Según un estudio liderado por universidades de Estados Unidos y Suecia, el misterioso flujo rojo de las Cascadas de Sangre, en el Glaciar Taylor, es en realidad un reservorio de vida ancestral. Este entorno extremo funciona como un refugio donde microorganismos marinos han evolucionado de forma independiente desde que quedaron atrapados bajo la espesa capa de hielo.
El estudio, publicado en la revista Nature Geoscience, describe este lugar como un raro refugio marino en medio del desierto polar. Los científicos analizaron 167 muestras de agua, sedimentos y hielo, utilizando secuenciación de ADN para identificar miles de microorganismos activos que normalmente habitan en el océano, como diatomeas, dinoflagelados y ciliados.
¿Qué esconde el ecosistema marino bajo el glaciar?
Estos organismos son descendientes directos de antiguas comunidades que quedaron separadas del océano cuando el glaciar avanzó sobre el terreno. La evidencia genética reveló que, a pesar de la oscuridad y las temperaturas bajo cero, estos seres realizan fotosíntesis y activan sistemas de respuesta al estrés para reparar sus células dañadas en condiciones de alta salinidad.
La razón técnica detrás de este fenómeno radica en la composición del agua que emerge. Estas cascadas deben su color a una salmuera rica en hierro que se oxida instantáneamente al entrar en contacto con el oxígeno del aire. Originalmente, esta agua era parte del mar que inundó el valle durante un periodo más cálido, antes de que el nivel del océano bajara y el avance del hielo sellara el área por completo.
¿Cuál es la prueba del origen oceánico de las Cascadas de Sangre?
Hasta este hallazgo, los investigadores solo sospechaban del origen marino del agua, pero carecían de pruebas biológicas sólidas. Los datos actuales muestran que el 9,34% de los microorganismos presentes en las Cascadas de Sangre coinciden con muestras del océano cercano, una cifra significativamente mayor al 1,15% encontrado en otras zonas terrestres de los Valles Secos de la Antártida.
Este descubrimiento permite reconstruir la historia climática del continente blanco y entender cómo la vida logra adaptarse a cambios drásticos durante milenios. Además de su valor histórico, el hallazgo revela cómo estos ecosistemas ocultos preservan firmas biológicas de origen marino mucho tiempo después de su separación física del mar.