31 de julio de 2026 - 21:15

Un estudio revela que el intestino ayuda a formar recuerdos sobre la comida y podría influir de manera directa en la memoria

Un estudio descubrió que las señales del intestino viajan al cerebro a través del nervio vago y fortalecen la formación de recuerdos.

¿Por qué algunas comidas permanecen grabadas en la memoria durante años? No solo recordamos el sabor de un plato, sino también el lugar donde lo probamos, las personas con las que estábamos o incluso los detalles del ambiente. Un nuevo estudio sugiere que el intestino desempeña un papel mucho más importante de lo que se pensaba.

Un estudio dirigido por el laboratorio del neurocientífico Scott E. Kanoski, de la Universidad del Sur de California (USC Dornsife), y publicado en Nature Communications en junio de 2026, encontró que las señales generadas durante la digestión pueden reforzar la formación de recuerdos asociados a la comida.

El intestino también participa en la formación de la memoria

Los investigadores descubrieron que, cuando el intestino detecta nutrientes después de una comida, envía una señal al cerebro a través del nervio vago, una de las principales vías de comunicación entre ambos órganos.

Esa señal incrementa la actividad de la acetilcolina, un neurotransmisor fundamental para el aprendizaje y la memoria, especialmente en un circuito cerebral conocido como vía septo-hipocampal.

Como consecuencia, los animales desarrollaron recuerdos más sólidos relacionados con los alimentos que habían consumido.

Cómo funciona el circuito entre el intestino y el cerebro

El mecanismo identificado por el estudio puede resumirse en cuatro etapas:

  • El intestino detecta los nutrientes presentes en los alimentos.
  • Esa información viaja hacia el cerebro mediante el nervio vago.
  • La señal aumenta la liberación de acetilcolina en regiones vinculadas con la memoria.
  • El cerebro fortalece el recuerdo de esa experiencia alimentaria.

Este proceso ayudaría a consolidar memorias relacionadas con los lugares donde se encontró comida o con determinadas experiencias alimenticias.

Lo que comés después de aprender algo podría ser más importante de lo que creías.

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Por qué este mecanismo pudo ser clave para la evolución

Los investigadores plantean que este sistema pudo ofrecer importantes ventajas evolutivas.

Para los animales salvajes, recordar dónde encontrar alimentos seguros y nutritivos aumentaba las probabilidades de supervivencia.

Desde esta perspectiva, el nervio vago actuaría como un sistema de comunicación que informa al cerebro cuándo una experiencia alimentaria merece conservarse en la memoria.

Esta hipótesis no surge de cero. En 2018, el mismo laboratorio ya había demostrado que las señales procedentes del intestino podían influir sobre el funcionamiento del hipocampo, una de las regiones cerebrales más importantes para la formación de recuerdos.

El nuevo estudio amplía ese conocimiento al identificar el papel específico de la acetilcolina dentro de este circuito.

El hambre y la respuesta al azúcar es una forma en que el cerebro decide qué información conservar.

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La microbiota también influye en la memoria

Otro estudio publicado en 2026 aporta más evidencias sobre la importancia del eje intestino-cerebro.

Investigadores analizaron ratones envejecidos y observaron que los cambios en la microbiota intestinal asociados con la edad reducían la comunicación entre el intestino y el cerebro, provocando un peor desempeño en pruebas de memoria.

Al modificar la composición de la microbiota mediante distintas estrategias experimentales, el rendimiento cognitivo también cambiaba.

Los científicos identificaron además una bacteria, Parabacteroides goldsteinii, cuya mayor presencia se relacionó con una disminución de la actividad del hipocampo y un deterioro en la señalización del nervio vago.

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