: la montaña y el valle donde fluye el río Rao Thuong.
Las especies únicas que habitan el gigantesco pozo subterráneo
Este río subterráneo atraviesa el sistema y ha esculpido sus formas durante milenios. Los buzos que han intentado seguir su curso aún no encuentran el final de la corriente debido a las limitaciones en el suministro de gas para inmersiones tan profundas y prolongadas. En este aislamiento absoluto, los científicos han identificado al menos siete nuevas especies, incluyendo peces, escorpiones y ranas adaptadas a la oscuridad.
La fauna local no se limita a seres pequeños. Los investigadores han observado monos que descienden para buscar alimento, ardillas voladoras, serpientes y aves de gran tamaño, posiblemente búhos reales, que patrullan el espacio durante la noche. Durante 18 días, un equipo de filmación de la BBC acampó en estas profundidades, marcando la estancia más larga registrada por humanos en este entorno.